Fundado en 1910
El productor y empresario teatral Jesús Cimarro recibe el 'Premio Max de Honor 2026' durante la gala de entrega de los XXIX Premios Max de las Artes Escénicas, en el Teatro Romano, a 1 de junio de 2026, en Mérida, Extremadura (España). Este evento, organizado por la Fundación SGAE, se articula bajo el lema conceptual de "La grandeza" con una dirección artística a cargo de Cristina D. Silveira, y destaca por la concesión del Premio Max de Honor de este año al productor y empresario teatral Jesús Cimarro.

Jorge Armestar / Europa Press
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01/6/2026

El productor y empresario teatral Jesús Cimarro recibe el Premio Max de Honor 2026jorge armestar

Los Premios Max conceden su máximo galardón a la obra '1936', un «sutil» ejemplo de manipulación y propaganda

El montaje está producido por El Terrat, fundada por Andreu Buenafuente, quien la vendió a la Mediapro de Jaume Roures

Una obra artística puede ser buena o mala (en todas sus gradaciones) de muchas formas diferentes. 1936 (título conciso y cuatro horas de duración), la obra de teatro ganadora del premió máximo de los Max de las Artes Escénicas es un buen (de lo mejor) ejemplo.

Para empezar, la productora del montaje es El Terrat, fundada por el presentador y empresario Andreu Buenafuente, quien la vendió a la Mediapro de Jaume Roures.

¿Se puede esperar de dos figuras tan contrastadamente implicadas en política de un solo lado que una obra sobre la Guerra Civil tenga un mínimo contexto de neutralidad en el hecho histórico y temática que el Gobierno ha convertido en su comodín de urgencia?

No parece posible y no lo es. 1936 es una obra dramatúrgicamente notable en las formas, pero no en el fondo, uno de sectarismo disfrazado de objetividad, que además actúa como reclamo publicitario.

Esa «mirada poliédrica» sobre el conflicto, a decir de sus autores, que no es más que un caleidoscopio de confusión para decir lo que se espera de una obra con tan expresas características formales que no logra superarlas, entre otras cosas porque no lo pretende, sino todo lo contrario.

Lo que busca, entre otras cosas, es promocionar la ecuanimidad para mostrar lo opuesto y que no lo parezca. Como amagar en el cuadrilátero con la derecha y terminar con un directo de izquierda.

El sectarismo acaba triunfando y viéndose de una forma tan ridícula como alguien que pretende no ser visto al esconderse detrás de un árbol fino. Todos los personajes del bando nacional están representados como auténticos animales, malvados, pedrestres, caricaturizados radicalmente en sus características más comunes, mientras los republicanos aparecen como el ejemplo perfecto de delicadeza, tolerancia y sensibilidad.

«¡No, hija, no!», hubiera dicho Antonio Ozores ante semejante atropello a la memoria (u homenaje a la memoria democrática) que se produce tantas veces en el guion, obviando, por ejemplo, hechos como la revolución del 34, con el PSOE levantándose contra un Gobierno elegido democráticamente.

Qué casualidad. O no tanto, pese a la promoción, buenista, como confirmaron los premiados en la gala al dedicar el galardón con un inefable «a todas las personas, a las miles de personas que siguen en este país todavía enterradas en lugares desconocidos».

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