Winston Churchill, Adolf Hitler, Franklin D. Roosevelt y el emperador Hirohito
De los Salones de Churchill a la Guarida del Lobo: centros de mando de la II Guerra Mundial que puedes visitar
Durante la guerra, los gobiernos de las distintas potencias hicieron esfuerzos extraordinarios por construir en tiempo récord edificios desde los que coordinar la guerra, al mismo tiempo que se garantizaba su defensa
La Segunda Guerra Mundial supuso para ambos bandos grandes esfuerzos en infraestructura. En tiempo récord, los distintos gobiernos construyeron fortalezas y centros de mando alternativos capaces de asumir todas las funciones del mando político y militar.
Algunos de estos espacios acogieron a los protagonistas de la contienda, como Churchill o Hitler, y se han convertido, en muchos casos, en cápsulas del tiempo que nos trasladan a los duros años de la guerra a través de museos dedicados a preservar la memoria de un conflicto que marcó la historia del siglo XX.
Los Salones de Guerra de Churchill
Ante la amenaza que suponía Hitler para la paz en Europa las autoridades del Reino Unido comenzaron a construir en los sótanos de las oficinas gubernamentales de Great George Street un cuartel general secreto capaz de soportar un futuro esfuerzo bélico. El gobierno sabía que abandonar Londres podría afectar a la moral pública, por lo que se optó por crear estas instalaciones capaces de acoger a los mandos políticos y militares en un lugar a salvo de las bombas.
Salones de Guerra Churchill
El cuartel general entró en operaciones una semana antes de que se iniciará la guerra con la invasión de Polonia. El responsable de adaptar esos sótanos fue Sir Leslie Hollis, quien declararía años después que: «No tenía ningún precedente en el que basarme, pues este cuartel general iba a ser el primero de su tipo». Para reforzar la estructura durante el Blitz (los continuos bombardeos alemanes) se instaló una capa de 1,5 metros de hormigón.
Entre las salas más destacadas está la Sala del Gabinete de Guerra, donde el primer ministro británico, Winston Churchill, se reunía con sus ministros y generales. Todavía se conserva la silla en la que se sentaba durante las reuniones y en la que se pueden apreciar las marcas de sus uñas en los reposabrazos como demostración de la tensión constante de los encuentros.
Destaca también la Sala de Mapas, que funcionó las 24 horas del día durante la guerra y cuyas luces no se apagaron durante los casi seis años de conflicto hasta la rendición de Japón. El otro espacio crucial fue el baño privado de Churchill. Por sorprendente que parezca, fue en esa pequeña sala donde se ultimaron los planes del Día D con el ejército estadounidense, ya que en allí se instaló el terminal del SIGSALY, que permitía mediante un cifrado de voz digital la comunicación entre Churchill y el presidente Roosevelt.
Tras haber sido un escenario clave de la historia, las instalaciones se cerraron al concluir la guerra y permanecieron prácticamente intactas, como una cápsula del tiempo, hasta su apertura al público en 1984 como una rama del Imperial War Museum.
La Guarida del Lobo
Mientras que Churchill tenía su centro de mando en las profundidades de Londres, el alto mando alemán construyó un extenso complejo en los bosques de Masuria, en la actual Polonia, con el fin de coordinar la Operación Barbarroja desde un lugar próximo a la frontera. Adolf Hitler permaneció más de 800 días en las instalaciones, desde junio de 1941 hasta su retirada en noviembre de 1944 ante el avance soviético.
Ruinas del edificio que albergaba el servicio de taquígrafos
La construcción del cuartel general de Adolf Hitler para la invasión de la URSS comenzó en el otoño de 1940. El lugar escogido era un importante enclave estratégico, ya que se encontraba próximo a la frontera con la Unión Soviética y a las sólidas fortificaciones de Prusia Oriental. Además, los densos bosques de Masuria aportaban un extenso camuflaje natural.
Las instalaciones se extendieron por 250 hectáreas y contaron con cerca de 200 estructuras, desde grandes refugios de hormigón armado a barracones residenciales, edificios técnicos e instalaciones de comunicación. El complejo tenía, además, su propio aeródromo, estación de ferrocarril, planta de tratamiento de aguas residuales y hasta un cine. El cuartel, que llegó a acoger a alrededor de 2000 personas, contó con notables visitantes como el italiano Benito Mussolini.
La Guarida del Lobo fue un espacio clave para el transcurso de la guerra, donde también se produjo el atentado fallido –la Operación Valquiria– contra Hitler por parte del coronel Claus von Stauffenberg en julio de 1944. Tras su retirada Hitler ordenó la destrucción de las instalaciones, que tuvieron lugar la noche del 24 de enero de 1945, dos días antes de la llegada de las tropas soviéticas. Las ruinas del complejo son hoy en día un gran atractivo turístico de la región.
El Pentágono
El terreno sobre el que se asienta uno de los edificios mejor protegidos del mundo perteneció originalmente a una extensa propiedad de 1100 hectáreas de Robert E. Lee, el general al frente del ejército confederado durante la mayor parte de la Guerra de Secesión (1861 - 1865). En el transcurso de la guerra las tierras fueron confiscadas por el gobierno federal y nunca fueron devueltas. En ellas se construiría también el Cementerio Nacional de Arlington.
Imagen aérea del Pentágono
Ante el riesgo inminente de unirse a la Segunda Guerra Mundial el Departamento de Guerra aprobó el plan del general Brehon B. Sommervell de construir unas instalaciones temporales que solucionaran la escasez de espacio que sufría el Departamento. Originalmente se contempló que el edificio fuera reconvertido en un hospital o un edificio de oficinas tras el conflicto.
Las obras se iniciaron el 11 de septiembre de 1941 y concluyeron en un tiempo récord, en enero de 1943, gracias a los intensos trabajos con la colaboración de 1000 arquitectos y 14000 obreros que trabajaban en tres turnos las veinticuatro horas del día. La forma particular del edificio, de la que recibe el nombre, se debe a que la construcción se adaptó al terreno seleccionado, que estaba rodeado por cinco carreteras.
El éxito operacional del edificio, que llegó a albergar a 33000 personas durante la contienda, confirmó la necesidad de mantenerlo operativo tras concluir la guerra. Actualmente es la sede de la Oficina del Secretario de Defensa, el Estado Mayor Conjunto y los más altos mandos del Ejército, la Armada, la Infantería de Marina y la Fuerza Aérea. Es posible conocerlo mediante visitas guiadas reservadas con antelación.
Cuartel General Imperial subterráneo de Matsushiro
En el Pacífico, las autoridades japonesas desarrollaron también un complejo sistema de búnkeres subterráneos en la ciudad de Matsushiro con el objetivo de trasladar allí tanto a la familia imperial como al Cuartel General Imperial. Los túneles se extienden a lo largo de diez kilómetros bajo tres montañas diferentes: el monte Zo, el monte Maizuru y el monte Minakami.
Entrada al Cuartel General Imperial subterráneo de Matsushiro, en Japón
Las obras comenzaron el 11 de noviembre de 1944 y se extendieron hasta el final de la guerra, el 15 de agosto de 1945, sin llegar a completarse en su totalidad. El espacio escogido presentaba varias ventajas estratégicas como: la solidez de la roca de la montaña –capaz de resistir duros bombardeos–, una distancia suficiente de la costa –que eludía bombardeos navales– y un fácil acceso por ferrocarril desde la capital. Para los trabajos se recurrió a más de 6000 coreanos que trabajaron en condiciones de esclavitud, de los cuales más de mil murieron.
Con un 75% completado, las instalaciones no llegaron a entrar en uso. La intención inicial del mando militar habría sido trasladar allí a las autoridades de cara a organizar una defensa final en territorio japonés. Sin embargo, los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki precipitaron la rendición de Japón antes de que esta estrategia saliese adelante.
Actualmente, 500 metros de las instalaciones están abiertos al público junto al Museo Conmemorativo de la Historia no Contada, que busca dar a conocer la historia de este lugar lleno de incógnitas, ya que muchos documentos sobre el mismo se destruyeron tras la rendición.