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El filósofo que hizo de la frase 'morir de risa' algo literal.El Debate (asistido por IA)

Filosofía para todos

El chiste que mató a uno de los grandes maestros del estoicismo

Crisipo de Solos destacó por su empeño filosófico, pero el motivo de su muerte eclipsó su inmensa obra

La historia de la filosofía está llena de anécdotas que demuestran que hasta los hombres a los que tomamos por profundamente serios y reflexivos tienen sus momentos de desahogo, esparcimiento y diversión. Acudir a los relatos acerca de la vida de estos personajes nos ofrece un abanico de situaciones que bien podrían haber sido inventadas por cómicos como los Monty Python.

Precisamente, uno de los sketches más recordados de los británicos nos presenta al inventor del chiste más gracioso del mundo, tan divertido que provoca la muerte de quien lo escucha. Por muy surrealista que nos pueda parecer la ocurrencia, algo parecido le pasó a Crisipo de Solos, figura fundamental en la sistematización y difusión del estoicismo.

De Crisipo de Solos cuentan que fue uno de los grandes maestros de la dialéctica estoica, esa que buscaba diferenciar entre los razonamientos verdaderos y los falsos, y que dedicó su vida a profundizar en multitud de aspectos filosóficos. Su capacidad de trabajo adquiere tintes casi legendarios cuando algunas fuentes citadas por Diógenes Laercio dicen que escribía 500 líneas al día. Así, en la Antigüedad se mencionan hasta 700 libros suyos, de los cuales apenas nos han llegado mínimos fragmentos.

Aunque sus numerosísimas obras no se han conservado, sí han llegado a nosotros varias curiosidades sobre su forma de vida. Es el ya mencionado Diógenes Laercio quien las recoge en su Vidas y opiniones de los filósofos ilustres. Ahí podemos comprobar como esa «imperturbabilidad» tan relacionada con el estoicismo se dejaba notar en Crisipo hasta en los momentos más insospechados: cuenta el autor que era conocida su alta tolerancia al alcohol, tanto que se llegaba a decir que «solo sus piernas se emborrachaban» porque «en medio de las reuniones de bebedores se mantenía sereno» y solo movía esa parte del cuerpo.

Sin embargo, precisamente las bebidas espirituosas están relacionadas con la causa de su muerte. Aunque la versión más conocida es la del chiste, otras fuentes indican que Crisipo de Solos murió cinco días después de una fiesta a la que le invitaron sus discípulos y en la que «trasegó vino puro y se mareó».

Y en cuanto a la broma que, supuestamente, le llevó a la tumba, Diógenes Laercio relata que nuestro filósofo fue testigo de como un asno se comía un puñado de higos que tenía preparados para él; consumado el hurto, el estoico tiró de buen humor y pidió a una sirvienta que diera vino al animal como postre. Tanta gracia le hizo su propio chascarrillo que sufrió un ataque de risa y murió entre carcajadas.

Terminaba así la vida de un hombre exitoso, pero al que no le faltaron críticos. Muchos lo tildaban de arrogante y no pocos le acusaban de abultar su producción filosófica con demasiadas citas de otros autores. Sea como fuere, no cabe duda de que su final es algo paradójico: Crisipo trató de explicar cómo se podían dominar racionalmente las pasiones y acabó siendo recordado por algo tan habitual como una buena risotada.