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Los toros no entienden de política, pero los antitaurinos sí y a los taurinos no les queda más remedio

El nuevo Premio Nacional de Tauromaquia promovido por el Senado, nueve comunidades autónomas y la Fundación Toro de Lidia es una respuesta más que una restitución

Madrid

Presentación del Premio Nacional de Tauromaquia

Presentación del Premio Nacional de Tauromaquia 2024Comunidad de Madrid

Escribe Antonio Lorca en El País que con la recuperación del Premio Nacional de Tauromaquia 2024 el pasado 30 de enero en la sede del Gobierno de la Comunidad de Madrid se firmó «la politización oficial de la fiesta de los toros».

No está ni mucho menos mal disparada ni desarrollada la afirmación. El taurino no quiere ni oír hablar a los políticos de toros más que en la plaza. Lorca, taurino y solo taurino experto, decidor del «sectario sentido de la democracia» de Urtasun, desgrana la querencia interesada de la política por el asunto, aludiendo a su ubicación particular y dispar en los Gobiernos autonómicos que han salido al rescate del Premio.

Es cierto que la tauromaquia en política está desubicada porque esta siempre tiene algún objetivo añadido. La política ha atacado a una industria cultural. Es como si la política, pongamos de nuevo a Urtasun, decidiera suspender el Premio Nacional de Narrativa. ¿Qué harían los escritores ante semejante atropello?

El Premio Nacional de Tauromaquia ya no existe por mucho que lo quieran llamar igual. No es el mismo. Pero tampoco importa mucho en el sentido profundo. Este nuevo premio llamado igual y convocado por el Senado, nueve comunidades autónomas y la Fundación Toro de Lidia es una respuesta más que una restitución.

Y esta respuesta el mundo del toro, representado en la Fundación, ha decidido darla con el apoyo de la política, que es la misma cosa que ha atentado no solo contra la Tauromaquia, sino contra los derechos de los ciudadanos al incumplir la ley. Si un Gobierno incumple la ley es la guerra y en la guerra no hay reglas sino respuestas y estrategias.

El nuevo Premio Nacional de Tauromaquia no es el Premio Nacional de Tauromaquia, sino una estrategia en medio de la guerra contra un usurpador. Uno observa al Senado, a las nueve comunidades y a la Fundación Toro de Lidia y ve a los oficiales rusos de Tolstoi en el sitio de Sebastopol devolviendo el fuego de mortero para no ceder sus posiciones.

Tiene algo (o mucho) de heroico esta resistencia ante el tirano en este caso, incluso con el apoyo de una parte de la política, incluso con la politización irremediable que no es la lucha de la «derecha» contra la «izquierda» habitual, sino la resistencia de una política taurina contra una política antitaurina.

En una operación matemática la «política» desaparecería en este caso a ambos lados del signo y solo quedaría «taurina» contra «antitaurina», las partes en las que, por ejemplo, Luis Eduardo Aute, hombre de izquierdas y taurino de afición, decía que se dividía el mundo sin atacar a nadie como sí hace el sectario Urtasun.

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