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Manuel Segade, director del Museo Reina SofíaEFE

Las obras de ARCO que ha comprado el Reina Sofía: un callejón sin salida de ideología y fealdad

Los criterios son el aumento de la presencia de mujeres, complementar el arte de acción y la performance, el arte textil, el «arte conceptual matérico» o el «arte relacional»

No se sabe exactamente cuál es el criterio y de qué forma se lleva a efecto para elegir las obras de ARCO que ha comprado por 400.000 euros el Ministerio de Cultura para el Museo Reina Sofía. Se vio a Manuel Segade, su director, y a Amanda de la Garza, su lugarteniente, en animado grupo recorriendo los pasillos el primer día de la Feria.

Se supone que es algo más laborioso que ir por allí, mirar y elegir. Se supone que hay un catálogo previo al que tiene acceso el Museo como comprador antes de que las obras sean expuestas en Ifema. No se supone, sino que es evidente, que las compras tienen un perfil inexcusable, donde debe de primar el criterio inconfundible de Segade, que para eso es el director.

Dichos criterios han sido anunciados y son el aumento de la presencia de mujeres en los fondos del Museo, cubrir aspectos inéditos o poco representados en las Colecciones o complementar el arte de acción y la performance, el arte textil, el arte conceptual matérico o el arte relacional. ¿Será todo esto algo más que farfolla?

La cuestión es que la forma y el fondo de un Museo Nacional, público, como es el Reina Sofía, los decida su responsable como si fuera el responsable de un museo privado. Nada que objetar a las compras si se tratase de una institución particular y todo que objetar al no ser así. Los artistas subvencionados son un peligro público en el sentido de que pierden su condición de privados.

Los grandes genios del arte fueron artistas mayormente privados. Su fama estaba fundamentada en su maestría y no en su ideología. No en el sentido de sus obras, sino en su estilo y calidad. El sentido ya lo decidían los mecenas como ahora lo deciden los mecenas públicos que, al tener esta condición, se pueden considerar más bien como adoctrinadores, sobre todo al desaparecer la maestría para rellenar su hueco con la ideología.

Eso es lo que ha comprado el Ministerio de Cultura para el Reina Sofía, el Museo Estatal que avanza dentro de un callejón sin salida. Catorce artistas, ocho españoles y seis internacionales (cuatro de ellos sudamericanos) cuyas obras se han adquirido por un precio total de 400.000 euros.

Son, por ejemplo, la artista francesa Annette Messager, quien se caracteriza por su arte feminista, principalmente en instalaciones, un «género» de fealdad y también de violencia explícita. La brasileña Claudia Andujar y sus fotografías sobre indígenas. El afrofuturismo o la lucha anticolonial de la canadiense Kapwani Kiwanga a través de instalaciones y performances.

El indigenismo mezclado con lo LGTBI, la violencia de género o el feminismo de la peruana Venuca Emanán y sus tablas de Sarhua, una representación artística tradicional de la comunidad que tiene ese nombre. La crítica de género «performativa» de la bilbaína Ana Laura Aláez. Más instalaciones y «performances» en el batiburillo ideológico y formal de la onubense María Alcaide.

Una artista cuyo trabajo la revista Exibart define de la siguiente ininteligible forma: «Desarrolla una práctica artística que articula una crítica situada a los sistemas de poder que atraviesan el cuerpo, el trabajo y el territorio. Su metodología se basa en una aproximación vivencial que convierte lo personal en un dispositivo de observación política: desde la performance hasta el vídeo o la instalación, sus obras emergen como relatos híbridos donde la memoria, la ficción y el ensayo se entrelazan sin jerarquías...».

No se sabe lo que hace, como tampoco se sabe lo que hacen los demás artistas cuyas obras ha comprado el Ministerio de Cultura para el Reina Sofía, quizá el requisito, el no saber, el no comprender (como en el párrafo anterior) de lo que se trata para hacer de la estancia en el callejón sin salida del «arte» feo y político moderno más llevadera y, sobre todo, lo más duradera posible para sus responsables.