Sonsoles Ónega, en la presentación de su novela 'Llevará tu nombre'
Entrevista
Sonsoles Ónega: «Hay quienes deciden quién tiene prestigio literario y quién no y eso es terrorífico»
La periodista y escritora, que se declara fan de David Uclés y su Península de las casas vacías, lanza su primera novela, Llevará tu nombre, tras haber ganado el Premio Planeta en 2023
Nos recibe entre emisión y emisión de Y Ahora Sonsoles y se despide con un «gracias de corazón por la entrevista». Sonsoles Ónega es sentimiento en estado puro. Lo demuestra cada día en televisión y siempre que da su opinión sobre cualquier cuestión de actualidad. Nos confiesa que sigue traumatizada de las críticas que recibió en 2023 por ganar el Premio Planeta, pero que cree que ha llegado el momento de ponerle punto y final a tanto dolor. Llevará tu nombre (Planeta), su primera novela tras la polémica, puede convertirse en su ariete o en su catapulta literaria. Hay presión autoimpuesta en esta nueva publicación, pero de momento, la jugada pinta buena. Ambientada en la España de finales del siglo XIX, la obra habla del sentido del deber y del honor, hoy tan desaparecidos, y de la lucha de las mujeres por buscarse un hueco en la sociedad.
-Llevará tu nombre. En un tiempo de identidades tan líquidas, ¿qué hay detrás de ese título?
-El título hace alusión a una parte de la trama de la novela, en la que la protagonista que empieza a escribir lo hace a las órdenes del señor para el que trabaja, don Gonzalo, y no firma con su nombre como reflejo de la realidad de las mujeres de finales de siglo XIX, que escribían sin poder firmar con su nombre o tenían que utilizar nombre de hombre. Es decir, que el título de la novela es en sí mismo una reivindicación de la creación literaria de las mujeres.
-Y ¿qué le debe una persona a su nombre, a su apellido?
-En aquella época, todo. A mi protagonista, Mada, le acusan de un asesinato que no ha cometido y para no dañar el honor de su familia acepta que la manden a un Madrid difícil, que su padre la sacrifique. O sea, para ella su apellido es casi sagrado y su objetivo es recuperar el honor que cree perdido. En ese sentido el tema de la identidad sigue muy vigente. Vivimos un momento en el que hay quien se borra la identidad para insultar en las redes sociales, hay quien la oculta por miedo a ser cancelado, hay quien le gustaría ocultarla porque se ve salpicado por escándalos que deberíamos tener ya superados en pleno siglo XIX... Yo reivindico el nombre y la identidad permanentemente. O sea, creo que en este tiempo en el que nos podemos ocultar detrás de cualquier nombre absurdo, dar la cara con nuestro nombre y apellido tiene un valor.
-Hoy resulta casi impensable que a alguien le ocurra lo que le sucede a Mada por una cuestión familiar, sobre todo porque el sentido del deber y del honor se ha perdido...
-Totalmente de acuerdo. No tenemos esa sensación de deber ni de debernos nada, ni siquiera de ser coherentes con nuestro propio pensamiento. O sea, igual podemos decir hoy A, que mañana decimos B, al otro C, y al otro ya no sabemos ni reconocernos cuando nos miramos al espejo. Vivimos en un momento no ya de descrédito, sino de falta del sentido de la lealtad y, por supuesto, del honor, sin ninguna duda.
-¿Se debería de recuperar el sentido de honor?
-Sí. Y de la coherencia. Porque de la coherencia emana todo lo demás. Vivimos en un momento de desconfianza, de descrédito, de falta de credibilidad. O sea que vivimos en un momento difícil.
Portada de la novela 'Llevará tu nombre'
-¿Qué le llamó la atención del siglo XIX, de ese Realismo literario, para ambientar la novela en esta época?
-Es un siglo inabarcable y me interesa todo de él, pero lo que me atrajo es que es el punto de partida de un montón de cosas. Es el arranque del despertar de la necesidad de ilustración de las mujeres; es el punto de partida de un periodismo del que seguimos viviendo hoy en día, marca también el principio de la medicina llevada al pueblo. O sea, estábamos esperando las vacunas en años de epidemias brutales donde la gente se moría por decenas de miles. O sea, es un momento muy importante de inicio de un montón de cosas que luego marcarán el XX.
-España perdió las colonias y la sociedad entró en crisis económica y social. ¿Ha encontrado similitudes con aquel siglo y el actual?
-Bueno, ¡hay quien dice que todavía no nos hemos recuperado del drama del 98! que nos ha dejado una herida de la que no nos hemos terminado de curar. Y es probable que así sea. Hubo mucho honor nacional perdido y, a lo mejor, somos herederos de esa herida, no tanto de la del 36, como de la del 98. Pero bueno, todos los tiempos tienen alguna enseñanza que se pueda aplicar al presente. Esta novela empieza con Alfonso XII. Luego vendrá Alfonso XIII y este hizo algunas cosas que provocaron otras. Le faltó arrojo político, como puede estar faltando ahora... No en la monarquía, ¿eh? Por favor, no me confundan.
La formación y la cultura es lo único que nos hace libres. Es un escudo magnífico contra los abusos de poder
-Su protagonista confía en que recibiendo una educación va a salir adelante. Hoy parece que el esfuerzo ya no garantiza un futuro...
-Yo creo que la formación y la cultura es lo único que nos hace libres. En el caso de las mujeres es un escudo contra la dependencia de los hombres. Y, desde luego, en los años de la novela resultaba determinante. La cultura es un escudo magnífico contra los abusos de poder.
-La protagonista lee y escribe para sobrevivir. ¿Se ha sentido identificada?
-Sí. Yo escribo porque tengo que escribir. Es decir, a mí nunca vino una editorial a ofrecerme una idea o un libro para empezar a adentrarme en el mundo editorial. En absoluto. Yo escribo porque he necesitado escribir toda mi vida y eso supongo que tiene algo de vocación. No diría don, porque el don implica hacerlo siempre bien, y supongo que no siempre lo he hecho bien, ni siquiera ahora. Pero, sin duda, hay una vocación latente desde niña.
-En 2023 ganó el Premio Planeta con Las hijas de la criada. ¿Siente ahora más presión al publicar nueva novela tras haber ganado el Planeta?
-Siento la responsabilidad y la obligación moral autoimpuesta de volver a conquistar a los mismos lectores o, al menos, de no defraudar a los lectores de Las hijas de la criada. Si hay algo que me parece importante en cada uno de mis libros es que el lector me reconozca cuando abra la novela y me gustaría que ocurriera.
Supongo que tengo que ir pasando página de las críticas recibidas por el Planeta porque hay que ir superando los traumas...
-Hubo mucha polémica en torno al premio que recibió. ¿Cómo vivió las críticas?
-Las viví con dolor, naturalmente. Y la verdad es que me siento un poco pesada contestando esta pregunta, no por la pregunta, sino por la respuesta que me lleva siempre a hablar de lo mismo, de ese dolor que me produjo el no sentirme reconocida en lo que decían de mí; por el ataque personal y por la etiqueta que quisieron atribuirme, que en modo alguno me definía. Pero supongo que tengo que ir pasando página y lo hago también con gusto, porque hay que ir superando los traumas...
-¿Cree que hay una élite literaria en España que critica a los superventas?
-No es que haya una élite literaria, es que hay algunos grupos mediáticos que deciden quién tiene prestigio literario y quién no y eso me parece terrorífico, porque vivimos en un mundo en el que cada uno escribe lo que le da la gana y hay libertad para que los lectores compren lo que les da la gana. Igual que ven el cine que les da la gana o votan lo que les da la gana. Entonces, al final no hay nada más dictatorial que la decisión de lo que es buena o mala literatura, porque es como señalar quién es el bueno y el malo, en un mundo en el que la libertad es lo primero.
-¿Estamos viviendo una cultura cada vez más polarizada en lo literario también?
-Más que polarizada, que no sabría decirte y te diría que igual no, sí más incoherente. Y pongo de ejemplo a David Uclés, que ha sido elevado a los altares y defenestrado en cuestión de 24 horas por ganar un premio como el Nadal.
-¿Se declara fan del escritor?
-Absolutamente. Ya lo he dicho mucho antes de que ganara el Premio Nadal. Me declaré enamorada de La península de las casas vacías. Me parece una novela fantástica. Y es la novela de la Guerra Civil que a mí me hubiera gustado escribir.
-¿Hay libertad de expresión en España u os hacéis autocensura?
-Yo no me autocensuro en absoluto. Yo digo lo que me da la gana y tengo tres horas para equivocarme cada día... Otra cosa es que sea muy respetuosa con el sentido de mi público. Y creo que hay veces que hay que ser respetuoso con la opinión de todos.
-¿Qué espera que sienta el lector cuando acabe y cierre su nueva novela?
-Me encantaría que cuando terminaran de leer dijeran: 'yo también puedo. Quiero y puedo y lo voy a hacer', como definiría el carácter de la protagonista de la novela, una mujer que lucha, que pelea, que no se rinde y que no se conforma. Y a mí eso me parece maravilloso.