Marcel Proust recibió el Premio Goncourt en 1919
El premio literario de AENA de un millón que dice querer ser (mal empieza) como el Goncourt de diez euros
AENA es la empresa pública española, dirigida por Maurici Lucena (del PSC y «experto» de Sánchez) que gestiona aeropuertos. No parece su ámbito (las infraestructuras) ni su naturaleza (estatal) lo más indicado para la creación de este galardón
El mundo literario todavía está sacudiéndose la noticia del nuevo Premio de Narrativa de AENA, la empresa pública española que gestiona aeropuertos. No parece su ámbito (las infraestructuras) ni su naturaleza (estatal) lo más indicado para la creación de este galardón.
Lo más llamativo es su cuantía: un millón de euros, el mayor del mundo junto al Premio Planeta, con la importante diferencia de que este es de capital privado y aquel no. Dice AENA que el dinero del premio sale del presupuesto de la propia compañía y no del Estado.
AENA es una empresa pública cotizada cuyo 51 % pertenece al Estado a través de una sociedad (ENAIRE). Funciona como una sociedad anónima con autonomía empresarial. Pero si el 51 % es público, significa que su parte mayoritaria lo es, lo que hace que el millón de euros del premio (más los cuatro premios de 30.000 para un total de 2,5 millones: AENA invertirá otro millón en la compra de ejemplares de los finalistas ) de inversión es en buena medida público.
Al menos desde el punto de vista de que se trata de dinero proveniente de una empresa pública. El hecho de que opere como mercantil no elimina el hecho de su «estatalidad», lo que supone un gasto (cuantioso) en un premio literario de una empresa pública que ni siquiera pertenece al mundo de la cultura.
La iniciativa cultural de una empresa pública que funciona como una sociedad anónima y que afirma que el dinero del premio sale de sus recursos y beneficios, lo cual forma un pequeño batiburrillo sin conclusiones o/y con diferentes visiones. Es cierto que el gasto lo asumen accionistas privados, pero también el Estado «que somos todos».
El asunto se justifica por el «interes empresarial» de una empresa pública que funciona como una privada. Se habla de sostenibilidad o de valor de marca. También de reputación. Pero ¿podrían esos 2,5 millones de euros bajar, por ejemplo, las tasas aeroportuarias? ¿Beneficiar a los usuarios en vez de financiar el más cuantioso premio de literatura del mundo?
Visto así parece exagerado todo. Incluido el hecho de que ya existe un Premio a un libro, el Nacional de Narrativa, que podría quedar desprestigiado (aunque ya lo está por el sesgo ideológico) con la llegada del Premio de AENA y su montón de dinero y sus intenciones de ser como el Booker de Inglaterra o el Goncourt de Francia, para lo que ha empezado mal sobre todo en la comparación económica con este último, cuyo premio simbólico asciende a diez euros.
El Goncourt es prestigio puro (si no hablamos de la ideología) y el «AENA» de momento solo dinero puro. Su objetivo es el valor literario y su esencia distinta del resto de premios, alejado del Estado (aunque la empresa que lo concede es pública) y de las editoriales en un intento de mecenazgo a la vieja usanza en la idea, pero no en la forma: con dinero público de por medio y algo más: un presidente, Maurici Lucena, del PSC y antiguo «experto» de Sánchez, recientemente renovado en el cargo por el Gobierno hasta 2030.