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Caperucita Roja. The Jack Zipes Historic Fairy Tale Postcard Collection

Caperucita Roja. The Jack Zipes Historic Fairy Tale Postcard CollectionMinneapolis College of Art and Design. Creative Commons

'Para matarte mejor': el regreso de los hermanos Grimm

Un thriller donde los cuentos infantiles recuperan su naturaleza más cruel

Bosques. Susurros. Migas de pan que nunca llevaron a casa. Una manzana envenenada. Una capa escarlata manchada de sangre. Un cadáver al final del camino. Todos hemos crecido viajando a través de las palabras de los hermanos Grimm. O, diría más, a través de sus versiones suavizadas. Porque, antes de que Disney llenara de canciones los castillos y de finales felices los bosques, aquellas historias estaban hechas de sangre, hambre y muerte. De advertencias que pasaban de generación en generación, nacidas de un folclore profundamente arraigado en la tradición centroeuropea.

Cubierta de 'Para matarte mejor'

Duomo Ediciones (2026). 380 páginas

Para matarte mejor

A. K. Benedict

Aquí es donde la partida da comienzo. Aquí es donde Para matarte mejor empieza a tejer su entramado de cuento.

El misterio se construye no desde la búsqueda de pruebas, sino desde la interpretación constante de referencias que el lector ya conoce. Una manzana. Un bosque. Un sendero. Un lobo. Objetos. Imágenes. Personajes. Símbolos que durante siglos han estado asociados a la infancia recuperan en este relato su naturaleza primitiva y vuelven a convertirse en advertencias. El crimen deja de ser únicamente un crimen. Se transforma en un ritual. En la puerta de entrada a un relato que lleva siglos esperando a sus próximas víctimas.

A. K. Blakemore toma ese imaginario oscuro y construye sobre él un thriller que no se conforma con reinterpretar los cuentos clásicos. Los convierte en el propio lenguaje del crimen. Cada asesinato responde a una historia conocida, pero retorcida. Adulterada hasta parecer apenas reconocible. Cada elemento remite a una leyenda. Cada pista obliga al lector a preguntarse si está siguiendo una investigación policial… o adentrándose poco a poco en el mundo de los Grimm, del que nadie ha conseguido salir.

La pluma de Blakemore narra valiéndose de diferentes perspectivas narrativas con un único propósito: desviar la atención de quien se aventura en sus páginas. Lo conduce por caminos secundarios. Lo obliga a desconfiar de todo cuanto cree saber. Por un lado, se encuentra la investigadora encargada de seguir el rastro del llamado Grimm el Destripador. Por otro, la escritora secuestrada por el asesino, obligada a imaginar, redefinir y escribir nuevos cuentos bajo amenaza de muerte. Estos relatos dejan de pertenecer a la ficción en el mismo instante en que alguien decide convertirlos en realidad. Se convierten en los crímenes de un hombre escondido tras una cabeza de lobo.

Ambos hilos se entrelazan con los relatos que ella escribe, breves narraciones insertadas entre capítulos que enriquecen el conjunto y terminan erosionando cualquier certeza.

La novela esgrime los cuentos infantiles como un arma. Y obliga al lector a empuñarla.

¿Quién juega en esta historia? ¿El asesino con sus víctimas? ¿La autora con el lector? ¿O son los propios cuentos los que llevan siglos esperando la ocasión perfecta para volver a cobrar vida?

Llega un momento en el que descubrir quién es el asesino deja incluso de importar. Lo verdaderamente adictivo consiste en averiguar si el libro está jugando contigo. Si estás siguiendo una investigación policial o perdiéndote en un bosque de papel a punto de arder.

El mayor acierto reside en la invitación expresa a desconfiar de la propia narración, no en la búsqueda de pistas. Las pistas existen, por supuesto, pero en este caso no funcionan como piezas de un puzle tradicional. Son migas de pan dejadas a propósito para que quien las sigue crea haber encontrado el camino correcto cuando, en realidad, acaba de internarse todavía más en el bosque.

La lectura avanza con agilidad, manteniendo en todo momento un equilibrio envidiable entre la tensión propia del thriller y una atmósfera que se sumerge hasta lo más hondo en lo fantástico sin perder nunca el contacto con la realidad. El humor negro hace su aparición de forma puntual para aliviar algunos momentos especialmente crudos y termina funcionando como un contrapunto que refuerza aún más la sensación de extrañeza que lo envuelve absolutamente todo.

Para matarte mejor entrelaza thriller y fantasía de manera sutil. Lo hace sin temor, con decisión, abrazando ambos géneros y permitiendo que coexistan durante toda la novela. El resultado es una lectura absorbente que obliga a mirar más de dos veces cada pista, manteniendo viva la incertidumbre hasta el desenlace.

Los cuentos nunca dejaron de existir. Fuimos nosotros quienes los obligamos a esconderse mejor.

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