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Ernest Hemingway visita a Pío Baroja días antes de morir

Ernest Hemingway visita a Pío Baroja días antes de morirEFE

Cuando Hemingway visitó, como «un niño grande», a un Pío Baroja moribundo en su lecho de muerte

En octubre de 1956 el autor de Por quién doblan las campanas pudo visitar a su admirado Pío Baroja días antes de fallecer

En octubre de 1956 tuvo lugar en el número 12 de la calle Ruiz de Alarcón de Madrid, residencia de Pío Baroja, un encuentro irrepetible en la historia de la literatura universal, aunque hoy pueda parecer un momento meramente anecdótico.

El Premio Nobel de Literatura y autor de Por quién doblan las campanas, Adiós a las armas y Fiesta, Ernest Hemingway, visitaba en su lecho de muerte al autor de Zalacaín el aventurero y El árbol de la ciencia.

Hemingway acababa de regresar a España aprovechando el fin del aislamiento internacional contra el régimen de Franco. No pisaba nuestro país desde que, decepcionado por el colapso republicano, abandonara España después de la Guerra Civil.

Durante su nueva estancia en España el escritor norteamericano aprovechó para asistir a los toros, ir a pescar y visitar viejas amistades. Pero, informado de que Pío Baroja pasaba sus últimos días, no quiso dejar de visitar a un escritor al que siempre había admirado y al que nunca había podido conocer.

De aquel encuentro hay una serie de fotografías en las que un compungido y algo «cortado» Hemingway mira con tristeza a un Pío Baroja en la cama tapado con las sábanas hasta la barba y mirada ausente.

Son muchas las versiones del diálogo que mantuvieron. Dicen que Baroja recibió al Nobel con un «¿y este qué hace aquí?». Otras versiones afirman que Hemingway quiso honrar a don Pío diciéndole que él se merecía mucho más el Nobel (ambos sonaban como principales candidatos en 1954 y finalmente se lo llevó el norteamericano).

Según apunta Efe, Hemingway expresó a Pío Baroja su admiración por su obra y le regaló «un chaleco, unos calcetines, una botella de whisky y un ejemplar de su libro Fiesta con una dedicatoria: ‘A usted don Pío, que tanto nos enseñó a los jóvenes que queríamos ser escritores’».

Según su relata su sobrino, Julio Caro Baroja, en su libro Semblanzas ideales, Hemingway visitó a Pío Barona «trayendo unos regalos sencillos y a decir unas palabras de admiración y respeto, que mi tío apenas entendió. Yo no las oí porque me salí del cuarto, para ocultar mi congoja. Vi, sin embargo, al escritor norteamericano sentado como un niño grande y tímido que habla a su maestro y a mi tío mirando a la nada, con una expresión más severa que la que hasta entonces había tenido».

Quince días después moría Pío Baroja en Madrid. A su entierro en el cementerio de la Almudena asistía un atribulado Ernest Hemingway, que veía cómo se iba un pedazo más de aquella España que admiraba.

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