Ruinas del anfiteatro de Pompeya, donde Pink Floyd dio un concierto en 1971
Cuando Pink Floyd dio un concierto sin público en las ruinas de Pompeya
Fue un concierto sin aplausos, en silencio, en el anfiteatro de la ciudad del Vesubio, resultado de un experimento que pasó a la historia del rock
Hay momentos en la historia de la música que son un desafío a la lógica de los espectáculos, pero que, al mismo tiempo, se instalan de forma permanente en el imaginario colectivo. Uno de ellos fue un acto poético compuesto por las ruinas más famosas del mundo y uno de los grupos de rock más importantes de la historia.
Pink Floyd tocó, en 1971, en el anfiteatro de Pompeya. Pero actuó para nadie, para los fantasmas del mundo, pues a todo el mundo le habría gustado estar allí. Fue un concierto sin público entre las ruinas de una civilización. Esas piedras nos permitieron conocernos mejor a nosotros mismos, igual que la música de la banda inglesa.
Pero nadie pudo ser testigo, en directo, de la colisión de los últimos vestigios de una civilización con la psicodelia más actual de un grupo que construyó su propio imperio sobre los cimientos de su talento. Pero, afortunadamente, se grabó un documental que se estrenó en cines.
Pink Floyd no buscó aplausos, no podía haber ovaciones aquel día de comienzos de los 70, sino trascender, pasar a la historia sobre la historia de una ciudad que sucumbió al poder de la naturaleza.
La explosión del Vesubio sepultó Pompeya en ceniza, pero la eclosión de un grupo que, antes del concierto, comenzaba a tocar el cielo nos regaló una buena forma de hacer de este mundo un lugar mejor: la música inmortal de Pink Floyd.
Música sobre ruinas y cenizas
Al director británico Adrian Maben se le ocurrió una idea mientras visitaba las ruinas de Pompeya. En el anfiteatro se imaginó a Pink Floyd tocando para nadie, para las piedras testigo de miles de años de historia. El cineasta le propuso a la banda la idea, que aceptó. Y el resto es historia: Live in Pompeii.
El grupo llegó a un anfiteatro que había vivido momentos de esplendor, pero que, tras la catástrofe, llevaba en silencio casi 2.000 años. Así que Pink Floyd desembarcó con su ejército técnico dispuesto a batirse no contra la historia, sino a favor de ella, para ofrecerle algo que ni el tiempo mismo conseguiría olvidar.
La banda descartó el calor del público para centrarse en el huracán del peso de los siglos. Una banda eterna tocó sobre las ruinas de una civilización. No hay mejor símbolo de la trascendencia que tuvo el grupo, y el rock en general. Sobre la fragilidad del ser humano ante el poder natural nos queda el arte.
Aunque Pink Floyd ya tenía una carrera amplia a sus espaldas, tras el concierto en Pompeya el grupo publicó sus tres álbumes más legendarios: The dark side of the Moon, Wish you were here y The wall. Todo en la misma década.
Pero más allá del éxito comercial, la imagen potente, arrolladora, de una banda sobre el escenario del anfiteatro tocando para los fantasmas, afortunados ahora, de una ciudad en ruinas no puede ser más evocadora.
En la actualidad, el documental Live at Pompeii es uno de los documentos audiovisuales más originales y trascendentes de la historia del rock. Pink Floyd, en plenitud, tocando Echoes en Pompeya va más allá de su valor musical y entra en el terreno del mito.
En un lugar en el que toda una civilización colapsó, dejó de existir por la erupción del Vesubio, 2.000 años después, hubo música. Volvió la esperanza. Por mucho que tarde, siempre acaba volviendo el tiempo de resurgir.