Momento en el que las acompañantes de Begoña Gómez agarran a Vito Quiles
¿Qué es ser una charo?
El término repetido en el argot mayormente de las redes sociales el Instituto de las Mujeres lo considera una «herramienta de misoginia digital y deslegitimación»
El grotesco espectáculo del periodista Vito Quiles, Begoña Gómez y sus amigas ha proyectado el término Charo a una altura superior en estos días, como si fuera la señal de Batman en el cielo. El espectáculo fue risible y devastador al mismo tiempo. Un joven siendo atacado por un grupo de mujeres con el propósito de quitarle el micrófono tiene hasta una bárbara y rijosa lectura metafórica.
Quiles trataba de zafarse del acoso de varias mujeres, que casi enseñaban los dientes y las uñas y se colgaban de sus hombros, al grito fatigado e incluso asustado de «¿Qué hacéis, charos?». La «charo» entendida como mujer de mediana edad, feminista y de izquierdas y con algunas orgullosas y llamativas características estéticas comunes es como se define el concepto casi apócrifo.
Fuera de aquel suceso tragicómico que deja una penosa imagen de la sociedad española, del periodismo y del poder que representa la mujer del presidente del Gobierno, el término charo se eleva como protagonista por su uso cada vez más frecuente, que además ya ha alcanzado la fama catódica.
Pero ¿qué es realmente una charo? ¿Lo admite ya, por su repetición, la RAE? Todavía no, pero el Diccionario de Autoridades de 1729 se refería a la palabra como «CHARO, RA. adj. Lo amado, querido, y estimado. Viene del Latino Carus, y se pronuncia la ch como K: y aunque mui comunmente se halla escrito sin h, debe tenerla en conseqüencia de su origen. Lat. Charus, a, um. RECOP. lib. 5. tit. 7. l. 12. En las capitulaciones matrimoniales del casamiento del Sereníssimo Príncipe nuestro mui charo, y mui amado hijo con la Sereníssima Princesa Doña Isabél ... que se otorgaron en esta Villa de Madrid. C. DE LA ROC. S. Fern. Cant. 3. copl. 191. En los brazos colocáron,/ con tierno afecto piadoso,/ el charo peso y honroso,/ y al sepulchro le llevaron».
Nada que ver lo amado o lo querido con el ridiculizador charo del XXI. El Instituto de las Mujeres lo considera una «herramienta de misoginia digital y deslegitimación». ¿No es facha o rojo una «herramienta de odio y deslegitimación»? ¿Y «pijo? Quizá el «charo» sea el «maruja» del XXI. Nominalizar un carácter, una forma, para crear un estereotipo. Uno que consideran despectivo mayormente los aludidos que, en realidad, sin necesidad de una análisis exhaustivo, comparten un patrón estético y cultural y social.
Se pueden leer reivindicativos textos en la prensa de mujeres ofendidas que dicen ser charos. «Yo también soy Charo», en una solidaridad que ahonda en lo ridículo de criminalizar un simple término y por tanto de elevarlo a categoría de ofensa superior. En los tiempos ofendidos el lenguaje es al primero que se mira. También el argot que no hace mucho no era nada más que eso, la jerga que como tal la usa quien quiere y afecta solo a quien quiere, como también el lenguaje.
Los que se ofenden
La afectación de la charo es estar pendiente de un lenguaje especial, críptico o propio de algunas profesiones u oficios como lo define la RAE. Están elevando charo a los altares de la progresía (como si elevaran cayetano a los del conservadurismo), pero no más quienes utilizan la palabra con ánimo despectivo que quienes se ofenden por ella. Quienes dicen charo lo hacen en una jerigonza subterránea, la propia de su ámbito, que los ofendidos están elevando con luz a lugares impropios como si fuera la señal de Batman.