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Javier Gomá: «El concepto de Dios ha sido muy útil en términos políticos y culturales»

Javier Gomá: «El concepto de Dios ha sido muy útil en términos políticos y culturales»Thorun Piñeiro

Filósofo, director de la Fundación Juan March

Javier Gomá: «El concepto de Dios ha sido muy útil en términos políticos y culturales»

El autor no rehúye dar su opinión sobre la amnistía, sobre el estado actual de la cultura e incluso de Rosalía

Javier Gomá llega emocionado a una de las salas, elegante y extensa, de la Fundación Juan March, que dirige. Viene del centro cultural Matadero Madrid, donde acaba de representarse el primer pase de Filosofía Mundana. Sus columnas de opinión han desembarcado y tomado vida en la Nave 10, dirigida por Luis Luque, y se estrena el próximo viernes 21 de noviembre.

No está incluida en el menú de Fuera de carta, publicada esta semana por Galaxia Gutenberg, con sus degustaciones filosóficas, donde propone platos cocinados con una receta que es sólo suya, y que no empacha por su esencia y brevedad. «Filosofía blanca y en botella» donde se habla de Dios, de la cultura que «se basta y sobra con los dedos», de la vulgaridad, de los clásicos y de la vida misma. A pesar de que Gomá se declara «escurrebultista» y «absolutamente inactual», no rehúye para El Debate dar su opinión sobre la amnistía, sobre el estado actual de la cultura e incluso de Rosalía, mientras reconoce que su única medida es arrebatarle a la nada un buen párrafo al día.

Fuera de carta de Javier Gomá

Fuera de carta de Javier Gomá

–¿Cómo se ve Filosofía Mundana en un escenario?

–Hasta ahora había asistido a lecturas para fijar el texto, que se han seleccionado unos veinte ensayos del libro. Según me contaba Luis Luque, estaban nerviosos porque asistía el autor y quizá adoptaba una actitud severa. Cuando ha terminado la representación, les he dicho que han llevado mi pensamiento a unas cimas que no hubiera podido alcanzar y que han realizado un espectáculo muy emocionante. Hay momentos en que he estado a punto de llorar. Predomina mucho el humor y una emoción dulce. Es algo verdaderamente único. Y el mérito es tanto de Luis como de los actores y actrices, y del equipo artístico y técnico que los acompaña, que han hecho, a mi juicio, una obra maestra.

–¿Se pondrá de moda la filosofía?

Filosofía mundana significa que es el público quien es filósofo. Ni es el autor, ni el director, ni son los actores y las actrices. El público se encuentra consigo mismo como filósofo durante la representación. No puedes vivir sin interpretar el mundo. En consecuencia, la filosofía ni se pone de moda, ni deja de estarlo. Es como envejecer. ¿Se va a poner de moda envejecer o respirar? Mi tesis es que todo el mundo quiere comprender. A todos nos pasa algo y ninguno sabemos exactamente qué nos está pasando, y es el hecho raro de vivir. Queremos comprender, y la buena filosofía es la que te ayuda a comprender mejor.

La amnistía avergüenza y es un baldón. Si ahora Junts quita el apoyo al Gobierno, el Gobierno tendría que promover un proyecto de ley que derogase el anterior

–El fenómeno de Rosalía con su último álbum Lux y la película Los Domingos han convertido a Dios en noticia. Escribe que «creer en Dios es una suerte», ¿y ahora algo revolucionario?

–Me tomo muy en serio el mandamiento del Antiguo Testamento, del Pentateuco, de «No tomarás el nombre de Dios en vano». Es difícil hablar con mucha asertividad de una realidad de la que no tenemos experiencia sensorial y que es difícil representarnos. Yo soy creyente, pero justamente esa creencia me obliga a no caer en la idolatría. Me inspira mucho respeto. Al mismo tiempo, sé que el concepto de Dios ha sido muy útil en términos políticos y culturales.

En cambio, si veo como en ese fenómeno internacional que es Rosalía, se puede mencionar la espiritualidad en general y a Dios dentro de una operación de mercadotecnia absolutamente impresionante. Hay cantantes incluso de pop que, en los últimos años, mencionan a Dios en sus letras, pero Rosalía lo ha puesto casi en el centro y me parece una señal. En Estados Unidos, Bob Dylan o Nick Cave pueden hablar de Dios y no pasa nada. En Europa estábamos más inhibidos. Y luego hay muchos trucos que tiene el propio ego para engañarse. Y que llama Dios a sus costumbres, a sus intereses, a culturas dominantes, a sus poderes.

El director del Instituto Cervantes quería cancelar la posibilidad de que Juan Luis Cebrián fuera el nuevo director de la Real Academia de la Lengua

–Se apropian del nombre de Dios.

–Hay que tener cuidado con no utilizar el nombre de Dios en vano. Otra cosa distinta es que se estén produciendo fluctuaciones en las cuestiones de actualidad. He sido testigo a raíz del último tomo de la Tetralogía de la ejemplaridad, titulado Necesario pero imposible, que trata sobre la esperanza de vida más allá de la muerte, que el concepto de Dios puede ser objeto de la conversación en España después de 40 años de dictadura, que también se apropió del concepto y hubo una cierta cancelación específicamente española, y sólo se podía hablar de Dios en círculos muy delimitados.

–¿Ha girado la concepción cultural?

–La cultura es una manifestación de derechas, de izquierda, de centro, pero la izquierda tenía un cierto carácter normativo que decía si eras canónico o heterodoxo, si eras oficial o marginal. Uno de los fenómenos de los últimos años es la pérdida de ese carácter normativo de la izquierda. No se trata de la pérdida de cultura de izquierdas, sino que te digan si es admisible o digno de respeto, eso era para la cultura oficial, incluso gobernando el PP, un asunto de izquierdas. Esa ausencia cultural de la derecha creo que está girando y vamos a perder esa especie de pensamiento binario de los míos y los tuyos, que es admisible en política, pero que me parece una peste en cultura.

Vemos exposiciones en el Reina Sofía donde se propugna una crítica de la colonización o una relativización del género y se utiliza el arte como catecismo

–Como los que firman manifiestos a favor del Gobierno.

–Hay manifiestos de un lado y del otro. Me refiero a que el pensamiento y el arte no tiene más fidelidad que la creatividad. Y, sin embargo, con mucha frecuencia asistimos a un arte que toma partido, que no tiene fidelidad por la verdad y enemistad por la mentira, sino que se pone del lado de una posición política y en contra de la otra. Eso me parece que es extender al ámbito de la vida a algo que es propio de la política. La política es obtener el poder y quien te ayuda a obtener el poder es amigo. Quien te estorba es enemigo y se crea un universo simbólico. Ideas y argumentarios a favor de uno y en contra del otro. Lo malo es cuando las leyes de la política saltan a otras regiones, como es la cultura.

–Un ejemplo serían las críticas del director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, al director de la RAE, Santiago Muñoz Machado.

–En mi opinión, fue un calentón. Pueden tener animadversiones personales, pero no lo interpreto tanto como una lucha política, aunque las rivalidades culturales pueden ser igual de agresivas que las políticas.

La vulgaridad es una creación exquisita del genio democrático de nuestra época

–Si fuera sólo un calentón no volvería la tensión días más tarde en el Congreso Internacional de la Lengua Española en Arequipa.

–Si coge las querellas literarias que hubo en el Siglo de Oro, realmente llamaría la atención las cosas que se decían unos a otros. Dentro del mundo literario hay rivalidades, envidias, grupos, animadversiones y manías infinitas. Y, según cuentan, esto es una hipótesis, quería cancelar la posibilidad de que Juan Luis Cebrián fuera el nuevo director de la Real Academia de la Lengua en unas futuras elecciones. Además, Muñoz Machado ha conseguido mucho dinero de este Gobierno para financiar la Real Academia, que le valió ser votado por sus colegas. En consecuencia, no veo tanto una lucha política del PSOE contra el PP, sino más bien de sensibilidades dentro de la República de las Letras.

–La vulgaridad está presente en sus columnas filosóficas, ¿se ha impuesto tanto en la cultura como en la política?

–La vulgaridad es una categoría fundamental de nuestro tiempo. Es un concepto al que le dediqué un capítulo titulado «La vulgaridad, un respeto» dentro de Ejemplaridad pública, y también en Universal concreto, donde se considera la vulgaridad como el estado actual de la cultura. Mi tesis es que en el pasado hubo personas, palabras, comportamientos, situaciones vulgares, pero nunca existió la vulgaridad, porque es una creación exquisita del genio democrático de nuestra época. Desde el origen de los tiempos, la sociedad se estructuraba en una minoría selecta, que había establecido unos códigos, tanto en el pensar, en el sentir, en el comportarse, para una mayoría que tenía que ser dócil.

Filosofía mundana de Javier Gomá

Filosofía mundana de Javier Gomá

A partir de la Segunda Guerra Mundial se produce la realización histórica del principio de la igualdad a través de la democracia liberal. Cuando esta igualdad se cruza con la libertad, surge en un primer momento la vulgaridad, que defino como la espontaneidad no educada, que no admite los códigos de esa minoría selecta. Así que el estado de la cultura contemporánea provisionalmente es la vulgaridad. Y pido un respeto por ella porque es hija de la libertad y la igualdad y supone un progreso. De la minoría selecta hemos mejorado hacia la mayoría vulgar, y tenemos pendiente una tercera etapa, aunque sea contraria a las evidencias, que es la mayoría selecta.

Me impresionó muchísimo cuando leí que Bad Bunny se había convertido en el artista más escuchado mundialmente en Spotify, superando al pop norteamericano anglosajón

–En sus ensayos habla de conceptos y no suele mencionar nombres, excepto a los clásicos, por eso llama la atención que el único que aparece sea Bad Bunny, que le merece el título de «himno a la vulgaridad triunfante».

–Cierto. Es que me impresionó muchísimo cuando leí que se había convertido en el artista más escuchado mundialmente en Spotify, superando al pop norteamericano anglosajón. Dirá, le está llamando vulgar. Pero recuerda que en mi vocabulario vulgar representa progreso moral. No tengo ninguna nostalgia, más bien me siento muy alejado, del elitismo de la minoría selecta. Para mí, la mayoría vulgar es un claro progreso moral respecto a la situación anterior. Eso sí, es parcial y provisional. De camino hacia la mayoría selecta.

Considero que la filosofía es literatura y creo que los políticos hablan para sus simpatizantes y el literato para todo el mundo

–Era una curiosidad, porque en Fuera de carta no nombra a nadie más que sea actual…

–Soy escurrebultista. Escurro el bulto y eso se me reprocha. Tengo un artículo en Filosofía Mundana, que se titula «Escurrir el bulto» y lo escurro sistemáticamente, porque pienso que la gente de cultura tenemos que rehuir del examen tipo test, en el que solamente hay una respuesta correcta y cuando das esa respuesta, el grupo político te aplaude. No estoy para hacer tipo test. Lo dejé en la universidad. Quiero tener opinión, no posición. Y contribuyo mucho más a ella al ofrecer ideas, palabras, metáforas e imágenes que ayuden a comprenderse a ellos mismos, que al tomar posición por uno de los dos partidos y militar en ellos, que normalmente representa demonizar al adversario político. Considero que la filosofía es literatura y creo que los políticos hablan para sus simpatizantes y el literato para todo el mundo.

Dicen que las poesías peores de Neruda son su elogio de Stalin. Y, en cambio, leemos otros versos suyos que no tienen nada que ver con Stalin que nos emocionan. Por eso, critico en «Sobre un arte inteligente» cuando se convierte algo tan enigmático como lo artístico, que posee un halo que no se puede reducir ni a concepto ni a un programa político. Cuántas veces asistimos a la vulgaridad en el arte cuando quieren transformar lo simbólico en catecismo. Y vemos exposiciones en el Reina Sofía en las que se propugna una crítica de la colonización o una relativización del género y se utiliza el arte como catecismo.

A lo mejor hace 50 años hablábamos de Hernán Cortés o de Pizarro como los grandes héroes homéricos de la historia española y ahora se coloca el acento en que fueron unos tiranos

–¿Esa catequesis es la que está propugnando el Ministerio de Cultura de Ernest Urtasun?

–No me refería tanto a la época de Urtasun, sino más bien a épocas anteriores. No es cuestión de un solo político. Pongo un ejemplo sin citar al artista. Durante la pandemia, expusimos a un artista norteamericano de la abstracción de los años 50 y 60 del siglo pasado y nos apoyamos en su fundación. Su directora nos dijo: «Enhorabuena por esta gran exposición. Es una de las mejores que se ha realizado sobre el artista. Ya nunca la podríamos hacer en Estados Unidos». «¿Y eso?», preguntamos. «Porque es un varón, blanco, occidental», respondió.

–Me refería más por la revisión del colonialismo.

–Como suele ocurrir, muchas de las cosas en origen tienen sentido, porque es probable que se hayan cometido excesos. A lo mejor hace 50 años hablábamos de Hernán Cortés o de Pizarro como los grandes héroes homéricos de la historia española y ahora se coloca el acento en que fueron unos tiranos. Hay movimientos pendulares. No todo es brillante y, desde luego, no todo es oscuridad. En cambio, me parece claramente criticable, porque es una manifestación de la vulgaridad, convertir el arte en militancia política y en catecismo.

Cuando se junta la libertad con la igualdad, el producto inicialmente es una vulgaridad extrema

–¿La vulgaridad está aún más presente en las redes sociales?

–En primer lugar, no participo de una condena exagerada, ni de las redes sociales, ni de la tecnología, ni de la inteligencia artificial. Me declaro hijo gozoso de mi tiempo y recibo con alegría las innovaciones. Las redes sociales tienen unas capacidades que no se hubieran ni soñado. De pronto, a un tipo que está en un pueblo de Badajoz, la tecnología le ofrece la posibilidad de insultar a un premio Nobel que está en Sidney. Cuando se junta la libertad con la igualdad, el producto inicialmente es una vulgaridad extrema. Pero, también me gusta destacar que las redes tienen una aportación civilizatoria sin comparación. Antes un grupo muy pequeño de personas tenían perfil. El Papa, el emperador, el hombre de letras, la galería de hombres ilustres, hombres siempre. Y el resto de la población, el 99,9 %, era una masa anónima, sin identidad y sin reconocimiento. Ahora las redes sociales han permitido un prodigio. Simplemente con una conexión a internet cualquier persona puede tener un perfil, y no solo el grupo privilegiado de la minoría selecta. Así que hay algo democratizador en las redes sociales.

Con la Ley de Amnistía se producía una violación grave de los principios que los españoles nos hemos dado a través de la Constitución. Esos principios para mí son sagrados

–Ha comentado que una de sus características es escurrir el bulto, pero no lo hizo con la Ley de Amnistía.

–Yo soy escurrobultista militante y escurro el bulto sin cesar para preservar una vocación literaria que quiere transmitir una visión a todo el mundo, no solo a los partidarios de un grupo político. Pero ha habido dos veces en las que no puedo ser contemporáneo de determinados hechos sin alzar la voz, porque me lo reprocharía pasados los años cuando volviera la vista atrás. Una fue en octubre de 2017, cuando se hizo esa famosa declaración de independencia de la república más efímera de la historia. Otra con la Ley de Amnistía, por la que se producía una violación grave de los principios que los españoles nos hemos dado a través de la Constitución. Esos principios para mí son sagrados. Estoy de acuerdo con todo el mundo, antes del 23 de julio, que esa amnistía era inconstitucional e indeseable. Pero si encima ese privilegio tiene como motivo la obtención de una voluntad de poder, pedir siete votos para formar Gobierno, es todavía mucho peor.

La amnistía nos avergüenza y es un baldón. Si ahora Junts quita el apoyo al Gobierno, el Gobierno tendría congruentemente que borrar ese baldón y promover un proyecto de ley que derogase el anterior, que tendría un apoyo mayoritario en la Cámara y un enorme poder simbólico.

Feijóo hoy día es aburrido y sin carisma, pero espera que un día obtenga el poder y tendrá esa maiestas que hace brillar a la gente que está en el poder

–¿Se gobierna de espaldas al Parlamento, al Senado y a la aritmética?

–Sí, es una situación muy incómoda. También es verdad que tengo un poquito de manía a identificar la acción de Gobierno con la aprobación de leyes. La política actual está tan influida de los estilos del espectáculo que solamente triunfan aquellos actores que van bien en el espectáculo. Y hemos olvidado que la política es también gestionar. Hoy los buenos gestores apenas prosperan porque no son buenos actores en el espectáculo. La gestión ha pasado a tercer nivel, porque predomina ese espectáculo.

–¿Alberto Núñez Feijóo no entra en ese concepto de espectáculo?

–Recuerdo que se hablaba de la ausencia de carisma de Aznar. Era el Aznar de «váyase, señor González». Un señor aburrido y repetitivo. Luego llegó por los pelos al Gobierno en el año 1996 y se convirtió en un hombre carismático hasta el punto de que el 2000 ganó por mayoría absoluta. Es poco frecuente ir de menos a más. Normalmente, el ejercer el poder produce desgaste y pasas de la absoluta a la relativa. Con esto quiero decir que Feijóo hoy día es aburrido y sin carisma, pero espera que un día obtenga el poder y tendrá esa maiestas que hace brillar a la gente que está en el poder.

La izquierda es moralmente superior, si hace cosas malas, tenemos que mirar a otro lado, porque la causa es buena

–¿Hay una doble vara de medir con la corrupción de izquierdas?

–Sí que veo críticas por todas partes. Es cierto que hay opinadores que en realidad no tienen opinión, sino posición. De un lado y de otro, y da igual que hagan los suyos. Su posición se puede legitimar racionalmente. La izquierda es moralmente superior, si hace cosas malas, tenemos que mirar a otro lado, porque la causa es buena. Pero también le pasa a la derecha, la izquierda es despilfarradora y no sabe producir riqueza, nos va a llevar al caos, por eso es mejor la derecha y voy a apoyarla.

–¿Le han pedido que se posicione ideológicamente?

–Explícitamente, no. Si noto que mi actitud me hace poco atractivo para los políticos. Y, al contrario, noto que gente de letras que toma posición tiene los beneficios de ser favoritos de los políticos. No soy útil para la oposición. Tampoco soy malo porque no critico a nadie en concreto, más bien suscito indiferencia. Además, en este tipo de cosas suelen tener un espacio intermedio en el que vas a cenas, a reuniones, asistes a actos, criticas al enemigo político… Envías señales de que estás abierto a tomar posición, porque esa posición te da popularidad, reconocimiento, premios. Yo no mando ninguna señal. Procuro ser educado, pero no mando señales, porque no estoy interesado.

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