Mike Tyson en la portada de The Ring en 1986
Mike Tyson cumple 60 años: por qué es más un fenómeno cultural pese a haber sido un increíble campeón de boxeo
Aquellos nocauts en cuestión de segundos que escribieron la fábula fueron las coloraciones de la paleta. Hubo pintura y sobre todo literatura, rimas y leyendas durante cinco años que podría haber escrito Gustavo Adolfo Bécquer
La primera acepción de cultura en la RAE es cultivo. La «acción y el efecto de cultivar». Cultivar es «Dar a la tierra y a las plantas las labores necesarias para que fructifiquen» y también «Ejercitarse en las artes, las ciencias, las lenguas».
Cultura es también «Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico» o «Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.».
«Iron Mike»
Un fenómeno es una «cosa extraordinaria y sorprendente». También «Persona o animal monstruoso» y «Persona sobresaliente en su línea». Mike Tyson fue (sobre todo) y sigue siendo un fenómeno y, aunque lo fue deportivo (el campeón de los pesos pesados más joven de la historia), su «fenomenalidad» fue y ha terminado confirmándose como más cultural que atlética.
«Iron Mike» tiene más la impronta de un actor de Hollywood que la de una leyenda del cuadrilátero. De hecho ingresó en el Salón de la Fama de su deporte junto a Sylvester Stallone, creador e intérprete del ficticio Rocky Balboa. Andy Warhol murió apenas un año después de que «el terror del Garden» ganase su primer cinturón con 20 años. Una lástima porque Tyson, a buen seguro, hubiera sido uno de sus temas favoritos.
Sylvester Stallone y Mike Tyson el día que ingresaron en el Salón de la Fama del boxeo en 2011
Aquellos nocauts en cuestión de segundos que escribieron la fábula fueron las coloraciones de la paleta. Hubo pintura y sobre todo literatura, rimas y leyendas que podría haber escrito Gustavo Adolfo Bécquer como la de aquella encuesta en Estados Unidos que señaló que la derrota deportiva que jamás ocurriría era la de Mike Tyson.
Durante un lustro fue cierto, pero a partir de ahí, sorpresivamente, aunque en realidad no tanto, el boxeador invencible dejó de serlo, no así el icono pop que ya estaba hecho para siempre. Ya no podía ser la leyenda deportiva que apuntaba a ser hacia límites insondables (aunque aún tuvo oportunidades de serlo), pero entonces empezó el cuento tradicional de Mike Tyson.
Lo que vino después fue una sucesión de despropósitos personales. La delincuencia original desatada en comportamientos erráticos y sin rumbo. Cárcel, figura de sensacionalismo, de televisión. Siguió peleando, como en el triste combate contra Holyfield en el que le arrancó un pedazo de oreja de un mordisco: nunca mejor (o peor) dicho que carnaza para la historia negra de Tyson: de «rey adolescente» a personaje barato de sucesos.
Mike Tyson sigue siendo eso. Una suerte de artista de variedades, mayormente cercano a lo delictivo como si, una vez perdida la oportunidad, el tren, ya no hubiera podido cogerla nunca más. El fenómeno cultural que Mike Tyson es más que un campeón fulgurante de boxeo no lo es por esto, sino por los primeros años en que fue un personaje de novela, de película, de cómic, de pintura y escultura.
Portada de Sports Illustrated con el nocaut que le proclamó campeón a los 20 años
El joven adolescente mítico y espectacular que rompía paredes a puñetazos como Hulk, escribía hitos a lo Hoffmansthal con su gancho de izquierda, cincelaba esculturas con su «uppercut» único y casi se metía en el alma de sus oponentes y del público como Dostoievski cuando penetraba como nadie en las defensas más cerradas, abriéndose camino al andar con su juvenil y efímera violencia poética.