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El Credo de Nicea fue redactado en griego en el año 325Getty Images/Mofles

Filosofía para todos

La imprecisión filosófica en la traducción española del Credo

La profesión de fe redactada en Nicea recurre a conceptos del pensamiento griego

Se conmemora este año el 1700º aniversario del concilio de Nicea. Por ese motivo, el papa León XIV acudió a Turquía en su primer viaje pastoral y allí visitó las ruinas de aquel lugar en el que los obispos de la joven Iglesia definieron aspectos esenciales de la fe cristiana y frenaron algunas de las herejías más graves del momento.

En particular, aquel encuentro sirvió para remarcar la condición de verdaderamente Hijo y verdaderamente Dios de Cristo. Los debates teológicos pretendían argumentar desde la fe y la razón contra la doctrina de Arrio, quien consideraba a Jesús como una criatura creada y, por lo tanto, inferior al Padre.

La filosofía griega, al rescate

Lejos de revisiones simplistas, los llamados por el emperador Constantino para acudir al concilio de Nicea, no tenían miedo a utilizar la razón para apuntalar la fe. Los Padres de la Iglesia se esforzaron en explicar y profundizar toda una serie de novedades y conceptos que el mensaje de Jesucristo había introducido en un mundo intelectualmente aferrado al pensamiento griego.

Por ese motivo, y aunque el propio Papa reconoce en su carta In unitate fidei que «el Credo de Nicea no formula una teoría filosófica», también pone el foco en cómo se utilizó un concepto clave de la filosofía helena para desmontar la tesis de Arrio: el de sustancia.

Recuerda León XIV que la profesión de fe redactada en 325 afirmaba que "Jesús es el Hijo de Dios en cuanto es « de la misma sustancia (ousía en el griego original) del Padre [...] generado, no creado, de la misma sustancia (homooúsios, también griego) del Padre». Una palabra, la de sustancia, que no aparece en la Escritura, pero que hacía entendible a los hombres de su tiempo la esencia divina compartida por Padre e Hijo.

Una traducción que simplifica

Llegamos así al problema con la traducción española de este 'Credo largo'. El símbolo de Nicea (con los añadidos del concilio Constantinopolitano y posteriores) se proclama en todo el mundo y en la lengua de cada lugar. En nuestro país, la versión aprobada por el Vaticano decidió sustituir el término «sustancia» o «consustancial» por la expresión «de la misma naturaleza del Padre».

En principio, se entiende que la idea de una misma esencia divina queda clara con esta expresión. Parece que se busca una simplificación que facilite la comprensión a todos los creyentes, sin tecnicismos filosóficos. Sin embargo, en otras lenguas en las que el debate terminó por abrirse se acabó por imponerse el retorno a la «consustancialidad», como en la inglesa.

La imprecisión de ese «de la misma naturaleza» radica en que no abarca la total implicación de lo que quiere transmitir. Como ejemplifica el teólogo Miguel Ángel Fuentes: «Dos hombres somos de la misma naturaleza, pero no somos consustanciales». Un matiz que puede dar paso a la ambigüedad.

Un cambio sustancial

Es en Aristóteles donde se puede encontrar la mejor forma de entender qué es eso de la sustancia. Para el discípulo de Platón esa ousía supone el modo de ser por excelencia, el que es en sí mismo y no en otro, lo que serían los accidentes. «Esta mesa» es una sustancia, mientras que el «ser rojo» solo puede darse como accidente de esa mesa, por ejemplo.

La ousía griega se tradujo al latín substantia, «lo que está debajo». Así, la sustancia puede asemejarse a la esencia, lo que hace que algo sea lo que es a pesar de los cambios que puedan darse. Si, como se dice en el Credo, el Hijo comparte la sustancia con el Padre, esto implica una misma realidad de ser. Una enmienda a la totalidad del arrianismo.