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P.G. Wodehouse y Alfonso Ussía

P.G. Wodehouse y Alfonso UssíaGTRES

Wodehouse, el escritor al que Ussía robó el genio para hacer el suyo

El marqués de Sotoancho es el acertadísimo homenaje a Lord Emsworth o a Bertie Wooster, y Alfonso Ussía fue, como su espejo, un guardián de lo clásico que se iba quedando atrás y él restauraba a fuerza de humor personalísimo

Fue Picasso el que dijo que los buenos artistas copian y los genios roban. Esto quiere decir que un genio nunca se plantea imitar, sino directamente asaltar a quien admira para, en el proceso artístico fabril, acabar siendo uno mismo a pesar de las evidencias que, tras los resultados, nunca pueden ser incriminatorias, sino laudatorias.

En el rock ocurre (u ocurría) mucho esto. Aparte de las versiones (cantar canciones de otros) por las que, por ejemplo, nadie se acuerda de la versión original de Twist and Shout de The Top Notes, sino de la de Los Beatles, muchas de las grandes canciones de la historia surgieron de los ritmos, melodías o punteos de guitarra de otras. Muchas veces de forma escandalosa.

La industria musical está llena de indemnizaciones a autores desconocidos. Alfonso Ussía, genio que está ya en los cielos, nunca tuvo que indemnizar a P.G. Wodehouse, escritor inglés del que siempre se consideró admirador y deudor. El pago lo hizo con el estilo de su propia obra y hasta con el estilo de su propia vida personal, inspirados ambos en los del desternillante y despreocupado autor universal de Guildford.

A Wodehouse Ussía le replicó en tono español y con españolidades le decoró. Uno ha de tener siempre una guía hasta que esta se mete tan dentro que ya no se necesita: el camino surge distinto, parecido, pero completamente único. P.G. (Pelham Grenville) vivió casi dos décadas más que Alfonso, pero ya en la senectud de los años la cabeza les funcionó a ambos hasta el final.

El marqués y Lord Emsworth

Wodehouse murió pensando en su siguiente novela y Ussía en su siguiente artículo. Pocos meses antes de morir a los 93, el inglés se preocupaba porque no sabía cómo iba a superar su último libro, Solteros anónimos, del que se sentía orgulloso porque su editor no le había cambiado el título como era habitual.

El marqués de Sotoancho es el acertadísimo homenaje a Lord Emsworth o a Bertie Wooster, y Alfonso Ussía fue, como su espejo, un guardián de lo clásico que se iba quedando atrás y él restauraba a fuerza de humor personalísimo. Cómo no recordar que para Ussía los zapatos tenían que ser incómodos igual que para Wodehouse las polainas tenían que estar impecables, aunque el resto del atuendo no lo estuviera.

No había sexo en la literatura de Wodehouse, tampoco en la de Ussía, aunque su aportación, su genialidad, si fue la sicalipsis elegante y sonora, descacharrante. Ninguno de los dos escribió nunca nada serio y ninguno de los dos terminó sus estudios universitarios: el periodismo desde una muy temprana juventud fue su formación. Los dos trabajaron en la radio, siempre con el humor como característica.

Uno se fue a Estados Unidos a vivir y el otro a Cantabria, como en un exilio triste después de los tiempos felices, pero ambos siempre tuvieron un temperamento alegre. Dicen que una infancia y un matrimonio feliz, como fueron los de ambos, tiene mucho que ver en esto, pero Wodehouse afirmaba que era algo innato. Era difícil no ver a Ussía riendo o haciendo reír.

Similares, pero diferentes

Ninguno se preocupaba demasiado por las pequeñas (tampoco por las grandes) idiosincrasias menos agradables de la existencia, como reflejaban sus obras. Más combativo y directo Ussía, peleón se diría, Wodehouse no señaló jamás a nadie salvo en la generalidad no personalizada de sus retratos. Similares, pero diferentes. Ussía robó el genio (como un genio) de Wodehouse para hacer el suyo.

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