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Cuadro de 'La muerte de Viriato, jefe de los lusitanos'

Cuadro de 'La muerte de Viriato, jefe de los lusitanos'Museo del Prado

¿Desde cuándo existe España? El rastro de los orígenes de nuestro país en los libros de la Antigüedad

Los pueblos y civilizaciones de la península Ibérica han estado muy presentes en la literatura y crónicas de la Antigüedad

La pregunta del millón: ¿desde cuándo existe España? Para muchos independentistas, España es un invento reciente frente al supuesto carácter milenario de sus «naciones» catalana o vasca.

Argumentaciones algo más sesudas diferencian entre la formación de España como Estado moderno y la existencia anterior de la nación española.

Se apunta a las Cortes de Cádiz y su Constitución de 1812; retrocediendo en el tiempo, también se apunta a los Decretos de Nueva Planta de 1716, yendo aún más atrás, a la unión dinástica entre los Reyes Católicos en 1469, o la culminación de la Reconquista en 1492.

Teniendo en cuenta que la formación de la nación o de su Estado es un proceso complejo que, en caso de países antiguos como España, depende de muchos elementos y se desarrolla a lo largo de amplios períodos históricos, es absurdo tratar de dar una fecha.

España, al fin y al cabo, es una realidad política que, de una forma u otra, hunde sus raíces en los orígenes mismos de la civilización y, así, figura en textos de una antigüedad asombrosa.

Frente a aquellos que niegan la evidencia milenaria del concepto de España o equivalentes, debería bastar la existencia de inscripciones numismáticas o de enterramientos reales donde los Reyes de España figuran con el título de «Hispaniarum rex» (véase, por ejemplo, las tumbas del Panteón Real del Monasterio de El Escorial).

O las referencias a España en textos literarios y crónicas históricas medievales (en el Cantar del Cid, por ejemplo, y, por supuesto, en textos muy posteriores como el Quijote).

Pero, si todo ello no basta, se pueden citar numerosos textos de la Antigüedad donde ya se menta a España o a una realidad equivalente.

Las menciones a España que más llaman la atención son las que figuran en la Biblia. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento se habla de España en varias ocasiones.

Las referencias del Antiguo Testamento se centran en la ciudad de Tarsis, identificada con la cultura de Tartesos, en el área de las actuales Cádiz y Huelva.

Aunque muchas de las referencias a Tarsis en el Antiguo Testamento son nombres de personas, o lugares que no se corresponden con la antigua civilización del sur de la actual España, hay referencias que son indudables.

La más célebre es la del Libro de Jonás, donde se describe cómo el profeta trata de huir del mandato de Dios y se embarca rumbo a Tarsis en un barco que terminaría por naufragar: «Jonás se puso en marcha para huir a Tarsis, lejos del Señor. Bajó a Jafa y encontró un barco que iba a Tarsis; pagó el pasaje y embarcó para ir con ellos a Tarsis, lejos del Señor».

En el Libro de Ezequiel se ofrecen más datos sobre la antigua Tarsis y se subraya la importancia de la península como productor de metales y su carácter estratégico como punto de intercambio comercial del Mediterráneo: «Tarsis traficaba contigo por tu abundante mercadería, te pagaba con plata y hierro, estaño y plomo». «Naves de Tarsis transportaban tus mercancías».

Sin embargo, la referencia bíblica a Tarsis más interesante es, quizás, la del Salmo 72, donde se habla de los reyes de Tarsis: «En su presencia se inclinen las tribus del desierto; sus enemigos muerdan el polvo; los reyes de Tarsis y de las islas le paguen tributo».

Las referencias a España en la Biblia son claras y explícitas en el Nuevo Testamento. En concreto, se menciona a España en la Carta de San Pablo a los Romanos, donde el apóstol expresa su voluntad de viajar a España: «Cuando me ponga en camino hacia España, espero veros al pasar». «Pasaré entre vosotros de camino a España».

La Atlántida de Platón

España tiene un papel protagonista en uno de los mitos más importantes de Occidente: el de la Atlántida. A medio camino entre la fantasía, la arqueología, la filosofía y la literatura, fue Platón quien, con sus Diálogos, prendió la mecha del mito de la Atlántida. En concreto, en sus diálogos Timeo y Critias.

Escritos en el siglo IV a.C., Platón habla de la Atlántida como sociedad ideal, una utopía que habría caído por la arrogancia de sus dirigentes y los desastres naturales.

Platón ubica la Atlántida más allá de las Columnas de Hércules, es decir, en España, lo que ha llevado a algunos estudiosos a identificar la Atlántida con la civilización de los tartesios.

España en la geografía antigua

España, o Iberia, recibe una particular atención, con amplias descripciones geográficas y demográficas, en los trabajos de geógrafos e historiadores griegos y romanos. El geógrafo griego Estrabón viajó por Iberia y dejó una detallada descripción de la península en su Libro Primero de su Geografía.

Este texto de Estrabón ha servido como testimonio único para conocer la realidad social y demográfica de la España antigua, aportando valiosa información de los pueblos que la habitaban en tiempos de la conquista romana, así como importantes datos toponímicos e históricos.

El también geógrafo griego Claudio Ptolomeo muestra su interés por la Hispania romana en su Geografía, ofreciendo información muy útil sobre la división y organización de las provincias hispanas bajo Roma, así como su toponimia.

El historiador romano Tito Livio, asimismo, plasmó en su obra Ab urbe condita (Historia de Roma desde su fundación) la guerra entre Roma y Cartago en suelo hispano, así como el posterior sometimiento al poder romano de los pueblos indígenas hispanos.

Las menciones más célebres a España en la literatura latina son las que hace el mismísimo Julio César en sus Comentarios a la guerra civil.

Planteada como una segunda parte a sus Comentarios a la guerra de las Galias, esta obra de César, elaborada como un tratado de guerra y una crónica histórica, se centra en su libro primero en las campañas de César en Hispania para someter a los pueblos de la península antes de las catástrofes desatadas por el cruce del Rubicón.

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