Liam Neeson como Jean Valjean, Zapatero y Tom Courtenay como Pasha Antípov
Cinco personajes de la literatura para entender mejor al imputado Zapatero
Muchos españoles empezaron a verle como al príncipe Mishkin de El idiota de Dostoievski: la representación pura de la bondad y la inocencia. Él mismo se lo creyó y comenzó a actuar como tal imbuido de ese prejuicio
Más allá de los clásicos sobrenombres de Zapatero, desde Bambi, Mr. Bean o el propagandístico ZP, la literatura nos ha dejado protagonistas y con ellos arquetipos, también clásicos, que por su naturaleza reconocible nos pueden permitir entender el curioso y oscuro personaje del expresidente imputado.
Antípov de 'Doctor Zhivago'
Quién es o quién cree que es en este grave momento para España, e incluso quién puede ser en realidad, además de, por supuesto, él mismo. Si se observa, con todo lo que se sabe hoy, aquel Zapatero primigenio, aquel candidato destinado al fracaso que siempre levantaba los talones al estar de pie mientras sonreía bobaliconamente (eso se le quedó como marca de la casa) exactamente igual que el personaje de Rowan Atkinson, llevaba por dentro en realidad al idealista menchevique Pasha Antípov de Doctor Zhivago, quien después se convirtió en el temible líder bolchevique Strélnikov.
De los mencheviques al poder hay casi una caída libre difícil de resistir. Pero una vez superado el trance lo que apareció para el imprevisto presidente Zapatero era jauja. Entonces comenzó su idealización. Muchos españoles empezaron a verle como al príncipe Mishkin de El idiota de Dostoievski: la representación pura de la bondad y la inocencia. Él mismo se lo creyó y comenzó a actuar como tal imbuido de ese prejuicio, mientras el Strélnikov de Antípov iba creciendo en su interior de forma natural.
Los años pasaron en época de bonanza económica alegremente saqueada por tan simpático príncipe. Mientras duraron los dineros dilapidados, la personalidad de Mishkin-Zapatero evolucionó en su percepción pública a otra también y tan bien conocida como la del Jean Valjean de Víctor Hugo. El nuevo hombre que si bien no es el exconvicto convertido en ejemplo máximo de rectitud de Los miserables, sí es un revolucionario de medio pelo hecho todo un presidente (y consolidado) casi por arte de magia.
El Jean Valjean de 'Los miserables'
De este modo Zapatero pasó a ser un Jean Valjean (al que no perseguía entonces ningún malvado Javert para devolverle su pasado), el paradigma de la honradez y de la humanidad en una nueva mutación del personaje que, abruptamente, tras el fracaso de sus políticas y el anuncio de los recortes y con ellos de la crisis económica que acabó llegando de forma destructiva, dejó de ser presidente.
Entonces desapareció del foco y sorprendentemente no demasiado mal a pesar del desastre, sostenido por su cacareada y magnificada gestión en avances sociales y el tenebroso «fin de ETA» que nunca fue tal sino una ignominiosa homologación de inmejorable resultado para los asesinos y de humillante resultado para las víctimas. Sin embargo, para muchos, Zapatero (y probablemente para él mismo) seguía siendo Jean Valjean.
'Cándido' de Voltaire
Un Jean Valjean que en su largo anonimato hasta su regreso a los focos bien pudo transformarse en Don Quijote con sus lecturas «de caballerías», que no eran otra cosa que pinitos más que cercanos a lo delictivo, según parece, en la concepción quijotesca, enajenada, de ser un caballero andante pasara lo que pasara. Valjean se trastornó y apareció el trastornado Alonso Quijano metido en sus libros y en Suramérica, como si fuera un conquistador, tierra de oportunidades para un hombre tan bueno, dialogante y honrado.
Empezó a tratar con dictadores en la creencia de que todo estaba bien, porque él era esencialmente bueno, independientemente de sus compañías, como el Cándido de Voltaire. Dinero turbio, joyas, elecciones compradas, compañías mejorables, aerolíneas... Pero todo era legal y bueno para Cándido en su particular castillo de Thunder-ten-tronckh y con su particular Cunegunda, madre de sus dos hijas también imputadas.
Josef K. de 'El proceso' de Kafka
Hasta que alguien puso en cuestión que todo fuera legal y bueno y entonces Cándido cayó en la dudosa cuenta de que a lo mejor las enseñanzas del doctor Pangloss de que todo sucede para bien en este mundo, el mejor de los mundos posibles, no eran del todo ciertas y que todo su ser y haber podrían ser perfectamente objeto de desmoronamiento sin ni siquiera sospecharlo.
Así es como el original José Luis Rodríguez Zapatero, convertido en Bambi, Mr. Bean o ZP, elevado a Antípov (con Strélnikov siempre por dentro) y crecido en el tolerante y sensible príncipe Mishkin hasta llegar a ser (y a creerse) Jean Valjean y luego el Quijote y al final el Cándido de Voltaire, va por ahí ahora transformado en el Josef K. de El proceso de Kafka sin saber de qué se le acusa, tratando de explicarse la irracionalidad de esas acusaciones que de momento es incapaz de comprender hasta su próxima reencarnación literaria.