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Exhausted disbelief y Hermes de Mónica Mays

Exhausted disbelief y Hermes de Mónica MaysCA2M/Sue Ponce

Misoginia, chatarra y pensadores feministas: el presente del arte que Cultura ha comprado para el Reina Sofía

Siete son los artistas «del más estricto presente» cuyas obras ha adquirido el Ministerio para la pinacoteca madrileña cuyas temáticas no varían del feminismo radical, la ideología de género o el colonialismo

El Museo Reina Sofía acaba de adquirir más de 400 obras para sus fondos. Casi once millones de euros ha supuesto la notable compra y adquisición. Casi tres de ellos han sido aportados por el Ministerio de Cultura. En esos casi tres millones de euros están incluidos siete artistas del «más estricto presente».

Un hoy donde el arte, al menos el que compra el Ministerio de Cultura para el Reina Sofía, no puede ser ajeno a la ideología de una manera que ya podría definirse como cargante, donde la calidad, el valor de la forma, de la expresión, ya no es lo importante, sino tan solo el mensaje adoctrinador en una sola dirección, con independencia del talento.

Ideología predeterminada

El arte desde Picasso podría decirse que ha sido asunto de listos. Que se lo pregunten al malagueño o también a Andy Warhol, cuya Factory fue una fábrica de ganar dinero incluso con cuadros hechos con orina: ponía un lienzo en el suelo y alguien orinaba sobre él. Esto se puede ver ahora mismo (hasta el 25 de enero) en el Thyssen, entre otras obras del famoso artista estadounidense multimillonario.

No hace mucho el arte era cosa de listos y ahora lo es de listillos. Las ideas de Warhol, por absurdas que a alguien (muchos) le puedan parecer, eran originales, propias, no sujetas a modas, no subvencionadas. Las ideas de los artistas de hoy, sin embargo, están predeterminadas por una ideología imperante. La idea ya está.

«Violencia simbólica»

Solo se trata de «crear» algo basado en esa idea (feminismo, colonialismo, lo LGTB...), se diría que sin cuidado: «warholismo» de saldo a sueldo del Estado. Ya ni siquiera es contracultura, ni siquiera al principio, porque se muestra y subsiste gracias al dinero de todos por decisión de quienes gobiernan.

Uno de los siete artistas de los que el Ministerio de Cultura ha comprado obras para el Reina Sofía es Raquel Manchado, «Artista visual, directora de arte, coleccionista de artefactos misóginos, espigadora de hemerotecas y editora de Antorcha Ediciones, donde investiga la violencia simbólica, misoginia y heteronorma en el humor gráfico y la cultura popular...», según la presentación que de ella hace la Galería Freijo.

«Dominación patriarcal»

Manchado tiene una colección de postales antiguas de supuesto humor donde se denigra a la mujer con chistes y representaciones anacrónicas (propias del pasado). Y sobre ellas se edifica la «artista» y el lenguaje explicativo de su obra: «La observación situada de este conjunto de imágenes devela el uso del humor gráfico en la cultura popular como un eficaz medio transmisor de violencia simbólica: diseminando y naturalizando imaginarios y discursos e imponiendo puntos ciegos empáticos».

En la misma galería se muestra una exposición grupal, en la que también participa nuestra protagonista, con el muy químico nombre de Ginocrítica. «La ginocrítica, termino acuñado por Elaine Showalter en su ensayo Hacia una poética feminista, se plantea originalmente como un estudio crítico de la literatura femenina ideado para ir mas allá de la denuncia del la dominación patriarcal, centrándose en desenterrar y crear una tradición, y por ende una subcultura, que perteneciese a las mujeres y que girase enteramente en torno a ellas, sin la influencia de los códigos literarios masculinos convencionales».

«Identidades afrodiaspóricas»

El lenguaje lo explica todo o más bien lo embrolla, como si en realidad nadie quisiera (porque no se puede) desvelar de que se trata este «arte» que vive de la confusión y el sectarismo. Agnes Essonti es otra de las artistas cuya obra Urtasun ha comprado en nombre de los españoles. Española y camerunesa, Essonti «se inspira en pensadores poscoloniales y feministas negros, junto con temas de conexión ancestral, recuerdos de infancia y nostalgia», según dice en su página web.

«En los últimos años, se ha centrado en la construcción de identidades afrodiaspóricas, particularmente en el contexto español, explorando procesos de simbiosis, hibridación y pidginización. Concibe su trabajo como un medio para reimaginar tanto momentos históricos como sus recuerdos más personales». Se entiende todo y nada al mismo tiempo. Pero todo se trata de reimaginar, reinterpretar... y también inventarse palabras como «afrodiaspóricas» para vestirse. Vestir su arte de la política con la que debe ser vestida.

El cuerpo del revés

Mónica Planes, artista multipremiada y multibecada, es mayormente escultora y en, por ejemplo, Historia bailada del playground, una de sus exposiciones, «investiga la evolución de los parques infantiles y los movimientos que estos generan en los cuerpos de los niños que juegan». En A coro fantasma «es el mismo cuerpo del artista que se lanza hacia el cemento para intentar dotar de movimiento y apertura este material cerrado en sí mismo que ofrece, a la vez, múltiples posibilidades creativas», según la revista El vernis satge.

En Planes está muy presente la idea del cuerpo, como en Manuel Segade, director del Reina Sofía, en una suerte de manía por explorarlo como del revés, en una imaginería donde la belleza (también la natural del cuerpo) desaparece por completo sustituida por un retorcimiento ya aburrido de tanto género que se escapa y una reinvención obsesiva (siempre el «re» por todas partes, nunca nada original sin el «re»).

«Canibalismos culturales»

Otra escultora comprada por Cultura para el Reina Sofía es Mónica Mays, Premio Arco 2025, quien muy básicamente recoge objetos de la calle y los «resignifica», cómo no: tubos de escape, asientos de silla, amortiguadores... alguien escribió sobre esto que lo que Mays hace es «resignificar» dichos objetos inservibles, chatarras, «como procesos identitarios porosos y generativos». La cursilería que no falte (incluida la propia: «Rastreo movimientos identitarios, canibalismos culturales y mitologías pre-patriarcales», dijo una vez), el fantochismo que no lo es tanto, sino sectarismo, en Laia Abril, artista «multidisciplinar» (el adjetivo que convenientemente no define), Premio Nacional de Fotografía 2023, «famosa» por su obra Historia de la misoginia, entre otras.

Marina Vargas y su «visibilización del estigma del cáncer desde una visión feminista» y Carlos Rodríguez Méndez son los dos últimos artistas cuya obra ha sido comprada por Urtasun. Rodríguez Méndez es escultor de larga y farragosa (por la explicación, como todas las demás, de su arte) trayectoria. Las becas han formado parte ineludible de su carrera, como también es parte de su carrera su colaboración en la edición de un libro de poesía con la poeta Chus Pato, Premio Nacional de Poesía 2024 (también concedido por Urtasun), feminista, nacionalista, independentista y comunista, autora de frases imborrables como «La cultura occidental cristiana se lleva mal con el cuerpo porque es misógina y tiene un odio visceral al cuerpo de las mujeres».

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