Los daños sufridos en el Palacio de Golestán
El patrimonio histórico perdido en Irán durante los casi 50 años del régimen de los ayatolás
Los daños sufridos en el Palacio de Golestán tras la ofensiva de Estados Unidos e Israel evidencian la fragilidad de los bienes culturales, ya dañados en los ochenta por los bombardeos iraquíes
Los conflictos bélicos afectan directamente a los países implicados, pero también provocan daños colaterales que acaban con la vida de civiles inocentes y destruyen edificios históricos. En Irán, la ofensiva de Estados Unidos e Israel ha dejado más de 500 muertos, y la onda expansiva de un ataque aéreo en la plaza Arag causó graves daños en el histórico Palacio de Golestán, en la capital, Teherán.
El enclave está declarado, desde 2013, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, que ha expresado su preocupación por la protección de los sitios culturales en medio de la escalada de violencia en Oriente Medio. Para minimizar riesgos, ha comunicado a todas las partes las coordenadas de los lugares inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial y de otros sitios de importancia nacional para que se evite dañarlos.
Los daños sufridos por el palacio
El Palacio de Golestán es un conjunto histórico cuyos orígenes se remontan al siglo XV, cuando comenzó a construirse bajo la dinastía safávida. Su configuración actual, sin embargo, responde en gran medida al siglo XIX, etapa en la que se convirtió en residencia oficial de la dinastía kayar. Entre sus espacios más destacados figuran el Salón de los Espejos, el Trono de Mármol y los jardines que rodean el recinto.
La UNESCO recuerda que estos bienes culturales están protegidos por el derecho internacional. Irán es el décimo país con más sitios declarados Patrimonio de la Humanidad, con un total de 29 enclaves.
Desde que la Revolución iraní de 1979 cambió el rumbo del país, numerosos enclaves de valor histórico y patrimonial han sufrido daños como consecuencia de los conflictos en la región.
Mezquita del Viernes de Isfahán
Ubicada en el centro histórico de Isfahán, la Mezquita del Viernes de Isfahán sufrió en 1985 el impacto de un proyectil de un bombardero iraquí en el sector sureste del complejo, en plena guerra entre Irán e Irak.
La explosión causó una destrucción severa en esa zona y dañó otras partes del templo. Durante años fue necesario acometer trabajos de restauración para devolverle la estabilidad estructural y preservar su valor artístico.
La Mezquita del Viernes
Desde 2012 está inscrita en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. El organismo reconoció así la relevancia de un conjunto que supera los 20.000 metros cuadrados y que marcó un hito en la arquitectura islámica. Fue el primer edificio religioso que adaptó el esquema de cuatro patios, propio de los palacios sasánidas, a un espacio de culto musulmán.
El complejo es hoy uno de los grandes referentes del arte islámico, célebre por condensar doce siglos de evolución arquitectónica en un mismo recinto.
El castillo de Susa
El Castillo de Susa, en la provincia de Juzestán, fue construido en 1897 por orden del arqueólogo francés Jacques de Morgan como residencia y base de operaciones para la misión arqueológica gala en la antigua Susa.
El edificio adopta una estética inspirada en fortalezas europeas, con torres almenadas y muros de ladrillo rojizo. Parte de los materiales empleados procedían de restos arqueológicos de la ciudad histórica, una práctica habitual en la época pero hoy cuestionada desde el punto de vista patrimonial. Su fisonomía recuerda a construcciones militares francesas del siglo XIX.
El castillo de Susa
Durante la guerra entre Irán e Irak, en la década de 1980, el castillo sufrió graves daños por los bombardeos iraquíes. La provincia de Juzestán fue uno de los principales frentes del conflicto. Tras el alto el fuego, el Gobierno iraní acometió una restauración integral del inmueble.
El castillo se integra en el conjunto arqueológico de Susa, formado por varios montículos históricos, un palacio y antiguas residencias, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2015.
La guerra entre Irán e Irak (1980-1988) dejó consecuencias devastadoras tras ocho años de combates. Decenas de ciudades, infraestructuras culturales y productivas, y miles de aldeas con sus campos quedaron arrasadas.
Meidan Emam, Esfahan
También sufrió el patrimonio histórico. Localidades como Khorramshahr, Dezful o Sardasht fueron escenario de intensos bombardeos y combates que redujeron barrios enteros a escombros.
Cuatro décadas después, la escalada entre Estados Unidos, Israel e Irán ha colocado nuevamente a los grandes tesoros históricos bajo amenaza. Pasargadas, Persépolis y Choga Zanbil, junto a la Necrópolis de Naqsh-e Rostam y la plaza Meidan Emam, se encuentran en zonas que podrían ser alcanzadas por ataques aéreos o bombardeos.
Cada templo, cada relieve y cada monumento se convierte en un blanco potencial, recordando que la guerra no solo destruye ciudades, sino también la memoria colectiva de una civilización.