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Minas Tirith en el largometraje ``El Señor de los Anillos: El retorno del rey´´ (2003)Tolkienpedia

Qué ciudades inspiraron Minas Tirith, la «Ciudad de Reyes» de Tolkien

Rávena y la mismísima Jerusalén inspiraron a Tolkien para construir una de las ciudades más famosas de su obra

Minas Tirith, la capital del reino de Gondor en El Señor de los Anillos, es una de las localizaciones más famosas del Legendarium. Ciudad de Reyes y escenario de uno de los momentos más épicos de la literatura.

Tolkien describe una espectacular urbe: una enorme mole blanca dividida en siete niveles de altura en cuya cúspide se encuentra el árbol blanco de Gondor, símbolo del reino.

Es por ello la auténtica capital de los herederos de Númenor. Y no solo eso; con maestría, el autor refleja en Minas Tirith la condición del Hombre. Es una ciudad bella, pero denota la decadencia de la que se acusa al hombre durante toda la obra. Pese a estar adornada con grandes palacios y hermosas torres, apenas hay gente por sus calles, donde reina la tristeza y el desánimo. Se trata de un reflejo de la preocupación de sus habitantes por la guerra y la ausencia de un rey.

El mundo real y su historia inspiraron a Tolkien constantemente. Principalmente, Inglaterra y los anglosajones fueron su fuente de inspiración; sin embargo, el caso de Gondor y su capital fue distinto.

En el Legendarium los habitantes de Gondor descienden de los numenoreanos, una raza de los hombres que vivía en la isla de Númenor, en el oeste. Estos eran más longevos y sabios que el resto de los seres humanos, pero su isla fue hundida y los supervivientes huyeron a la Tierra Media.

EL SEÑOR DE LOS ANILLOS EL RETORNO DEL REY CARTEL DE CINE©KORPA

Tolkien quería, por tanto, distinguir a los gondorianos del resto de los hombres, hacerlos herederos de una antigüedad y pasado superiores. Y a la vez reflejar la decadencia que atravesaban durante la Tercera Edad.

Necesitaba, por ello, inspirarse en los grandes reinos e imperios del pasado. Afortunadamente, tenía el ejemplo más claro: el Imperio romano y su sucesor, el Imperio bizantino. Constantinopla, su capital, fue una de sus principales inspiraciones. Era una enorme urbe monumental de piedra. Pero también había otro elemento clave: siempre se la había asociado como una ciudad decadente, una sombra que no pudo igualar a Roma (así como Minas Tirith no podía igualar a Númenor).

Asimismo, tal y como el autor subrayó, se inspiró en Rávena. Esta fue la última capital del Imperio romano de Occidente. Tolkien destacaba que, así como los romanos en su decadencia cambiaron la capital de Roma a Rávena, de igual manera los gondorianos dejaron Osgiliath (la antigua y gloriosa capital) y la trasladaron a Minas Tirith.

Detalle de San Vitale de Rávena. Romanos y bizantinos fijaron aquí su capital, siendo una Roma en miniatura.Dos a la Deriva

Otra inspiración, igualmente a nivel conceptual, fue lo que se conoce como Urbs regia, es decir, la «ciudad del rey». Se trata de un fenómeno muy común dentro de los reinos germánicos (otra de las principales fuentes de inspiración para Tolkien). La Urbs regia albergaba la capital del reino (como Toledo en el caso visigodo, Aquisgrán en el Imperio carolingio, o la Pavía lombarda), por ello, eran ciudades que tendían a la monumentalidad como reflejo del poder del rey.

Otra ciudad que fue el foco de inspiración de Tolkien, pero esta vez en el sentido literal fue Jerusalén. Esta se enclava sobre dos montes escarpados (el monte Moriá y el de los olivos), de igual manera que Minas Tirith se sitúa en una montaña.

Pese al innegable paralelismo entre El Monte Sant-Michel y Minas Tirith, Tolkien nunca declaró haberse inspirado en la localidad francesa. Por lo que su paralelismo es más bien pura casualidad.

Tolkien fue una de las mentes maestras de la literatura. Un genio que supo construir y modelar su mundo partiendo de la historia. Es eso lo que hace a Minas Tirith única dentro de la fantasía. Esta ciudad logra ser un fiel reflejo del reino de Gondor y su situación. Pero a su vez es un eco, un susurro lejano que elogia y mantiene vivo el recuerdo de las grandes ciudades de los reyes del pasado. Así lo entendía el propio Tolkien:

El señor de los Anillos las Dos Torres, Libro IV, capítulo 5: Una ventana al oeste

-Por mi parte -dijo Faramir- quisiera ver el Arbol Blanco de nuevo florecido en las cortes de los reyes, y el retorno de la Corona de Plata, y que Minas Tirith viva en paz: Minas Anor otra vez como antaño, plena de luz, alta y radiante, hermosa como una reina entre otras reinas: no señora de una legión de esclavos, ni aun ama benévola de esclavos voluntarios. Guerra ha de haber mientras tengamos que defendernos de la maldad de un poder destructor que nos devoraría a todos; pero yo no amo la espada porque tiene filo, ni la flecha porque vuela, ni al guerrero porque ha ganado la gloria. Sólo amo lo que ellos defienden: la ciudad de los Hombres de Númenor; y quisiera que otros la amasen por sus recuerdos, por su antigüedad, por su belleza y por la sabiduría que hoy posee. Que no la teman, sino como acaso temen los hombres la dignidad de un hombre, viejo y sabio.