Un año más de ARCO, ¿y si lo mejor de la feria no fuese el arte?
En ARCO se camina como deslumbrado, sobre todo por la cantidad. Allí donde se mire hay algo que se debe mirar y a veces se duda si es así o no. Sucede siempre
Detalle de una obra de arte en ARCO
Más de mil artistas y más de doscientas galerías dan como resultado muchas obras. O se va con un experto o se va todos los días de la feria, los primeros para hacerse una idea, los segundos para seleccionar y los terceros para disparar.
El racimo de uvas de Juan Gris, a la venta por 4,2 millones de euros
Se refiere uno a los posibles compradores. Hay de todo, como en todas las ferias de todas las clases. Hay adefesios y cosas elegantes y valiosas como las uvas de Juan Gris. Modernas y algunas clásicas. pero sobre todo modernas. Arte moderno y clásico a la vez (y bello: virtud y objetivo artístico difíciles de encontrar en esta plaza) es por ejemplo la Mujer con violín de Benjamín Palencia (y de 1934).
Mujer con violín (1934) de Benjamín Palencia
Si todo fuera así en ARCO (que todavía no se había dicho la palabra mágica) sería para ir todos los días y no como comprador sino como aficionado al arte (y a la belleza). Pero no todo pueden ser objetos preciosos en una feria, que suena a jaleo, a gente, a mucha gente, donde en un panel parecía que un granjero había hecho la colada.
Obra de arte en ARCO
Y la hay. No es difícil perderse en el laberinto. Un laberinto atestado con rincones sin salida y con ella. En realidad uno en ARCO camina como deslumbrado, no precisamente por la calidad, sino por la cantidad. Allá donde se mire hay algo que se debe mirar y a veces se duda si es así o no. Sucede siempre.
Un rincón de ARCO
En el suelo había una pequeña plataforma, como para subirse para dar un mitin callejero, sobre el que había un reciente ejemplar de El País en cuya portada aparecía la noticia de la negativa de Sánchez a ceder las bases españolas a Trump. Era una obra de arte. Y además política, llamada El periódico del día.
El periódico del día
A poca distancia había unos cubos de basura con sus distintos colores para el reciclaje. Pequeños cubos rectangulares muy juntos y coloridos. Otra obra reivindicativa, en este caso del ecologismo, se pensó. Pero no: eran verdaderamente esta vez cubos de basura. O al menos eso se cree.
En ARCO pasa esto con frecuencia, la cantidad y la calidad inducen a error o al menos a duda razonable, lo cual no dice demasiado del peso del contenido, el cual, por otro lado, a casi nadie le importa, como la belleza.
Obra de arte en ARCO
Tampoco a la artista afgana que ha pintado un cuadro donde se representa una explícita orgía lésbica cuyas participantes son distintas líderes políticas como Hillary Clinton, Von der Leyen o Angela Merkel. Política e ideología y pornografía.
Es como encontrarse una escena de mujeres (u hombres) desnudos en mitad de un paseo por el bosque. Y no se dice por el cuadro anterior en cuestión. Es un bosque lleno de gente, un parque más bien, donde los hombres sustituyen a la naturaleza salvaje como si los árboles fuesen de plástico.
Obra de arte en ARCO
Y está la sensación de haberlo visto todo antes muchas veces. Mucho Pollock: la sensación de ver cuando se advertía algo vagamente bello era que había un Pollock. Muchos Pollock, pero no lo eran. Eran como imitaciones. Como si nada fuera nuevo. Paneles grandes. Pollocks y Rothkos y Warhols: el arte moderno ha dado la vuelta al mundo y ha regresado al punto de partida sin solución.
Da la impresión de que el arte moderno está aburrido de sí mismo y ya no sabe qué hacer, pero ahí sigue, atrayendo gente. El mundo en el mundo. Todo igual. Globalismo. Lo que parece indígena resulta que es alemán, por ejemplo.
Obra de arte en ARCO
Un grupo de galeristas le despiertan del ensueño, le gritan a Urtasun: ¡IVA cultural ya! Los pasillos se suceden a la vista, como interminables. Uno ya se siente completamente lego en cuestiones estéticas en el lugar donde casi lo más interesante, incluso lo más artístico es la gente, circunstancia imposible fuera de este espacio.
Es como si los visitantes, absolutamente variopintos (le pareció ver a John Galliano, pero no era él; también a un grupo de humanos dentro de Matrix, pero tampoco lo eran: eran Manuel Segade y Amanda de la Garza, responsables del Reina Sofía) fueran personas-obras de arte (de ARCO).
Obra de arte en ARCO
Había obras idénticas a las personas, como si estas también fueran contenido expositivo. Y en realidad lo eran. ARCO también son sus personas típicas, como en la Feria de Sevilla los son los hombres con traje y las mujeres vestidas de flamencas.
Ante una pared se pensó que se estaba viendo el cuadro de un hombre vestido de colores brillantes hasta que se movió y habló con otro que era un visitante observando ese mismo cuadro que no era un cuadro sino un hombre, otro visitante. Y fue impresionante.