Emociona Jarocho con un encastado torazo de Pedraza de Yeltes
Bordea el triunfo, en una actuación heroica, en su primero. El mejicano Isaac Fonseca se ha llevado una paliza
Jarocho, con el tercero de la tarde, un toro colorao ojo perdiz de 624 kilos
¡Cuántas Ferias taurinas de San Isidro bastante aburridas he conocido yo, con tardes y tardes en las que no pasaba casi nada! Este año, en cambio, parece un milagro repetido, todas las tardes : ¡gracias, Urtasun! No es triunfalismo, son datos innegables.
El martes, en una novillada, una tarde de calor sofocante, 21.600 espectadores. Una corrida excelente del conde de Mayalde, con un novillo extraordinario, Babieco, justamente premiado con la vuelta al ruedo. Y un nuevo novillero, Julio Méndez, que sale en hombros, como antes hicieron Álvaro Serrano y Julio Norte. ¿Cabe algo más?
Sí, algo muy importante: como en épocas pasadas , se ha vuelto ahora a discutir de toros con pasión (no siempre con conocimiento): que si el novillo Babieco merecía o no la vuelta al ruedo; que si Osornio sabe torear muy bien pero no acaba de rematar; que si Méndez hace cosas muy buenas junto a otras, más vulgares; que si el nuevo público no atiende como se debe a la suerte de varas… La Fiesta está muy viva: ¡gracias, Urtasun!
Este miércoles, la tarde anterior a la corrida de la Prensa, el festejo es torista, de acuerdo con una fórmula clásica: toros grandones para toreros valientes… A pesar del calor, se registra otra muy buena entrada: 19.058 espectadores. No se cortan trofeos pero el festejo tiene su interés, con toros altos y serios.
Se justifican con entrega y oficio Isaac Fonseca, que sufre un porrazo, y José Fernando Molina. Roza el triunfo Jarocho: emociona por su valor, en su primero, y agrada por su arte, en el último. Lo peor: suenan cinco avisos. Aplaudo también la atención que esta tarde se ha prestado a la suerte de varas.
La actual ganadería de Pedraza de Yeltes –no hablo de la histórica– es moderna: la formó, en 2006, el donostiarra Luis Uranga (que había sido presidente de la Real Sociedad), sobre la base El Pilar Aldeanueva. Suelen ser toros altos, grandes, con mucho peso. Eligió como representante a José Ignacio Sánchez, matador de toros y director de la Escuela Taurina de Salamanca. (Recuerdo alguna faena suya, en Las Ventas, con un gran toreo al natural). Esta ganadería ha cosechado grandes éxitos en Francia. En Las Ventas, algo menos: hace falta mucho motor para mover con emoción todos esos quilos. Pero los aficionados siempre la esperan.
El mejicano de Morelia Isaac Fonseca no es alto, ha hecho su carrera en España a sangre y fuego –como el título de la obra de Chaves Nogales– y ha sufrido numerosas cornadas.
Fonseca, con la muleta ante Buscadero, toro negro listón de 618 kilos
El primer toro, alto y largo, supera los seiscientos kilos, igual que el tercero, el quinto y el sexto. Acude pronto al caballo, empuja con la cara alta. En el quite, derriba con los cuartos traseros a Molina, que pasa un momento de apuro. Una tarde más, Iván García se deja ver, clava los palos con facilidad y maestría: es un magnífico profesional. Brinda Fonseca al sastre Justo Algaba (el autor del vestido que hoy lleva). El toro, de gran volumen, embiste con cierta nobleza pero queda corto, transmite poco. Con oficio y valor, Isaac le saca algunos muletazos, muy en corto, y se vuelca con gran decisión en una buena estocada: saluda una ovación.
Fonseca sufrió esta voltereta en el cuarto de la tarde
Lancea con soltura al cuarto, que acude bien al caballo pero sale de naja. Brinda Fonseca al público. En el muletazo cambiado inicial, el toro se le viene cruzado y lo encuna: se lleva un fuerte trompazo. Sin arrugarse, se echa de rodillas y liga seis derechazos mandones. El toro acude con fuerza y le cuesta humillar. Se justifica Isaac con oficio y entrega. Al entrar a matar, se cae en la cara del toro y apenas se puede levantar, cojeando. Mata a la cuarta.
No es muy conocido por el gran público el albaceteño José Fernando Molina pero sabe torear: le he visto faenas muy meritorias, en la Feria de su tierra.
El segundo toro, colorado ojo de perdiz, badanudo, es un «tío»: empuja en el caballo con fijeza, recibe tres puyazos pero blandea; sale distraído, con la cara alta, mirando a tablas. El trasteo de Molina es correcto pero no logra corregir el defecto. Con habilidad, deja un espadazo tendido pero el toro se amorcilla, en tablas.
Se frena de salida el quinto en el capote de Molina ,acude de lejos al caballo. Cuando derriba espectacularmente, los monosabios muestran su valor, intentando a cuerpo limpio hacer el quite; uno de ellos, hace el coleo, como en el famoso grupo escultórico de Mariano Benlliure. (Una vez. el bromista Ignacio Sánchez Mejías se subió encima de la estatua del toro, de tamaño natural). Parte del público echa de menos un tercer puyazo. El toro corta en banderillas, voltea a Víctor Manuel Martínez y lo pisotea: le causa contusiones, no una cornada. A un toro incierto, con la cara alta, no es lo adecuado comenzar haciendo el poste. Mejora José Fernando Molina cuando le baja la mano pero el toro sale desentendido: le saca algunos naturales buenos aunque, por las condiciones del toro, la faena es irregular y la prolonga. Acierta con la espada a la segunda.
El burgalés Jarocho, hijo del matador del mismo nombre, es una de las indiscutibles promesas jóvenes (confirmó la alternativa hace solamente un año). Ya ha obtenido triunfos importantes en Madrid y en Valencia. Tiene un concepto clásico y torea bien al natural.
El tercero acude bien al caballo la primera vez; tardea luego pero empuja con fuerza, metiendo los riñones, cuando el picador se pone en el sitio adecuado. En banderillas, el toro se hace el amo. (Se recupera la tradición madrileña de corear el número de palos que hay en la arena). Brinda a José Ignacio Sánchez. Jarocho lo llama de largo, el toro acude como un huracán: intenta bajarle la mano, sin una duda. Se la juega de verdad, en un trasteo emocionante. Todavía le saca algunos naturales lucidos, con mucho eco. (Por la derecha, el toro no se entrega). Pierde por la espada el seguro trofeo y recibe una ovación, igual que el bravo y encastado toro.
Jarocho intentó bajarle la mano a ese primer toro de su lote, de 624 kilos
Blandea de salida y sale suelto el último pero cumple en varas y mide bien el castigo Juan Melgar, ovacionado. Da alegría ver a un picador que realiza bien la suerte y a un público que lo valora. Comienza Jarocho con el cartucho de pescao, la especialidad de Pepe Luis Vázquez: cita al natural con la muleta plegada y la despliega cuando llega el toro a su jurisdicción. Este animal embiste con más nobleza y Jarocho muestra ahora otra faceta: si en su primero fue la heroica, ahora es el buen gusto, en los suaves naturales. Se precipita al matar, igual que en el anterior.
No ha habido esta vez triunfo grande pero la corrida ha tenido su interés, por los torazos de Pedraza de Yeltes y por la disposición de los tres diestros. José Fernando Molina no ha tenido fortuna. Isaac Fonseca se ha llevado una paliza. Jarocho ha bordeado el triunfo, en una actuación heroica, en su primero. Y hemos visto un público atento a la suerte de varas: un par de toros han recibido tres puyazos y se ha ovacionado a un picador, Juan Melgar, que ha cumplido bien su labor. Así debe ser, aunque, por desgracia, lo veamos pocas veces.
POSTDATA. En el programa de mano que se entrega en la Plaza leo un texto de la Asociación El Toro de Madrid, titulado «Por la regeneración de la suerte de varas y la defensa del toro en Las Ventas»: tienen toda la razón. Algunos espectadores recién llegados, con un ingenuo sentimentalismo, pretenden que la suerte de varas se reduzca al mínimo. Además, algunos ganaderos crían ahora unos toros que salen con las fuerzas justas, como si estuvieran ya picados. Son dos errores graves. La suerte de varas sirve para ahormar al toro y para medir su bravura. No es fácil de realizar (nada lo es, en el toreo) pero es imprescindible y puede ser también muy hermosa, por la conjunción del toro, el hombre y el caballo. El buen aficionado se caracteriza, entre otras cosas, por valorar la suerte de varas.
FICHA
- Madrid. Plaza de las Ventas. Miércoles, 27 de mayo de 2026. Decimoséptimo espectáculo de la Feria de San Isidro. 19.058 espectadores.
- Toros de Pedraza de Yeltes, altos, con muchos kilos; cumplen bien en el caballo, dan juego irregular. Destaca el muy encastado tercero.
- ISAAC FONSECA, de azul rey y oro, buena estocada (aviso, saludos). En el cuarto, tres pinchazos y estocada desprendida (dos avisos, silencio).
- JOSÉ FERNANDO MOLINA, de azul marino y oro, estocada tendida (aviso, silencio). En el quinto, pinchazo y estocada (aviso, silencio).
- JAROCHO, de tabaco e hilo blanco, pinchazo y estocada baja (saludos). En el sexto, pinchazo y estocada caída (ovación de despedida).