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Estatua de mármol del gran filósofo griego Platón

Estatua de mármol del gran filósofo griego PlatónGetty Images/iStockphoto

Cultura

Platón, filósofo: «Quien no es bueno sirviendo, no será bueno mandando»

Uno de los más grandes pensadores dejó un sinfín de enseñanzas que todavía perduran en la vida moderna

Discípulo de Sócrates y maestro de Aristóteles, Platón desarrolló una filosofía en la que el poder no podía separarse de la virtud ni de la educación moral. El ateniense, uno de los más grandes pensadores de la historia, dejó un sinfín de enseñanzas que todavía perduran en la vida moderna. Una de ellas fue la que se extrae de la siguiente frase: «Quien no es bueno sirviendo, no será bueno mandando».

En este sentido, el filósofo reflexiona sobre la verdadera capacidad de liderazgo que tienen los seres humanos entre sí. Para Platón, un buen líder será aquel que haya sido capaz de alcanzar un elevado nivel de humildad, obediencia y vocación de servicio antes de llegar al puesto de mando.

El filósofo creía que un buen gobernante necesitaba un alto grado de disciplina interior, conocimiento y una profunda conciencia del bien común. Estas características solo las podía obtener partiendo de experiencias previas, puesto que es la única manera de realizar un correcto y eficaz aprendizaje.

Por ello, que una persona obedezca a otra nunca debería ser sinónimo de sumisión. En todo caso, se trataría de realizar acciones por el bien común siguiendo las instrucciones de un superior que busca lo mejor para todos, siempre dentro de la razón y, especialmente, de la justicia.

La importancia de la autoridad

Esto resultaba esencial tanto en los tiempos de Platón como en los actuales. Pese a ser extrapolable a todos los ámbitos de la vida, fijarnos en, por ejemplo, las más altas esferas políticas nos ayudará a reflexionar y comprender al autor.

La autoridad no puede asemejarse a un liderazgo servicial, ya que solo resulta legítima cuando aquel que dirige también comprende las necesidades de los demás y cómo influyen sus decisiones. La frase de Platón, formulada hace más de dos mil años, todavía sigue funcionando como una advertencia a tener en cuenta sobre los riesgos del poder ejercido sin ética ni experiencia.

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