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Historias de la músicaCésar Wonenburger

'Carmen' en Salzburgo, aún hay más…

La primera ópera del Festival de Salzburgo, que abrirá sus puertas el próximo sábado, será una nueva producción de la genial obra de Bizet a cargo del carismático Teodor Currentzis, un director que a nadie suele dejar indiferente

Asmik Grigorian

«¡Esperen que aún hay más!». Tras el atracón de producciones de Carmen que durante la pasada temporada celebraron los aniversarios de la ópera y su autor, Georges Bizet, el Festival de Salzburgo vuelve a apelar a la magia eterna de este singular título con raíces sevillanas en el inminente arranque de su nueva edición.

Es como si después del despliegue realizado por todos los teatros, desde las grandes, conocidas referencias internacionales hasta sus pretendidas réplicas de las provincias, el certamen austriaco afirmara: «Quieto todo el mundo, que lo más interesante sobre una de las obras fundamentales del repertorio lírico ya se lo vamos a ofrecer nosotros».

Salzburgo desea continuar otros cien años marcando el ritmo de las principales tendencias artísticas, en lo que a la música y la ópera se refiere. Desde luego, el monarca de los festivales europeos no se iba a conformar con las mediocres raciones del pastel bizetiano que se han podido degustar en estos últimos meses por el mundo, tan similares en su ausencia de ideas y un canto desprovisto de genuina emoción.

Al menos, se dispone a mostrar algo de su particular cosecha con cierta ambición de partida en lo que respecta al equipo artístico convocado. La Carmen que estos días, a partir del 26, se verá en el escenario principal de la cita que en su día fundaron Max Reinhardt, Hugo von Hoffmasthal y Richard Strauss contará con el más comprometido de los directores de orquesta de su generación, Teodor Currentzis, que además aporta para la ocasión a sus propios conjuntos, Utopía, lo que le garantiza poder ensayar la obra libre de intromisiones burocráticas ni cortapisas funcionariales para afinar una lectura seguramente meditada y detallista, al menos en la parcela musical.

¿Caprichosa?, ya se verá, pero sin duda arraigada sobre un profundo estudio de una obra que a estas alturas parecería albergar pocos misterios; de ahí lo singular y fascinante del reto al confiársela a este músico serio y carismático, que desprecia la consabida rutina, el rancio conformismo, la más meliflua costumbre.

Una 'Carmen' sobre todo bailada

El certamen, que ha vivido unos últimos meses de confusión y cierto caos con el inesperado relevo de su anterior director artístico, Mark Hinterhäuser, y el nombramiento de una sucesora que en realidad ocupa el puesto de manera interina en lo que encuentran a alguien más adecuado, apuesta además en la parte escénica por Gabriela Carrizo.

La experimentada coreógrafa argentina proviene del mundo del baile y ha colaborado para crear en Bélgica una compañía, Peeping Tom, con la que suele viajar por el mundo (también se ha presentado en España, en varias ocasiones) para proponer vanguardistas espectáculos de danza moderna.

Carrizo promete servir una Carmen con mucho movimiento de bailarines y luz, alguna referencia sevillana sobre todo en el vestuario y añejas técnicas cinematográficas, como el empleo del zoom, para bucear en los espacios más íntimos de los personajes: un don José marcado por la violencia del entorno, víctima de sus propias contradicciones, y una Carmen a la que la directora desea librar ahora de clichés y tópicos para presentarla, no como el prototipo o encarnación particular de nada, sino como cualquier mujer de un tiempo pasado o presente, ni más ni menos.

También en la elección del reparto, Salzburgo ofrece ahora el aliciente de un debut a cargo de una de las escasas estrellas de la ópera en estos días. Para incorporar a la cigarrera, se confía en el gancho de la camaleónica Asmik Grigorian, una soprano en lugar de una mezzo, como en su momento ya probaron Victoria de los Ángeles, Jessye Norman, Ainhoa Arteta o Maria Ewing, artista con la que guarda más de un parecido.

Desde luego, la cantante lituana suele mostrar sus mayores bazas cuando se sitúa al servicio de complejas encarnaciones dramáticas, plenas de profundos y sutiles pliegues sobre los que indagar. Grigorian es una auténtica bestia escénica: seductora y vulnerable, volcánica y tierna, como ha demostrado con sus sugestivas encarnaciones de Salomé, lady Macbeth o Rusalka.

Puede que su canto no resulte a veces todo lo ortodoxo o elevado que podría desearse (como le ha ocurrido con su controvertida, reciente Norma, donde se parece más a Ella Fitzgerald que a la Callas), pero no se puede negar que, con ella, en ciertas ocasiones, se experimentan ese tipo de descargas de pura electricidad emocional por las que aún se suele acudir al teatro. Para el resto ya están los discos.

A su lado, la intérprete contará con el tenor «proscrito», Jonathan Tetelmann, al que el Met ha vetado después de haber expuesto públicamente sus críticas al sentirse menospreciado por el teatro neoyorquino, donde no logró hacerse un ídolo. En Europa su oscuro magnetismo en escena parece apreciarse aún más incluso que una voz poderosa, aunque no siempre flexible ni bien enfocada. Su don José seguramente derrochará virilidad latina a falta de mayores sutilezas.

Las entradas de todas las funciones previstas se encuentran agotadas. Permanezcan atentos, poque alguna caerá por la tele quizá este mismo mes (a través de la cadena francoalemana Arte).

Solo Muti, Savall o Lang Lang llenan

Cosa curiosa, o no, los únicos espectáculos que por el momento han colmado las localidades ofrecidas en la programación más tradicional son cosas como la ópera de Bizet, o la Misa en si menor de J.S. Bach que ofrecerá Vox Luminis, además de los conciertos de los «viejos rockeros» como Riccardo Muti con el Réquiem de Verd, Jordi Savalli y obras de Vivaldi y Mozart o Christian Thilemann en un programa de Brahms, además del ascendente Tugan Sokhiev, que se unirá a Lang Lang y la Filarmónica de Viena en piezas de Prokofiev (Romeo y Julieta) y Ravel.

Pero si aún se animan a viajar queda mucho papel todavía sin vender del San Francisco de Asís, la monumental ópera de Messiaen; el Lucio Silla de Mozart con la soprano española Sara Blanch; Werther en concierto a cargo del tenor Bejamin Bernheim; Il Viaggio a Reims de Rossini en propuesta de Barrie Kosky a mayor gloria de Cecilia Bartoli, y para los conciertos y recitales de Gustavo Dudamel, Sokolov, Kissin, Lisette Oropesa, Michael Spyres y hasta Juan Diego Flórez. Salzburgo, quién te ha visto y quién te ve.