Los arcos del triunfo de París y de Estados Unidos, y el Cristo Redentor
El Arco del Triunfo de Trump superaría en altura al de París y doblaría al Cristo Redentor
La estructura se alzará hasta los 76 metros y rebasará a iconos como el Arco del Triunfo de París, el de Ciudad de México, el Obelisco de Buenos Aíres o el monumento a Colón en Barcelona
«Una nación bajo Dios» es una de las expresiones más emblemáticas del ideario estadounidense. La fórmula forma parte del Juramento de Lealtad desde 1954, incorporada en plena Guerra Fría para subrayar la distancia con el ateísmo del bloque comunista. En la visión de Donald Trump, esa invocación a lo divino —símbolo de fe y cohesión nacional— quedaría asociada a su gran proyecto monumental: el que aspira a convertirse en el Arco del Triunfo más grande del mundo.
El presidente de Estados Unidos quiere dejar una huella en piedra en Washington. Su plan pasa por levantar un arco de 76 metros de altura, concebido como homenaje al 250 aniversario de la independencia del país respecto del Reino Unido. La paradoja es que el récord actual no lo ostenta París, sino México, con una estructura de 67 metros que supera al Arco del Triunfo francés (50 metros).
El proyecto se presenta como una pieza destinada a competir en la liga de los grandes símbolos arquitectónicos del planeta. En esa escala quedan lejos el obelisco de Washington, el más alto del mundo con 169 metros; la cruz del Valle de los Caídos (152 metros); el Buda del Templo de la Primavera en Henan, China, (128 metros); el Atomium de Bruselas (102 metros) o la Estatua de la Libertad (93 metros).
El hipotético Arco del Triunfo de Washington superaría al Obelisco de Buenos Aires (67,5 m), al monumento a Cristóbal Colón en Barcelona (60 m), al Arco de la Moncloa de Madrid (42 m), al Cristo Redentor de Río de Janeiro (38 m) o al Ángel de la Independencia de Ciudad de México (36 m).
La propuesta incluye una estatua alada de la Dama de la Libertad y, en su base, cuatro leones dorados de fuerte carga escénica. El emplazamiento previsto se situaría en una parcela entre el Monumento a Lincoln y el Cementerio Nacional de Arlington. Se estima que se destinen unos 15 millones de euros de fondos públicos para la construcción del Arc de Trump, diseñado por Harrison Design.
Rechazo social
El anuncio de la Casa Blanca ha generado detractores y, en Francia, el proyecto no ha sentado bien. El Arc de Trump guarda un gran parecido con el de París y fue el propio líder de EE.UU. quien aseguró que «será mayor que el de París», en una nueva muestra de su afán de grandeza.
En Estados Unidos, un grupo de veteranos de la guerra de Vietnam y un historiador de arquitectura han demandado a la Administración Trump. Sostienen que la iniciativa es ilegal al vulnerar la Ley de Obras Conmemorativas de 1986. Los demandantes denuncian que el monumento entraría en conflicto con el mensaje de unidad tras la Guerra de Secesión que representan el monumento a Lincoln y el Cementerio Nacional de Arlington.
(De izq. a dcha.) Los arcos del triunfo de México, Estados Unidos y Francia
También se ha cuestionado la viabilidad práctica del futuro Arc de Trump. Eric Jenkins, exprofesor de arquitectura, refuerza las críticas de los veteranos y considera que «rompería una conexión simbólica» entre el monumento a Lincoln y el «terreno más sagrado» del Cementerio de Arlington.
«El arco probablemente oscurecería la llama eterna de John F. Kennedy visible desde el monumento a Lincoln en noches oscuras», esgrimió Jenkins. «Insertar un monumento grandioso y artificioso en ese eje rompe ese simbolismo. Arriesga sustituir la sutileza por espectáculo y la solemnidad por show», concluye.
En redes sociales, el proyecto ha sido calificado de «repugnante» o «vergüenza absoluta». También se acusa al presidente de destinar dinero público a guerras, al arco y a proyectos personales, mientras la inflación pesa sobre miles de ciudadanos estadounidenses. Las críticas van más allá y señalan la iniciativa como un acto de autoengrandecimiento.
En último término, el proyecto queda suspendido entre la ambición y la memoria. Un arco que aspira a imponerse en el paisaje, pero que también obliga a medir qué peso debe tener la historia frente al impulso de dejar huella.