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Jóvenes en una libreríaJóvenes en una librería

El descenso de lectores y de capacidad lectora amenaza los pilares de la civilización occidental

La generalización de las redes sociales y del ocio por internet ha agravado en los últimos años el problema del abandono de la lectura

Uno de los rasgos que caracterizan la sociedad actual (principalmente la occidental) es el carácter paradójico del comportamiento de sus miembros y sus convencionalismos.

Los hábitos de lectura no son una excepción: cada vez se editan más libros (hasta límites insostenibles), cada vez se compran más libros y, sin embargo, nunca se había leído tan poco como en esta época.

Los regímenes totalitarios hicieron de la censura editorial, la prohibición de libros y su destrucción uno de los pilares del control social.

Las piras de libros ardiendo durante el nazismo son la imagen que mejor ilustra el fracaso de las democracias a la hora de contener las derivas totalitarias. No fue un fenómeno exclusivo de los fascismos. El comunismo soviético y sus satélites, así como los regímenes comunistas chino, norcoreano o vietnamita, hicieron de la prohibición de libros un elemento central de su política represora, y aún hoy lo sigue siendo.

En su célebre distopía, Fahrenheit 451, Ray Bradbury parodiaba esta obsesión y, al mismo tiempo, advertía del riesgo de limitar la libertad de expresión y editorial, ya que ocasionaría una erosión sin remedio del régimen de libertades y abriría las puertas al totalitarismo.

El ejemplo lo cita el historiador británico Niall Ferguson en un reciente artículo publicado por The Times, donde advierte que hoy los tiranos que traten de imponer un régimen totalitario a sus ciudadanos lo tienen fácil, y es que ya no se verían en la necesidad de realizar una lista de libros prohibidos (tarea que se ha demostrado en el pasado como titánica e imposible de llevar a cabo), ya que son los mismos ciudadanos los que han renunciado a la lectura.

Con el abandono de los libros los ciudadanos abandonan también la formación, el afán de conocimiento, el interés por acceder al saber y, con todo ello, renuncian a la formación de un juicio propio e independiente.

Se convierten, por lo tanto, en individuos maleables, manipulables, dóciles, gobernados por las pasiones y por el estómago. Presas fáciles para el dictador de turno.

Ferguson cita en su análisis varios estudios que reflejan datos preocupantes sobre la sociedad estadounidense y británica (que es en donde pone el foco, aunque los resultados son perfectamente extrapolables a cualquier otra sociedad occidental): la lectura por placer se ha desplomado a tasas inferiores al 20 % con el inicio del siglo XXI, más del 50 % de los ciudadanos reconoce no leer ni un libro al año o la capacidad de comprensión lectora de un porcentaje nada despreciable de adultos es similar a la de un niño de 10 años.

Que un adulto de, pongamos, 30 años, tenga un nivel de comprensión lectora similar al de un niño de 10 debería hacer reflexionar a mucha gente. Es un problema grave del que tal vez todavía no se experimenten sus efectos más graves, pero no tardarán en dejarse llevar.

Quizás no estén en el origen del problema, pero es indudable que las redes sociales, las tecnologías de comunicación (como las aplicaciones de mensajería instantánea) o el entretenimiento rápido de las series de plataformas han contribuido a agravar el problema.

Una persona acostumbrada al consumo de información, entretenimiento y datos por medio de TikTok o similares pierde la capacidad de concentración, el hábito y la paciencia para afrontar una novela o un ensayo.

¿Alguien cree que un joven de 18 años que ha crecido y se ha formado viendo vídeos de consumo rápido en TikTok o Youtube va a ser capaz de leer las algo más de 400 páginas de una novela (que además se concibió como literatura de entretenimiento y habitualmente considerada juvenil) como Los tres mosqueteros de Alenxandre Dumas?

El futuro dibujado por Niall Ferguson en su análisis y predicción es desolador. Habla de un futuro inmediato donde la información y los datos se solicitarán a inteligencias artificiales de voz, sin necesidad siquiera de escribir o leer texto.

Donde las redes sociales y las aplicaciones de inteligencia artificial sustituirán a los libros, periódicos y cualquier tipo de soporte de lenguaje escrito como proveedor de información, conocimientos, cultura y entretenimiento.

Una sociedad donde la comunicación escrita vía emojis (una escritura basada en pictogramas similar a la escritura primitiva prealfabética) sustituirá a la palabra escrita (no es un futurible distópico, ya está sucediendo).

Y no se trata solo de un tema cultural, sino que la caída de la capacidad de expresión y comprensión escrita tendrá también consecuencias a nivel político y legal, y es que cualquier código legal de cualquier país está basado en código escritos.

En definitiva, el descenso de la tasa de lectura y de capacidad de comprensión lectora y expresión escrita amenaza los pilares de la civilización occidental. Las consecuencias serán imprevisibles.

En definitiva, el mundo se asoma a un futuro próximo en el que, tras más de dos siglos de proceso de alfabetización de la sociedad (un proceso que en muchos países no se completó hasta la segunda mitad del siglo XX), se ha embarcado en un proceso de «analfabetización», donde el analfabetismo parcial se abre camino y comienza a convertirse en lo normal.