El escritor David Uclés
La entrevista que ha convertido a David Uclés en un ridículo personaje de Sorrentino: «Estoy nervioso»
La escena representa en vivo la escena descacharrante de la entrevista de Jep Gambardella a la artista de «performance» en el filme La gran belleza
Albert Soler, periodista del del Diario de Girona, entrevistó a David Uclés en un encuentro que se ha hecho famoso por la descomposición del personaje estratégicamente compuesto por el interesado.
Ya solo la información del subtítulo da cuenta de que lo que estaba por venir era una prueba para que el autor mayormente masajeado. El propio Soler le dijo a la responsable de la editorial que tenía comprobado «que los escritores mayores son la mar de sencillos, mientras que los que se saben pequeños van de divos, pensando que así cobran importancia».
También informa en el mismo espacio que antes de empezar la entrevista ya le espeta al fotógrafo, cuando le pide que se coloque de determinada manera: «yo no hago posses». Pues menos mal. La entrevista no podía ser más directa.
Uno se imagina la tienda de campaña jipi de La Gran Belleza donde su protagonista, Jep Gambardella, intenta entrevistar a una artista de «performance» (trasunto de Marina Abramovic) con preguntas directas que la entrevistada responde con dudas e incomodidad, exactamente igual que Uclés. Ya se sabe que a veces la realidad supera a la ficción.
«¿Trae boina para parecerse a Josep Pla?». La primera no puede ser más desconcertante para el personaje acostumbrado a las loas y este responde con coz: «No, no me cae bien Josep Pla. No me cae nada bien, era homófobo y machista. No puedo verme reflejado en alguien así».
La red de Soler está bien tejida y Uclés ya no puede zafarse, atrapado en ella desde el primer lanzamiento. Las preguntas continúan como la gota de la tortura que Uclés responde cada vez con menos recursos y ganas hasta que espeta: «¿Son preguntas muy políticas, no? Parece ser más por las polémicas que he tenido, que por el libro».
A lo que Soler responde, preciso: «No, todavía no». Ahí uno imagina a Uclés como la artista de Sorrentino, desesperada porque no quiere explicarle al entrevistador a qué se refiere con «vibraciones», las cuales no se pueden explicar «con la vulgaridad de las palabras».
En la realidad Uclés ya empieza a negar cuando Soler menciona a Juanma Bajo Ulloa. «No sé quién es Bajo Ulloa», responde. Soler lanza la bomba que precipita todo: «Si yo hubiera entrevistado a Pérez-Reverte, ¿ahora usted no querría entrevistarse conmigo porque habrían compartido entrevistador?».
Entonces Uclés dice que se va «al lavabo», «a mear». Va perdiendo las formas. No soporta el tercer grado. «Llora» como la artista de Sorrentino que quiere hablar de lo que quiere hablar, pero el entrevistador no, exactamente como Soler. Soler es Gambardella.
«Estoy superincómodo». «Es la entrevista más incómoda de las 70 que me han realizado». «Tengo una arritmia y he tenido dos taquicardias cuando he ido al baño». Estas son las respuestas de Uclés a la batería directa, sin lisonjas, de Soler, quien le dice que «puede responder a lo que quiera» o «si no quiere responder a una pregunta, me lo dice y listo. Le haré otra».
Al final Uclés renuncia y pide responder a las preguntas por escrito. No se sabe el nuevo guion. Quiere quedar bien (porque está quedando mal), pero ahora no puede. El periodista le responde, en el mismo tono conciso de todo el encuentro: «No hacemos entrevistas de esta forma». Y ahí se acaba todo: Uclés convertido en la desquiciada artista de «performance» de Sorrentino.