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Cubierta de 'La broma infinita', de David Foster Wallace.Debolsillo

Se cumplen 30 años de esta novela con millones de ejemplares vendidos y que es imposible de leer

La broma infinita de David Foster Wallace se publicó el 1 de febrero de 1996

Hay determinados libros que, todo lector «cultureta» que se precie tiene la obligación de decir que los ha leído, aunque no sea verdad.

Está el caso del Ulises de James Joyce, o algún que otro clásico de Dostoyevski o Tolstoi, y, claro está, el Quijote, de Cervantes. En esa categoría entra también La broma infinita, del escritor estadounidense David Foster Wallace.

Este clásico de más de 1.200 páginas cumple hoy 30 años, en este tiempo se ha convertido en una pieza esencial de la literatura norteamericana moderna y en determinados ambientes de expertos en literatura, críticos y obsesionados por la lectura parece una vergüenza reconocer que no se ha leído, o que no se ha podido terminar.

La broma infinita ha vendido millones de ejemplares en todo el mundo, su autor se convirtió en un imprescindible de las letras estadounidenses, y sin embargo, son pocos los que ha sido capaces de leer entera esta obra imposible, y menos aún los que, logrando acabarla, han sido capaces de comprenderla.

Pero ¿de qué trata La broma infinita? Se trata de una novela ambientada en unos Estados Unidos alternativos y distópicos, una realidad imposible en la que, por increíble que parezca, Foster Wallace hizo una serie de predicciones, algunas de las cuales se han cumplido parcialmente con los años.

En ese futuro distópico ideado por Foster Wallace, unos Estados Unidos neoimperiales han anexionado Canadá y México (¿no recuerda a las actuales pretensiones anexionistas de Donald Trump?) dando lugar a un nuevo estado denominado Organización Norteamericana de Naciones, cuyas siglas serían ONAN, en clara referencia al onanismo (la ironía y el humor negro son una constante en esta novela y, en general, en la obra de Foster Wallace).

En ese futuro distópico las grandes compañías dan su nombre a los años (por ejemplo, el Año de la Hamburguesa Whoper), y es que la publicidad agresiva se ha vuelto omnipresente. Parte de Estados Unidos y Canadá ha desaparecido en una enorme fosa séptica denominada gran concavidad para depositar residuos tóxicos, y que poco a poco va envenenando todo el territorio.

La acción central transcurre en gran medida en la Academia Enfield de Tenis (el tenis, gran obsesión de David Foster Wallace, tenista frustrado) y en un centro de desintoxicación para drogadictos ubicada en Boston.

La familia Incandenza es la gran protagonista de la historia, el cabeza de familia, James Incandenza, un cineasta que se suicida de forma brutal, dejó como legado una cinta denominada La broma infinita, que tiene la capacidad de enajenar la conciencia de quien la ve, que, incapaz de quitar la mirada de la pantalla, termina muriendo de inanición.

Un grupo terrorista independentista quebequés, denominado Asesinos en Sillas de Ruedas, trata de hacerse con la cinta para infiltrarla en los televisores estadounidenses provocando una oleada de muertes masivas entre las familias de Estados Unidos y colapsar la ONAN.

La estructura aparentemente caótica, las conexiones literarias y culturales con referencias no especificadas, así como las paradojas imposibles constantes, o las larguísimas notas a pie que ocupan gran parte del libro, hacen de la lectura de La broma infinita una tarea titánica.

Sin embargo, el tema central de la novela, donde reside la clave para que todas las piezas encajen, es la angustia vital, angustia vital que amenazaba la salud mental del propio David Foster Wallace y que, en última instancia, terminaría golpeándole de forma trágica.