Fundado en 1910
Orquesta de París y Esa Pekka Salonen

Orquesta de París y Esa-Pekka SalonenBerio / Salonen / Sibelius

Esa-Pekka Salonen, la probada experiencia se impone a la prestigiosa bisoñez, en París

El director finlandés, de 67 años, protagoniza un doble regreso: se convertirá en el nuevo titular de la Orquesta de París a la vez que será «director creativo» de la Filarmónica de Los Ángeles

La Filarmónica de Los Ángeles y la Orquesta de París parecen no temerle al edadismo. En especial el conjunto galo, que no va a renovar su vínculo con el nuevo «prodigio» de la dirección orquestal, su actual titular musical hasta 2027, el joven Klaus Mäkëla.

En cambio, los franceses acaban de fichar a un «viejo» (para estos tiempos en los que añadir décadas resulta casi un oprobio, también en el mundo laboral) de 67 años, nada menos (tendrá casi setenta cuando finalmente se haga cargo del conjunto), aunque su aspecto eternamente «cool», a lo Brad Pitt, como un Dorian Gray de la batuta, quizá es lo que haya salvado a Esa-Pekka Salonen (Helsinki, 1958) de una prematura jubilación; en todo caso no deseada.

Salonen, compositor a ratos, y un campeón de la música contemporánea (dos cuestiones muy apreciadas por sus nuevas formaciones), regresará, además, a su antigua casa de la Filarmónica de Los Ángeles, donde estuvo hasta que lo sustituyó allí Gustavo Dudamel, pero ya no como director titular.

Esta vez le han designado «Director Creativo», que suena como si se tratara de un diseñador contratado para reflotar alguna de las declinantes grandes marcas de la moda internacional (o sea, lo que en su día fue Tom Ford para Gucci).

El anuncio casi conjunto de este doble nombramiento, que, además, según se han encargado de recalcar ambas orquestas, servirá para trazar un puente cultural entre París y Los Ángeles (la orquesta gala participará en los próximos Juegos Olímpicos como conjunto invitado, entre otras iniciativas), no causó especial sorpresa en la capital francesa. El glamour que puede aportar un viejo dandy, más allá de su absoluta competencia musical, parece tener aún gancho entre los galos, más sensibles al encanto algo ajado de la experiencia que el resto del mundo.

El de Salonen era el único nombre que aparecía en todas las quinielas, durante las últimas semanas. En el mundillo musical, parecía una boutade la acumulación de tres titularidades (Concertgebouw, Chicago y París) postineras. Esos tres cargos, en orquestas de tanto rango, supondrían demasiada responsabilidad, incluso para los superpoderes de Klaus Mäkelä, el deseado. Pero lo cierto es que en la Cité de la musique, sede de la agrupación parisina, el director finlandés nunca llegó a convencer del todo.

Allí prevalecía la creencia en el juicio del crítico Alex Ross, aparecido en el New Yorker cuando Mäkëla se dejó caer por Carnegie Hall con la Orquesta del Concertgebouw: Demasiada epidermis para tan poca sustancia. Algo, por otra parte, bastante común en estos tiempos de carismáticas batutas juveniles empujadas rápidamente a la celebridad internacional, sin apenas currículo.

Los tiempos en los que las titularidades de las grandes orquestas se alcanzaban como hizo Herbert von Karajan (que también fue titular de la Orquesta de París, igual que Charles Munch, Daniel Barenboim o sir Georg Solti), después de haber realizado un largo entrenamiento por teatros provinciales, sobre todo de ópera, son cosa del pasado.

Tampoco Gustavo Dudamel logró hacerse del todo con las riendas, en su caso, de la Ópera de París, una responsabilidad que abandonó sin demasiado brillo, antes incluso de que expirara su contrato.

En la chauvinista Francia no gustaron demasiado los tratos del director venezolano con la Filarmónica de Nueva York, que finalmente se hizo con sus servicios, ni la celeridad con la que Mäkëla se entregó en brazos de Chicago, en contra del criterio expresado por un peso pesado como Riccardo Muti, director emérito de la famosa orquesta sinfónica de la ciudad de los vientos, al que nunca le han gustado demasiado los jóvenes danzarines del podio.

En principio, Salonen estará cinco años en París, pero allí ya les han atacado las prisas, o desean desembarazarse cuanto antes de la influencia de Mäkëla. No solo han anunciado que el veterano finés trabaja ya en la nueva programación, sino que él mismo se integrará en las actuales.

Estará presente ya en París, y durante las giras, a partir de la próxima temporada, 25/26, tanto como compositor y director, al proponer cuatro semanas de conciertos con un repertorio que abarca a Wagner Prokofiev, Bruckner y Sibelius, con solistas como Yuja Wang, Renaud Capuçon y Stefan Dohr, que estrenará su Concierto para trompa.

Para cuando asuma plenamente la titularidad, se anuncia que Salonen propondrá nuevas integrales de dos compositores no precisamente contemporáneos, Beethoven y Mahler (Mozart se toca cada vez menos, y no digamos Haydn, que queda para los conjuntos anémicos), además de «situar en puestos de honor a Bartók y Sibelius, acoger a solistas internacionales, dirigir giras por Europa, Asia y EE. UU. y defender la creación de hoy bajo todas sus formas y en una gran diversidad de estéticas», según ha desvelado la propia orquesta.

Precisamente a esto último, el impulso de la música contemporánea, se dispone la fundación de una nueva cátedra de Creación e Innovación de la Philarmonie de París, que dependerá totalmente de Salonen.

«Esa-Pekka Salonen es un artista anclado en el mundo de hoy, y nos regocijamos de poder trabajar con él sobre los desafíos artísticos y sociales del presente y del porvenir, a través de la cátedra creada especialmente para él», afirmó Olivier Mantei, director general de la Ciudad de la música Philharmonie de París.

«Una iniciativa que se inscribe en la visión de Pierre Boulez, fundador de la institución con la cual (Salonen) mantiene un vínculo privilegiado: el del artista en la ciudad que se interroga sobre nuestro mundo, dialogando con los creadores venidos de otras disciplinas y horizontes, favoreciendo el reencuentro y abriendo la cultura a todos los públicos a través de un acercamiento inclusivo y holístico», añadió Mantei.

Con ello, el directivo ha pretendido asegurar que el próximo director de la Orquesta de París supervisará proyectos centrados en la educación y la captación de nuevos públicos, con una atención especial a temas urgentes, como la inteligencia artificial.

Si además de todo, a Salonen aún le queda tiempo para asegurarle a los parisinos unas buenas dosis de la mejor música, seguramente será un triunfo.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas