El éxito de los toros exige la dimisión de Urtasun por sus ataques a la cultura que debe defender
El «simple» incumplimiento de la ley 18/2013 que regula la tauromaquia como patrimonio cultural de España, garantiza su conservación y promueve su enriquecimiento, justifica el cese
El ministro de Cultura, Ernest Urtasun, en el Premio Cervantes 2025
«Actividad injusta, sádica y despreciable». Así calificó Urtasun a la tauromaquia antes de ser nombrado ministro de Cultura. Una declaración radical y sectaria como esta ya debería haberle invalidado como candidato a ministro de Cultura por el simple y claro hecho de despreciar el patrimonio cultural español.
Despreciar cualquier actividad cultural (distinta a los toros) hubiera sido motivo suficiente para impedir que el despreciador obtuviera cualquier cargo público, y más si se trata de ser el responsable gubernamental de la cultura en España. La broma no se sostiene con solo pensar que el ministro de Cultura hubiera decidido suprimir el Premio Nacional de Literatura porque no le gusta leer.
O el Premio Nacional de Cinematografía porque no le gustan las películas. El absurdo de estas posibilidades sin embargo ha pasado el filtro en el caso de la tauromaquia, en un tiempo en que se ha podido ver como Urtasun rechazaba aplaudir al último Premio Nacional, el maestro Julián López «El Juli», antes de derogar el galardón.
La escena fue penosa, por lo que refleja más allá del mohín sectario, pueril e inverosímil de un ministro que tiene la obligación como tal de proteger y cuidar la cultura en todas sus manifestaciones por mucho que no le gusten. Urtasun estaba incapacitado para el cargo desde el principio, y aún así fue nombrado en la necesaria sumisión sanchista a políticos nacionalistas y antiespañoles para mantenerse en la Moncloa.
La ley 18/2013 regula la tauromaquia como patrimonio cultural de España y en ella se dice que se debe garantizar su conservación y «promover su enriquecimiento». Urtasun no solo no lo ha hecho, sino que antes de ser ministro se sabía que no lo iba a hacer, doble incoherencia y doble responsabilidad del protagonista y de quién le nombró pese a estar de antemano descalificado para el cargo.
Urtasun también dijo aquello de que «una gran mayoría de la sociedad no está de acuerdo con el maltrato animal». Muy pocos, también muy pocos entre los aficionados a los toros, están de acuerdo con el maltrato animal, pero lo que de verdad quería decir el ministro es que esa «gran mayoría social» no está de acuerdo con los toros, a los que tacha sectariamente, otra vez, de maltrato animal.
Después del éxito de récord en Sevilla y Madrid y por todas las Plazas de España, donde se advierte la efervescencia de la afición, singularizada en los jóvenes y su pasión y alegría naturales desbordadas, ¿a qué gran mayoría social se refiere Urtasun para justificar su intolerancia injustificable?
Urtasun nunca debió ser ministro de Cultura y, ya siéndolo, es obligada su dimisión en el incumplimiento infundado o peor, fanático, de su obligación de garantizar la conservación de la cultura y promover su enriquecimiento en todas sus manifestaciones como gobernante de todos los españoles.