La inteligencia artificial o el Terminator que amenaza con acabar con (casi) toda forma de arte
No hay nada que el robot no pueda hacer alimentado con tanta información, entrenado en semejantes «centros de alto rendimiento» a través de las grandes obras de la humanidad
Imagen de Terminator en el Museo de Cera de Londres
Estamos viendo demostraciones aterradoras. En las redes sociales se pueden ver todos los días «obras» de inteligencia artificial hechas por simples usuarios que desafían a la realidad. ¿Qué no podrá hacer una industria dedicada expresamente a ello?
Los muertos vuelven a la vida en situaciones inimaginables. Personajes de distintas épocas se relacionan entre sí como si se estuviera viendo porque se está viendo. La máquina puede componer nuevos discos completos de Los Beatles o de cualquier otro artista que se pueda imaginar, vivo o muerto.
El avance de la IA es tan asombroso o imparable como peligroso en muchos usos. El arte está en el punto de mira. No hay nada que el robot no pueda hacer alimentado con tanta información, entrenado en semejantes «centros de alto rendimiento» a través de las grandes obras de la humanidad.
Se sabe los códigos y, a través de ellos, los secretos, las esencias de la creación humana. Aún queda algo de tiempo para que la suplante por completo, pero quizá no tanto como se cree. Lo ha dicho Antonio Banderas. Dijo que le habían mostrado la imagen de una película protagonizada por él.
Él era Hernán Cortés, pero no era él, sino una imagen creada por la tecnología en la que él mismo escuchaba su voz sin ser capaz de encontrar la diferencia entre realidad y creación. Algo parecido (o idéntico) a cómo en Terminator muchos de los personajes suplantados por el robot de metal líquido se quedaban paralizados ante su propia imagen antes de morir.
Esto ya ha sucedido porque lo ha contado Antonio Banderas, afortunadamente sin tener que morir. El mismo actor español ha vislumbrado un futuro fatal para el cine, sobre todo el de Hollywood, la industria donde los actores que cobran millones podrán ser sustituidos por su imagen creada.
Un nuevo mundo en el que, como ya se ha dicho, esos actores podrán compartir pantalla con actores fallecidos, devueltos a la actualidad. No hay límites para la inteligencia artificial respecto al arte: canciones, pinturas (al estilo de Velázquez o Van Gogh), esculturas (con el sello de Miguel Ángel), diseños arquitectónicos...
Solo la creación en directo está a salvo de la máquina, que podrá estrenar nuevos discos de Elvis, pero no podrá hacer que «El Rey» vuelva a actuar en directo. También lo ha dicho Antonio Banderas: «Pase lo que pase con la tecnología y la IA, nunca cambiará el teatro». Las películas sí, en una suerte de fin del cine, pero no del teatro.
El teatro y las actuaciones en directo son las únicas formas de arte que están a salvo del cataclismo artístico que se avecina, cuya creciente perfección es más que probable que vaya acabando paulatinamente con las reticencias principiantes de muchos para terminar imponiéndose en la mayoría del público.
Quedará el teatro y las actuaciones en vivo como último refugio eterno del arte humano, desde el cual, quién sabe si podrá (o tendrá que) surgir una rebelión, como en Terminator, para liberar al arte de las máquinas.