El nihilismo woke lleva a atacar obras maestras del arte, como la Mona Lisa, por reivindicaciones climáticas
El difícil reto de definir la cultura en tiempos de nihilismo 'woke'
Un libro se propone la titánica empresa de dar una respuesta a la pregunta de qué es la cultura y explicar cómo se crea
La cultura se ha mostrado a lo largo de la historia como un poderoso instrumento que bien puede hacer progresar a la humanidad o bien puede contribuir a someterla.
Ejemplos hay muchos. De lo primero tenemos a los grandes clásicos griegos y latinos (desde Homero hasta Virgilio), los cantares de gesta medievales, el Siglo de Oro español, a los realistas rusos, a la Generación del 27… Cervantes, Shakespeare, Dostoyevski…
Eso en literatura. En música, los primeros pasos de la música moderna con la monodia religiosa de la Edad Media, la música clásica, barroca, el romanticismo… El estallido del blues, del jazz, el nacimiento del rock n’roll… Bach, Mozart, Beethoven, Wagner… Miles Davis, Charlie Parker, Frank Sinatra, Bob Dylan, Los Beatles, los Rolling Stones, Led Zeppelin…
En arte, basta con recordar a Velázquez, Tiziano, Miguel Ángel, Leonardo da Vinci, Goya, Manet, o Picasso y ya está todo dicho.
Y qué decir de la arquitectura: el Partenón, el Coliseo, las catedrales góticas, la cúpula de San Pedro, la Sagrada Familia de Barcelona, el movimiento moderno, Le Corbusier, Frank Lloyd Wright, Mies van der Rohe…
Y de lo segundo, tampoco faltan ejemplos. Aquellos que ostentan el poder político y económico han caído en demasiadas ocasiones en la tentación de emplear la cultura para controlar voluntades, dominar pueblos y someter naciones.
Los casos de los totalitarismos nazi y soviético son paradigmáticos, pero de forma más sibilina, disfrazada con bonitas maneras, buenas intenciones y formas amables, se emplea también hoy la cultura para imponer una ideología. Véase el caso de la ideología woke.
¿Pero qué es la cultura y cómo se crea? Para dar respuesta a la pregunta, la Fundación Ortega-Marañón ha publicado el libro coral ¿Cómo se crea la cultura? Sin cultura, no hay relato. Y sin relato, no hay futuro (Almuzara), coordinado por el director cultural de la Fundación Ortega-Marañón, Federico Buyolo.
Cubierta del libro '¿Cómo se crea la cultura?'
El mismo Buyolo, en un artículo firmado de forma conjunta con Inmaculada Benito a modo de epílogo, busca identificar la respuesta.
Recuerdan que «la cultura es un verbo que nos incita a tomar partido y a actuar. Hacer cultura es ser cultura. La cultura abre preguntas, ofrece un marco conceptual que permite lanzar ideas, proyectos, iniciativas para acrecentar los cambios y transformaciones sociales mediante el arte».
La cultura «construye mirando el pasado, asentada en ese acervo que a lo largo de la historia hemos ido atesorando como sociedad». «La cultura está viva, es pasado, es presente y sobre todo es futuro».
Por ello, «para crear cultura es necesario imaginarla, tener visión, mirar más allá de lo real», aclaran los autores.
En ese sentido, la cultura «tiene la capacidad de generar todas las preguntas necesarias que nos ayuden a emprender el camino del futuro sin perder los valores que hemos atesorado a lo largo de la historia y, de esta manera, hacernos cargo de la realidad en la que vivimos. La cultura es el principio, el instrumento y el fin».
No obstante, «para que se pueda crear cultura es imprescindible contar con infraestructuras culturales de creación y exhibición». Son necesarias «industrias culturales fuertes capaces de emprender proyectos ambiciosos».
Y subrayan que «la creación cultural no se genera por ciencia infusa, es el resultado de horas y horas de trabajo y dedicación».
Por el contrario, «correr permanentemente sin disponer de tiempo para la reflexión llevará al sector cultural a quedarse en la superficie, a no profundizar en aquello que debemos afrontar frente a lo que verdaderamente necesitamos emprender».
Llaman también la atención sobre el papel de las nuevas tecnologías, de la inteligencia artificial, en el sector cultural, y es que, al revés de lo que denuncian las visiones más catastrofistas, «la irrupción de las tecnologías generativas abre tanto nuevas oportunidades para el sector cultural y creativo como incrementa los retos de la precarización de los creadores».
«Tenemos que ser capaces de aprovechar las potencialidades de la tecnología para acrecentar el valor de la cultura como imaginario colectivo», hacen hincapié.
Por último, destacan la capacidad de la cultura de generar consensos y apaciguar conflictos, pues «la cultura sobrepasa al propio mundo cultural y genera alianzas improbables entre diferentes actores sociales y económicos».
«La cultura es diplomacia», aseguran, «es un poder blando de conflicto y solución, un lugar donde el arte se convierte en lenguaje de concordia entre diferentes sectores de la sociedad». «La cultura es la diplomacia de la sociedad para la convivencia».
«Crear cultura no es solo producir contenidos de entretenimiento, es generar condiciones de posibilidad para la imaginación, el pensamiento, los valores y las ideas de una sociedad que ha de fundamentar su desarrollo en la cultura como principio y fin esencial». «Crear cultura es lo más inteligente que podemos hacer como sociedad», concluyen.