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Catedral de Notre Dame de París

La catedral de Notre Dame vuelve a ser monumento más visitado de ParísAFP

Notre Dame supera al Louvre y a la torre Eiffel y ya es el monumento más visitado de París

La catedral parisina está conociendo un renacer espiritual gracias a su reciente reconstrucción y restauración y se sitúa ya como uno de los monumentos más visitados del mundo

Cuando se incendió la cubierta de la Catedral de Notre Dame de París aquel fatídico 15 de abril de 2019 la prensa comentaba que la posible destrucción del templo religioso supondría la pérdida del principal símbolo religioso de la Europa cristiana.

Entonces se dijo que la afirmación era un tanto exagerada. Notre Dame es, efectivamente, uno de los templos más emblemáticos construidos por la cristiandad, cumbre del gótico y una de las imágenes más reconocidas de la espiritualidad de la civilización europea.

Pero, otros no dejaban de recordar, difícilmente Notre Dame podría superar a San Pedro del Vaticano como símbolo de la Europa cristiana y su importancia debía situarse en igualdad de condiciones con otros templos, como las catedrales de Milán, Siena, Santiago de Compostela, Colonia o Canterbury, por citar solo algunos.

Lo que sí es innegable es que, pese a siglos de ofensiva laicista por parte de sectores anticlericales en la Francia postrevolucionaria, la Catedral de Notre Dame sigue siendo el corazón espiritual que marca el latido de la ciudad de París.

Su importancia y simbolismo sigue siendo muy superior al de templos del laicismo construidos con la intención de sustituir a Notre Dame en su función, como la torre Eiffel o el Museo del Louvre.

Un año después de su esperada reapertura, la catedral de Notre Dame ha vuelto a ocupar un lugar destacado en el corazón de París, convirtiéndose en el monumento más visitado de la ciudad, con una afluencia que supera los once millones de personas, informa Efe.

Esta cifra deja atrás incluso a emblemas parisinos como el museo del Louvre o la torre Eiffel, reflejando el poder de atracción del renacido templo tras el devastador incendio de 2019.

Desde que el arzobispo Mons. Laurent Ulrich proclamara solemnemente «¡Notre Dame, abre tus puertas!» el 7 de diciembre de 2024, en una ceremonia que congregó a líderes de todo el mundo, miles de personas han cruzado a diario el umbral de este icono junto al Sena.

Procedentes de todos los rincones del planeta, los visitantes se acercan tanto por motivos espirituales como turísticos, superando ampliamente los nueve millones anuales que se registraban antes del siniestro ocurrido el 15 de abril de 2019.

A pesar de que aún permanecen andamios y grúas en sus inmediaciones, testigos de que la restauración no ha concluido por completo, lo cierto es que el interior del templo ofrece un aspecto renovado e impecable que ha sorprendido a muchos.

«Es un icono de París (...) Está bonita. Es sencilla, a mí me ha recordado a la catedral de León por fuera», compartía María del Mar, una turista riojana, con Efe. Por su parte, Ana, visitante murciana, comentaba con asombro: «Por dentro está preciosa, parece como si no hubiera pasado nada. Es al contrario, está espectacular».

Uno de los aspectos más llamativos de la restauración ha sido la limpieza integral de las piedras, que eliminó restos de carbonilla tóxica y ha devuelto a los muros su color claro original, ahora resaltado por un moderno sistema de iluminación. Este ambiente diáfano y luminoso realza aún más la majestuosidad del conjunto gótico.

Para facilitar la experiencia, la catedral ofrece dos modalidades de acceso: mediante reserva previa en línea o acudiendo directamente a la explanada, donde las colas han mejorado notablemente su ritmo en comparación con los primeros meses.

A pesar del alto número de personas que confluyen en el interior, la visita se desarrolla de forma ordenada y fluida. «Dentro se acumulan multitudes, pero la experiencia no es desagradable y está todo bien indicado», explicaba Virginia, también turista procedente de Murcia.

La gratuidad del acceso constituye otro de los grandes atractivos del monumento, especialmente si se compara con el coste que supone entrar a otras grandes catedrales europeas, como las españolas.

A pesar de que figuras como la ministra de Cultura de Francia, Rachida Dati, han abogado por introducir un precio de entrada, la Iglesia católica francesa se ha mantenido firme en su decisión de mantener Notre Dame como un lugar de acogida universal, accesible a todos. Esto, pese a que los trabajos de restauración han supuesto una inversión cercana a los 700 millones de euros, sufragados por el Estado.

Este enfoque abierto al mundo ha contribuido en buena medida al impresionante volumen de visitantes, situando a Notre Dame por encima del Palacio de Versalles (8,4 millones), la torre Eiffel (7 millones) y el museo del Louvre (casi 9 millones).

Con estos datos, la catedral parisina iguala a la basílica de San Pedro del Vaticano, aunque todavía se encuentra por detrás de la Ciudad Prohibida de Pekín, que lidera la clasificación global con 17 millones de visitas anuales.

Más allá del plano turístico, el primer aniversario de su reapertura coincide también con la plena recuperación de la vida litúrgica en Notre Dame. Según datos de la diócesis de París, durante este año se han celebrado más de 1.600 actos religiosos y 650 peregrinaciones.

Entre los momentos más destacados figuran la misa del Gallo del pasado 24 de diciembre, la primera tras el incendio, así como los oficios fúnebres por el fallecimiento del Papa Francisco y la posterior entronización del nuevo Pontífice, León XIV.

La catedral, símbolo de la fe, el arte y la historia europea, vuelve así a ocupar el lugar central que siempre tuvo en la vida de París y del mundo.

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