Reinterpretación de Vítor Mejuto de 'El lavatorio', de Tintoretto.
Vítor Mejuto presenta 'Segunda visita a El Prado': una exposición que excava la pintura para reconstruirla
El Centro de Arte de Alcobendas reúne una serie de relecturas de la tradición pictórica —de Tintoretto a Goya o Velázquez— en las que el artista descompone la imagen hasta convertirla en estructura y color
En el Centro de Arte de Alcobendas, la pintura de Vítor Mejuto se presenta como una forma de excavación más que como una imagen cerrada. La exposición, abierta del 16 de abril al 27 de septiembre, propone un recorrido por un modo de entender el arte en el que la geometría no es un recurso formal, sino una gramática de conocimiento.
En sus obras, Mejuto descompone la imagen hasta reducirla a su esqueleto esencial. Líneas, manchas y estructuras se organizan como si la pintura pudiera leerse en capas sucesivas. La superficie deja de ser un destino para convertirse en un proceso: lo visible es siempre el resultado de lo que ha sido desmontado.
Vítor Mejuto
Ese procedimiento se concreta en relecturas de la tradición pictórica occidental. No hay aquí copia ni recreación, sino un proceso de digestión visual en el que la obra original se convierte en materia prima. En El Lavatorio, a partir de Jacopo Tintoretto, la escena religiosa se transforma en un sistema de tensiones geométricas donde la narrativa se diluye en estructura. En La Anunciación, inspirada en Fra Angelico, el espacio sagrado queda reducido a un equilibrio de planos cromáticos.
El mismo mecanismo opera en El Descendimiento, en diálogo con la tradición de Rogier van der Weyden, donde la intensidad emocional se sustituye por una lectura casi analítica del gesto. En El Entierro de Cristo, la narración devocional se desactiva para dejar paso a una arquitectura de relaciones internas.
Reinterpretación de Vítor Mejuto de 'El martirio de san Felipe', de José de Ribera.
La exposición incorpora también piezas como El paso de la laguna Estigia, donde el imaginario clásico se fragmenta hasta convertirse en una estructura suspendida entre lo mitológico y lo abstracto. En otras obras, el foco se desplaza hacia la historia española, como en El tres de mayo en Madrid, de Francisco de Goya, donde el episodio del fusilamiento se convierte en una composición de masas, vacíos y direcciones de fuerza.
Uno de los núcleos más reconocibles del conjunto es la relectura de Las Meninas, de Diego Velázquez, transformada en El día libre de Las Meninas. La escena cortesana deja de funcionar como representación para convertirse en diagrama: lo que antes era mirada ahora es estructura.
Reinterpretación de Vítor Mejuto de 'El descendimiento de la cruz', de Rogier van der Weyden.
En paralelo, aparecen escenas históricas como El dos de mayo en Madrid y El tres de mayo en Madrid, también de Goya, donde la violencia del acontecimiento se traduce en orden compositivo. El relato desaparece, pero su tensión permanece inscrita en la organización del espacio.
El procedimiento de Mejuto se sostiene siempre en la misma lógica: partir de una imagen existente para descomponerla, analizarla y reconstruirla desde otro sistema. La pintura se convierte así en un laboratorio donde la historia del arte no se ilustra, sino que se reescribe desde su estructura interna.
Reinterpretación de Vítor Mejuto de 'El Juicio Final', de Miguel Ángel.
En ese tránsito, la composición actúa como arquitectura racional y el color introduce la inestabilidad del presente. Entre ambos polos se construye una pintura que no busca fijar la imagen, sino mostrar su proceso de aparición. Cada obra es, en realidad, el rastro visible de otra anterior que ha sido desarmada para volver a existir de otro modo.