Fundado en 1910
Curro Vázquez llevado en volandas tras la cornada

Curro Vázquez llevado en volandas tras la cornadaEFE

La tremenda imagen de la cornada a Curro Vázquez, el nuevo Premio Nacional de Tauromaquia, en 1983

Fue el 2 de junio en la Feria de San Isidro. El cuarto toro derrotó en el muslo del matador de Linares y dejó un recuerdo imborrable y terrible en el aficionado. De final feliz

Uno era muy joven. Un niño de 8 años. Normalmente iba a la Plaza con su padre, pero ese día fue también con su madre. En el 7, epicentro de los terremotos venteños y aquella tarde más. No se recuerda la fila exacta, pero era un tendido bajo. Mis padres dicen que era la cuatro o la cinco.

Uno tenía la sensación de felicidad de estar tan cerca. Tan cerca del ruedo para ver bien a los toreros y al toro y tan cerca del verano, que era como si ya estuviese en el aire y el olor. El olor de las Ventas es inolvidable. Cada vez que se entra se viaja por él hasta, por ejemplo, ese 2 de junio de 1983.

El recuerdo es el de estar metido en una bronca tremenda, como tremenda fue la cogida de Curro Vázquez, Premio Nacional de Tauromaquia 2025. A mi alrededor todo el mundo gritaba. Por los toros, que eran malos. Que conste que se va a hablar de memoria, sin recurrir a los datos y a internet, nada más que para lo necesario.

Imagen de la Guardia Civil en los tendidos

Imagen de la Policía en los tendidosEFE

Mi padre me hablaba todo el rato. Me explicaba al tiempo que discutía con un espectador de la fila de detrás. Yo le miraba y también a mi madre, que observaba el ambiente y el albero. Uno se estaba comiendo unos kikos de los de 15 pesetas (en el puesto de afuera seguro que habían costado más), de los de bolsa alargada.

Después de los kikos le esperaba un chicle Bang-Bang de fresa. Eran chicles con azucar, cuadrados y gruesos y turgentes y deliciosos, y al morderlos por primera vez se podía notar el crujido de los gránulos de azúcar en medio de la dicha infantil.

Estaba viendo torear a Curro Vázquez, del que me llamaba la atención el color de su pelo, cuando el toro le cogió. Lo vi a pocos metros, y siempre he dicho que lo oí a él una décima antes gritar antes de escuchar el grito general de los tendidos por el susto. El toro se le metió a mitad del pase a bocajarro y le dio la vuelta en el aire como si sus piernas fueran las aspas de un molino. Era Don Quijote descabalgado.

Curro Vázquez tras ser cogido por el toro

Curro Vázquez tras ser cogido por el toroEFE

Mi madre chilló, como la plaza. Unos segundos después no parecía haber pasado nada porque Curro se levantó y se fue a enfrentar al toro y entonces lo vi con estupefacción. Un grueso y largo chorro de sangre, como si saliera de una manguera, manaba de su muslo.

Él no parecía darse cuenta y, hasta que se lo llevaron en volandas, actuó como si nada, mientras aquel caño hacía curva en el aire igual que una fuente y pintaba de oscuro bermellón la tierra amarilla. Por un segundo se miró ahí donde se le iba la vida sin notarlo, justo antes de ser levantado por la cuadrilla, con rumbo desesperado a la enfermería.

Le vi el rostro al entrar al abrigo de las tablas y su expresión no era especialmente llamativa. La mirada era serena y el gesto como de intentar comprender lo que pasaba. Lo espectacular era la media cara pintada de sangre como si fuera un sioux. Fue alejándose a través del pasillo bajo el murmullo y desapareció por la diminuta puerta de la enfermería, en la lejanía, junto a sus portadores apresurados y aterrados.

Curro Vázquez en el momento de ser empitonado en el muslo por el toro

Curro Vázquez en el momento de ser empitonado en el muslo por el toroEFE

El horror no estaba en el rostro de Curro, sino el de quienes lo transportaban. Después el murmullo se convirtió en ruido, en voces. Recuerdo a un hombre que salió al ruedo y se puso a gritar al tendido, y el tendido le gritaba a él. Tenía la camisa llena de sangre de Curro y fue entonces cuando me fijé en esa sangre por todo el suelo que indicaba su camino por media plaza como los guijarros de Pulgarcito.

Nunca olvidaré aquel chorro de sangre sobrevenido, impresionante: una fuente. A Curro le tuvieron que transfundir medio litro para mantenerle en este mundo en el que sigue y cómo: toreó en esa misma Plaza el año pasado a los 74 años: el impulso final para recibir el Premio Nacional de Tauromaquia como El viejo y el mar fue el impulso final para que el taurino Hemingway recibiera el Premio Nobel.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas