Detalle de la estatua inclinada del alcalde Karl Lueger
Recolocan en Viena la estatua del alcalde preferido de Hitler en medio de la indignación de los judíos
La idea es del artista Klemens Wihlidal, autor del proyecto Inclinación (Karl Lueger 3,5°) que ganó el concurso abierto en 2023 para contextualizar y explicar quién fue y qué representó el regidor
El pasado enero, tras cien años en el centro de Viena, se retiró la estatua de Karl Lueger, el alcalde de la ciudad entre 1897 y 1910, quien llegó a decir que «el antisemitismo no perecerá hasta que el último judío haya perecido». En Mi lucha, Hitler se refirió a él como «el alcalde alemán más grande de todos los tiempos».
Pero la estatua regresó a su lugar a finales de mayo, para sorpresa de todos, con la particularidad de una pequeña inclinación de 3,5 grados hacia la derecha con la que se pretende generar «incomodidad» y reflexión en torno a la figura de Lueger y del antisemitismo.
Por lo menos esta es la intención de Klemens Wihlidal, autor del proyecto Inclinación (Karl Lueger 3,5°) que ganó el concurso abierto en 2023 para contextualizar y explicar quién fue y qué representó Lueger.
La estatua inclinada del alcalde Karl Lueger
La comunidad judía de Viena no entienden la idea y critican un proyecto (776.000 euros ha costado) que consideran «cobarde». El autor ha respondido que «La intervención parece sencilla, pero altera de raíz su efecto simbólico: irrita e invita a confrontarse de forma crítica con la persona y con el tema», afirmando que el monumento se ha convertido «en un signo públicamente visible contra el antisemitismo y el racismo, contra la exclusión y la incitación al odio».
Sobre la inclinación como único cambio, Wihlidal dice que se trata de «agudizar los sentidos, despertar la curiosidad, animar a acercarse y a hacer preguntas», aunque se remite al panel informativo que existe para explicar la figura de Lueger.
«Uso populista»
La concejala de Cultura, Verónica Kaup-Hasler, ha criticado la indignación de los judíos defendiendo el arte como reflexión y denunciando el «uso populista de los resentimientos antisemitas es justo lo que vivimos hoy».
No resulta extraña dicha indignación, teniendo en cuenta el «arte» que consiste en recolocar la estatua de un nazi (y obra de un nazi), mínimamente inclinada, en el mismo lugar en el que se inauguró hace un siglo en una plaza que sigue llevando el nombre del alcalde en cuestión.
Al parecer es el mismo Partido Socialdemócrata quien asistió a la primera colocación hace cien años el mismo que se niega a cambiar el nombre de la plaza, del mismo modo que ha procedido a la «simbólica» recolocación.