ilustración: sanchez pinocho
La mentira como «forma de talento» y otras diez frases de escritores sobre ella que retratan a Sánchez
Al presidente no le importa lo que dijo Corneille: «Hay que tener buena memoria después de haber mentido»: todas las mentiras de Sánchez pasan al olvido. Es la subversión de todos los principios
Los españoles están habituados (ese es el exacto y peor término posible) a las mentiras de Pedro Sánchez. El presidente ha hecho del mentir un uso corriente, un cambio de sentido de la comunicación. El sofisma retorcido que ha convertido la verdad en relativa e incluso la mentira en dogma.
Sánchez miente. La superación es que no solo ya no le importa, sino que es estrategia política principal: mentir sin escrúpulos, sin que, como reza el dicho: se le caiga la cara de vergüenza. Todo resbala en Sánchez. A nada vinculante contesta. Sobre nada negativo de sí mismo habla.
Hay que tener buena memoria después de haber mentido
Ante toda acusación se desmarca. Desaparece del punto de mira. Desvía el tiro en una red social, en una aparición mediática. Una parte de la sociedad no le pide, sorprendentemente, cuentas por todo ello. Esa parte de la sociedad acepta sus mentiras. Vive con ellas. Le jalea. Le vota.
A Sánchez no le importa lo que dijo Corneille: «Hay que tener buena memoria después de haber mentido»: todas las mentiras de Sánchez pasan al olvido. Es la subversión de todos los principios, menos el más conocido de Goebbels: «Una mentira repetida adecuadamente mil veces se convierte en una verdad».
El arte de vivir es el arte de saber creer en las mentiras
Este lo sigue a rajatabla: el timón de su barco. También se aplica de forma exacta, adaptada a sus intereses, a la máxima de Anatole France: «Sin mentiras la humanidad moriría de desesperación y aburrimiento». Es posible (más que posible) que Sánchez se crea un salvador y un animador, después de todo.
Podría decirse que el presidente es un vividor por aquello de Pavese: «El arte de vivir es el arte de saber creer en las mentiras», él y todos sus acólitos vividores. Con su mentira recalcitrante llega a negar a Tom Wolfe, quien dijo: «Con una mentira es posible que engañes a alguien; pero cualquier mentira te dice a ti mismo una gran verdad indiscutible: eres débil».
Como nada es más hermoso que conocer la verdad, nada es más vergonzoso que aprobar la mentira y tomarla por verdad
Sánchez no es débil y no se tiene a sí mismo como tal. Todo lo contrario. La dificultad máxima es el reto. Ha salido de los pozos más profundos del descrédito transformando el mismo descrédito, apoderándose de él para dominarlo.
No tiene vergüenza hasta el punto de mofarse del mismísimo Cicerón cuando este dijo: «Como nada es más hermoso que conocer la verdad, nada es más vergonzoso que aprobar la mentira y tomarla por verdad». Sánchez no solo aprueba la mentira y la toma por verdad, sino que la instituye ante nuestros ojos sin embarazo alguno.
El mentiroso tiene dos males: que ni cree ni es creído
El presidente se empacha de decir 'democracia' y de alertar contra la pérdida de libertad a propósito de la 'ultraderecha' y a pesar de Camus: «La libertad consiste, en primer lugar, en no mentir. Allí donde prolifere la mentira, la tiranía se anuncia o se perpetúa». La mentira de Sánchez prolifera y en la misma mentira se perpetúa su tiranía encubierta de libertad.
La tiranía que se anuncia, pero no lo parece, camuflada en las subsiguientes mentiras de sus socios y cómplices. Se están haciendo viejas las mentiras que dijo Sófocles que nunca viven tanto y por echar abajo principios derriba hasta los aforismos de Gracián, como un destructor absoluto: «El mentiroso tiene dos males: que ni cree ni es creído».
La mentira es una forma de talento
Sánchez cree y es creído, aunque no sea verdad. Gracián tiene razón, la verdad, pero el presidente se alimenta de la mentira. Es esa «forma de talento» a la que se refirió Cioran. Sánchez es ese hombre de Dostoievski que «se miente a sí mismo y escucha su propia mentira y llega a un punto en que no puede distinguir la verdad dentro de él y por tanto pierde todo respeto por sí mismo y por los demás».