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Salman Rushdie en una imagen de archivoEFE

Salman Rushdie regresa con una colección de relatos y afirma que la vida después de la muerte es una «ficción»

'La penúltima hora' (Random House) es el título de su nueva obra de ficción

El regreso de Salman Rushdie a la ficción tras su relato autobiográfico Cuchillo, donde narraba el atentado del que fue víctima en 2022, es uno de los principales eventos literarios de 2026.

La novela La penúltima hora (Random House), que reúne cinco relatos descritos como crepusculares y reflexivos, es una de las obras más esperadas, y de ella habló Rushdie en una conferencia telemática ante medios de habla española.

Son varias las cuestiones que trata el escritor anglo-indio en su nueva obra: la muerte, la herencia personal, el arte, la libertad de expresión…, y de todo ello habló el escritor.

«No creo en la vida después de la muerte, pero es una ficción muy útil», manifestó Rushdie durante la concurrida rueda de prensa telemática a la que asistió Efe. El autor admitió que su visión de la muerte se ha visto profundamente alterada desde el atentado que casi le costó la vida.

Nacido en Bombay en 1947, Rushdie confesó que la cercanía con la muerte le ha llevado a plantearse insistentemente cómo encaran los creadores los últimos compases de su existencia y de su producción artística. «Me he preguntado si lo hacen con serenidad o con rabia», comentó, para luego concluir: «Supongo que puedes optar por ambas, según el día de la semana». Como ejemplo ilustrativo citó a Beethoven, quien, pese a enfrentarse al envejecimiento, la sordera y la frustración, compuso en su tramo final obras de profunda luminosidad como la Novena Sinfonía o el Himno a la Alegría.

En La penúltima hora, el autor de Los versos satánicos retoma algunos de los escenarios y personajes de Hijos de la medianoche, su novela más célebre y ganadora del Booker Prize en 1981. Así, el lector se reencuentra con el Bombay de aquella obra, pero también con ecos de Inglaterra y Estados Unidos, los otros países en los que ha residido a lo largo de su trayectoria.

«Es una especie de repaso al espectro del trabajo que he estado haciendo toda mi vida», señaló Rushdie al reflexionar sobre la naturaleza de esta nueva obra, que actúa a modo de compendio vital y literario.

Instalado en Estados Unidos desde hace 25 años, Rushdie no eludió la actualidad política del país y calificó de «sombríos» los tiempos que atraviesa. En particular, expresó su preocupación por el endurecimiento de las políticas migratorias y el auge de la censura, que, a su juicio, atenta directamente contra la Primera Enmienda de la Constitución estadounidense.

«Es terrible», sentenció. «Si un solo padre presenta una objeción sobre un libro en una biblioteca escolar, se retira para discutirlo, y esto está afectando a obras como Cien años de soledad, Beloved de Toni Morrison, Matar a un ruiseñor o Huckleberry Finn». No obstante, celebró que muchas de estas restricciones hayan sido revocadas por los tribunales, aunque advirtió: «Hay que seguir luchando».

El relato que cierra el volumen, titulado El viejo de la piazza, se presenta como una alegoría en defensa de la libertad de expresión y contra la creciente polarización social. «Hemos dejado de ser los amantes de la poesía que éramos antaño, los aficionados a la ambigüedad y devotos de la duda, para convertirnos en moralistas de bar», se lamenta el narrador en un pasaje del cuento.

Rushdie reconoció que esta afirmación refleja su visión del presente: «La comunicación entre las distintas partes de la sociedad se está viniendo abajo. Cada vez es más difícil hablar, e incluso cuando compartimos el mismo idioma, no nos entendemos. Y cuando eso ocurre, el peligro es enorme».

Uno de los relatos más singulares del libro es Oklahoma, que el propio autor describió como el más «borgiano» por su carácter metaficcional, pero también como el más «español». La inspiración le llegó tras una visita al Museo del Prado, donde quedó profundamente impactado por las pinturas negras de Goya, realizadas durante su retiro en la Quinta del Sordo, en un contexto de creciente absolutismo.

«Estuve pensando en ellas y en las circunstancias en que vivía cuando las pintó, en su salida de la corte debido al cambio de atmósfera hacia un régimen más totalitario», explicó Rushdie, quien encuentra paralelismos entre ese momento histórico y la actualidad. En el cuento también se hace alusión a Velázquez y a El Bosco, concretamente a La extracción de la piedra de la locura, un cuadro menos conocido que llamó poderosamente su atención. «Me gustó la idea de que la locura pudiera ser un objeto físico que puede ser extraído», comentó.

Han pasado 32 años desde que Rushdie no publicaba una colección de relatos. Ahora reivindica este formato con convicción, recordando que algunas de las más grandes obras de la literatura universal son novelas breves, como La metamorfosis de Kafka —que también aparece en La penúltima hora— o Muerte en Venecia de Thomas Mann.

El autor continúa considerando la literatura como una forma de resistencia. «No puede derrocar regímenes, pero puede aumentar nuestra comprensión del mundo», afirmó. Y, lejos de amagar una retirada, anticipó que ya está trabajando en su próxima novela.