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El ministro de Cultura, Ernest Urtasun, bromea con el presidente de la Comisión, Gerardo Pisarello

El ministro de Cultura, Ernest Urtasun, bromea con Gerardo Pisarello durante una comisión de CulturaEFE

Urtasun apunta ahora a las fundaciones Primo de Rivera, Queipo de Llano, Serrano Suñer y Blas Piñar

El ministro de Cultura ha sacado pecho de su gestión entre anuncios y mensajes sectarios durante una comparecencia en el Congreso a petición propia

Estaba Pisarello, presidente de la comisión del Cultura en el Congreso esperando al ministro que al final llegó con retraso. Comparecía a petición propia por sus dos años en el cargo y saludaba en todas las lenguas oficiales. Lo que siguió fue una retahíla de cifras, positivas para Urtasun y su Ministerio que se alargó por más de una hora.

Entre medias anuncios y consignas para completar el genoma sectario de la intervención con aire simplemente oficial. La primera consigna entre los datos, casi se diría de distracción (pese a su importancia justa) fue la descentralización de la cultura como proyecto y realidad, todo ello relacionado con los «derechos culturales» y su «potencia rectora» o la defensa de una cultura «global»

Habló del «hito» de Mondiacult, de las bibliotecas y su crecimiento en aperturas y remodelaciones. De la lectura y de los libros. Nunca se ha leído más en España, incluidos los jóvenes, sobre todo, gracias a él,. O eso se desprende de sus palabras y de su tono. Todo va mejor que nunca adaptado al XXI, «cada vez más lejos del XX», como si el XX, o el XIX fueran nocivos en cultura).

También apareció la igualdad entre las cifras y con las cifras, la reserva de porcentajes para artistas femeninas en ayudas, «violencias machistas», «España vaciada» y conceptos similares o la descolonización, «el tema favorito de algunas de sus señorías, con la que «el mundo continúa» como «espacio de reflexion crítica e inclusion que son los museos».

Para Urtasun la «memoria impide que lo pasado pase», un «deber cívico» y «un deber supremo para quienes sufrieron la muerte y la represion de la dictadura». Habló de la restitución de los bienes incautados por el franquismo antes de abordar el anuncio de la mañana (o de la tarde, por la hora y por la tardanza) de la promoción de la extinción de las fundaciones «de derechas», después de la Francisco Franco, Primo de Rivera, Blas Piñar, Serrano Suñer y Queipo de Llano por la «verdad, reparación y justicia».

Una «verdad, reparación y justicia» que no se aplica, en virtud de la Ley de Memoria Democrática, a otras fundaciones «de izquierdas» con nombres como Largo Caballero, Indalecio Prieto, Dolores Ibárruri, Sabino Arana o Juan Negrín, como certificación del sectarismo de la ley, del ministro y del Gobierno.

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