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Maria Jesus Montero y José Manuel Moreno Bonilla

Maria Jesus Montero y José Manuel Moreno BonillaGAA

Por qué el arte ha sido clave en la victoria electoral del PP y en la derrota aplastante del PSOE en Andalucía

El arte, la pintura, la música, la literatura, la escultura... ¿acaso Juanma Moreno es un artista? Desde luego que no, pero María José Montero lo es mucho menos

Es un hecho sorprendente, pero cierto. ¿Es posible que el arte haya sido fundamental en unos resultados electorales, en la política? Pues sí. Con la particularidad especial de que si las elecciones no hubiesen sido en Andalucía, la influencia del arte no hubiera sido tan considerable.

El arte, la pintura, la música, la literatura, la escultura... ¿acaso Juanma Moreno es un artista? Desde luego que no, pero María José Montero lo es mucho menos. En Andalucía tener arte no solo tiene que ver con las obras artísticas, sino mayormente con la gracia con la que uno es capaz de mostrarse.

Los sacrificios de Sánchez

Esto es el arte andaluz con el que el actual presidente ha renovado su gobernanza frente a la opositora socialista. No es pintura, sino ingenio; no es música, sino ritmo; no es escultura, sino carisma, humor; no es danza, sino elegancia reconocible.

Todo ese arte no es que lo posea Moreno Bonilla como si fuera un elegido, pero desde luego lo maneja con soltura, y más en relación con la candidata Montero, exvicepresidenta sacrificada por el sumo sacerdote Sánchez, quien actúa a la manera de los hechiceros mexicas, de los que habla Luis E. Íñigo, quienes necesitaban continuamente de prisioneros para sacrificarlos a su dios Huitzilopochtli.

La lista de Sánchez es larga. Va dejando cadáveres con tal de ir salvándose. Nombres importantes cuyas cabezas y cuerpos caen por la pirámide sin escrúpulos del presidente del Gobierno como en Apocalypto, la película de Mel Gibson. La decadencia es patente, como en Tenochtitlán, aunque nunca definitiva.

La artificiosidad alocada

El arte de Moreno está metido en el tuétano de los andaluces. Ha conectado y es natural. Tiene las dosis medidas de encanto, humor y seriedad. Tiene el arte preciso que los andaluces valoran y quieren, y más ante la alternativa de Montero, desprovista de pintura, música y escultura, de humor y sencillez, de espontaneidad...

Todo en ella remite a agitación, a urgencia, a impaciencia, a interpretación poco creíble. A nerviosismo. Es la artificiosidad alocada de la enviada al sacrificio: la ausencia absoluta del fundamental arte andaluz que bien sirve en todas partes, pero sobre todo allí para ganar unas elecciones.

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