La novela se inscribe en la trayectoria del autor como una nueva aproximación literaria al impacto del terrorismo de ETA en la sociedad vasca, con el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco como trasfondo histórico. Aramburu articula una trama íntima en paralelo a esos hechos, donde la vida cotidiana de una familia se ve atravesada por la violencia y por la fractura moral de una época. Fiel a su estilo, construye personajes de fuerte verosimilitud psicológica y un retrato social minucioso, en el que el conflicto no se reduce al acontecimiento histórico, sino que se filtra en las relaciones personales, las dudas y las formas de convivencia.