Portada del disco 'Grace', de Jeff Buckley
Jeff Buckley, la tragedia del músico que conmovió al mundo con tan solo un disco
El joven artista falleció con tan solo 30 años por un accidente en un río. Su carrera, sin embargo, es legendaria
Era 1994 y Jeff Buckley acababa de publicar su primer disco, Grace. La combinación de rock alternativo, melódico y suave, que proponía el joven músico convenció a todos y culminó con una de las mejores versiones del Hallelujah de Leonard Cohen de las que ha disfrutado el mundo.
El álbum, integrado por canciones como Grace, Last goodbye o Eternal life, era un canto a la eterna melancolía, un lamento profundo y precioso con el que Buckley se hizo un nombre reputado en la escena alternativa del rock. El artista derrochó talento en las diez canciones de Grace. No era una promesa, era un juramento cumplido.
Pero el lamento musical de Buckley se hizo real. La tragedia tomó el mando. El artista estaba en la cima de su éxito precoz cuando, con tan solo 30 años, murió al ahogarse en el río Wolf, en Estados Unidos, mientras nadaba.
El Wolf arrebató al mundo el enorme talento de Buckley, su voz con la capacidad de envolver y mecer el alma de quienes lo oían, su guitarra melancólica que, irónicamente, consolaba. Y con ello, le quitó, nos quitó, el futuro a una estrella en ciernes que brilló pronto y mucho.
La leyenda de 'Grace' y el 'Hallelujah' de Jeff Buckley
Pocos artistas, en la historia de la música, han dejado una huella tan indeleble en tan poco tiempo como Jeff Buckley. Grace, su primer y único álbum, fue el estallido de una promesa que se cumplió, un trabajo que, con los años, se ha convertido en disco de culto gracias a canciones como las ya mencionadas.
Pero por encima de todas destaca la versión que el músico regaló al mundo de uno de los grandes himnos de todos los tiempos. Buckley versionó el Hallelujah de Leonard Cohen, con tan solo una guitarra eléctrica y su voz etérea, onírica y potente al mismo tiempo.
Se trata de una de las mejores versiones que se han hecho de alguna canción, en general. El artista se alejó de la simple reinterpretación del tema de Cohen, en el que destacaba su voz abismal, para convertirlo en una plegaria íntima y desgarradora que acaricia y arropa con la voz y la guitarra.
Buckley nos hablaba desde lo más hondo de su alma para conectar con lo más profundo de la nuestra. Nos hizo, gracias a esta versión, más y mejores humanos.
La canción empieza con un suspiro del propio Buckley, que parecía prepararse para lo que estaba a punto de hacer. Como si cogiera aire para decidirse a cantar y a tocar su guitarra. Pero lo hizo, afortunadamente.
Un arpegio hermoso de la eléctrica del artista nos envuelve antes de dar paso a la voz y al poema de Leonard Cohen. La melodía de la guitarra sigue acompañando a los versos recitados por la voz trovadoresca y desagarrada de Buckley hasta que el tema culmina con un lamento prolongado del cantante que declama la última palabra: «Hallelujah».
Más allá de su voz y su técnica, lo que hace inolvidable e irremplazable a este músico es su honestidad: su arte no es pose ni cálculo, sino búsqueda. Y, sobre todo, encuentro con lo trascendente. Y valiente, pues se permitió ser vulnerable en la era de la rabia nihilista del grunge.
Aunque su carrera quedó truncada por la tragedia, la memoria y el mensaje de Buckley permanecen, indelebles, en las almas de sus fans. El artista enseñó que el rock es también el hogar de lo más bello que pueda imaginarse.