José María Pemán en 1961
José María Pemán, el gran poeta católico y de derechas al que el sanchismo quiso pasar factura
El conocido despectiva y arbitrariamente como 'El poeta del Régimen' fue menospreciado por sus compañeros de generación y por la historia posterior debido a sus ideales personales y políticos. Hoy se rehabilita su figura en una victoria sobre la sectaria Ley de Memoria Democrática
José María Pemán fue el poeta natural, de familia pudiente y de pensamiento tradicional y religión católica, defensor de todo ello, características personales por la que fue un apestado, o algo peor, entre la «gauche divine» del 27.
'El poeta del Régimen' fue la letra escarlata con la que la izquierda dictadora de la cultura (que permanece en la idea peor, pero no en el talento), marcó su memoria después de la muerte de Franco, bajo cuya gobernanza fue un autor colmado de honores por sus afinidades ideológicas, que en ningún caso fueron superiores a sus méritos artísticos.
Sus convicciones religiosas fueron asunto de juventud. Una fe jesuítica que caló en el futuro vate, escritor, ensayista y dramaturgo de ingente obra del que dijeron sus contemporáneos para desacreditarle como intelectual que no alcanzó a leer más que obras virtuosas.
Abogado penalista durante algunos pocos años, propagandista sin ocultación (escribió en el primer período de El Debate de la mano de Ángel Herrera Oria), le acusaron de propaganda franquista que no fue sin ocultación y sí sin la verdadera convicción que se le atribuyó como un pecado laico imperdonable que por supuesto lo era, perdonable.
Sobre todo cuando su monarquismo de una inflexibilidad casi infantil, fundado también por el primorriverismo ideológico y familiar (era cuñado de Miguel Primo de Rivera, hermano de José Antonio), era el nexo fundamental con un franquismo que utilizó sus afinidades para convertirlo, falsamente, en un vigoroso y notable defensor del Régimen.
Tan falsamente vigoroso como que dirigió una purga del profesorado para depurarlo de republicanos y contrarios a su monarquía, que luego tantas veces se negó a concluir interviniendo a favor de muchos señalados, como en el caso de Gerardo Diego, miembro destacado de la generación que le excluyó ideológicamente de su membresía.
Más allá de todas las abundantes confusiones con las que le vistieron fue un dramaturgo de inapelable éxito en medio de la II República, todavía muy lejos del franquismo, que luego le utilizó de similar modo que el frentepopulismo había utilizado a Manuel Azaña (quien le dio su voto para ingresar en la Academia en 1936) al que circunscribieron su fama sus contrarios sectarios, cuyos herederos podemitas y socialistas retiraron en 2020 el busto de su casa natal en Cádiz o en 2021 una placa homenaje en Cádiz, en cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica, a la que en 2026 la familia de Pemán ha logrado vencer.