Detalle de la corona de la emperatriz Eugenia de Montijo
Más de 1.300 diamantes y 56 esmeraldas: así es la corona imperial que los ladrones del Louvre se dejaron atrás
La corona perteneció a la emperatriz Eugenia, esposa de Napoleón III
La corona de la emperatriz Eugenia, esposa de Napoleón III, es, por el momento, la única de las piezas robadas el domingo en el Museo del Louvre que se ha podido recuperar.
Aunque con serios desperfectos, la recuperación de la corona fue la única buena noticia de una jornada oscura para el buque insignia de los museos franceses y uno de los museos más emblemáticos del mundo.
Pero ¿cómo es esta corona que lució la emperatriz de Francia? Según se lee en la página web del Museo del Louvre, la corona responde a un diseño característico de las insignias imperiales, inspirado en modelos presentes ya en los blasones del Primer Imperio.
Imagen de la corona robada del Museo del Louvre y única pieza recuperada tras el asalto
Esta pieza ostentosa cuenta con ocho arcos en forma de águila elaborados en oro cincelado. Los otros están formados por palmetas decoradas con diamantes, entre las que destacaba una central de mayor tamaño. Cada una de estas palmetas va acompañada por dos esmeraldas laterales.
Los arcos de la estructura convergen bajo un globo engastado con diamantes, enmarcado a su vez por un círculo y un semicírculo compuestos por un total de treinta y dos esmeraldas. Coronando el conjunto se situaba una cruz compuesta por seis brillantes. En total, la pieza sumaba 1.354 diamantes, 1.136 rosas y 56 esmeraldas.
En la elaboración de esta corona, a diferencia de la del emperador Napoleón III, se recurrió en menor medida a los diamantes pertenecientes al Tesoro de la Corona.
Las esmeraldas, sin embargo, sí formaban parte de las joyas personales del emperador. Los motivos del águila y de la palmeta, empleados en el diseño, tienen un marcado carácter simbólico dentro del imaginario imperial.
La corona destinada al emperador compartía el mismo diseño que la de Eugenia, aunque actualmente se desconoce su paradero.
Durante la Exposición Universal de París celebrada en 1855, Napoleón III decidió mostrar al mundo las joyas de la Corona, que fueron reconfiguradas especialmente para el evento.
El encargo de confeccionar las coronas del emperador y de la emperatriz recayó en Alexandre-Gabriel Lemonnier (1808-1884), quien utilizó para ello algunos de los diamantes del Tesoro real.
La corona de Eugenia constituye una muestra esplendorosa del estilo del Segundo Imperio y refleja el alto nivel técnico alcanzado por los orfebres franceses del siglo XIX.