Pablo Iglesias y Arturo Pérez-Reverte
Pablo Iglesias rehúsa la invitación de Pérez-Reverte: «Es Julio Iglesias organizando jornadas sobre feminismo»
Tras el vodevil, no exento de gravedad, inaugurado por David Uclés, ahora el exvicepresidente celebra que no se debata dentro de «los marcos» establecidos «por la derecha y la extrema derecha»
Parece que se ha puesto de moda dejar plantado a Pérez-Reverte y sus Letras en Sevilla. O más bien lo que se ha puesto de moda es no debatir. No debatir es recurrir directamente al sectarismo, lo cual, para los sectarios como Iglesias, es resolverse muchos problemas que su capacidad (o su ausencia de ella) posibilita.
El escritor de moda, David Uclés, de moda de todo, hasta de lo que no debería estar de moda nunca, cortó la cinta de esta inauguración, de este estreno «progresista» que corta (la cinta) por lo sano y salva su ignorancia con radicalismo: la cancelación más asombrosa, la de negarse a debatir, la de abolir la argumentos en favor de las consignas y de la doctrina.
Tras anunciarse la nueva fecha de Letras en Sevilla, del 5 al 9 de octubre, y también la invitación al exvicepresidente del Gobierno, este dijo que lo agradecía, «pero conmigo que no cuente», espetó en referencia al organizador y al invitador Pérez-Reverte, y aludiendo a las jornadas: «Es como Julio Iglesias organizando unas jornadas sobre feminismo».
No se debate, pero se dicta sentencia. Se critica la forma, pero no se atreven a decir por qué. Simplementen dictan la fatua, al modo ayatolá, con la falsa suficiencia que les da el disfraz de superiores moral porque sí. También ha tildado al académico de ser «un propagandista de la derecha que además acostumbra» a insultar «constantemente» a partidos de izquierda, como Podemos.
Según Iglesias, como Uclés, el abstemio con vino, hay que celebrar esta negativa, esta prohibición, esta negación antihumanista para no comprar «los marcos» que establece la derecha y la extrema derecha: el eufemismo de decir que solo se puede «debatir» bajo las consignas de la izquierda, incluso las meramente expositivas.
Una pobre excusa hermana de la postura negacionista por la que Uclés, el inusitado protagonista de este grave y triste vodevil «no volverá», según Pérez-Reverte (aunque nunca fue), por haberse desacreditado a sí mismo y no quererse que desacredite el evento con su presencia.