Aranjuez saca brillo a su esplendor musical
La «Arena» de la villa madrileña acogió dos conciertos, con su calle inundada de zarzuela, en un fin de semana pensado para conmemorar el «Paisaje de la humanidad» y aspirar a una gran cita musical veraniega
Concierto de la Orquesta Del Real Sitio en la Arena de Aranjuez
Aranjuez conmemora estos días el XXV aniversario de su proclamación internacional como «Paisaje de la humanidad». El atractivo de esta villa no se limita solo a la belleza de sus jardines, palacios o el recientemente restaurado, en todo su esplendor barroco, Teatro Carlos III. A la exuberancia reconocida por la UNESCO se adhiere como parte de su fisonomía y carácter otra riqueza paisajística, enorme, inmaterial, tanto o más fecunda, esa que emana de los exquisitos sonidos que todavía sabe inspirar.
Scarlatti, Farinelli...
Aquí compuso Domenico Scarlatti varias de sus célebres sonatas por encargo de María Bárbara de Braganza. El más célebre de los castrati, Farinelli, no solo consoló de melancolías tan propias del poder a Felipe V, sino que organizó con notable ambición y criterio la vida musical madrileña. Mientras Joaquín Rodrigo hallaría la inspiración precisa para la pieza de música clásica española que quizá haya alcanzado la mayor difusión en el mundo, su célebre Concierto de Aranjuez, cuyo segundo movimiento ha conocido todo tipo de versiones, como la que constituye el núcleo de Sketches of Spain de Miles Davis, una de sus más renombradas cumbres jazzísticas.
Farinelli por Jacopo Amigoni (1752)
Por eso extraña que cuando aún no se han apagado del todo los algo más apacibles ecos estivales, Aranjuez no se vuelque más con la música en los distintos espacios, varios de ellos al aire libre, que podrían servir para sumar a su inagotable atractivo turístico un nuevo eslabón. Ese que fomente la asistencia de mayores visitantes para disfrutar del fértil maridaje entre cultura y patrimonio artístico que los italianos, de los que tanto deberíamos aprender (la inicial lección de Farinelli no ha calado como debería en las mentes de los políticos), saben explotar como nadie en el mundo.
La iniciativa de un pionero
Sin embargo, hace un par de años, uno de esos ferrolanos errantes, hoy ya hecho todo un ribereño admirado por sus vecinos, Miguel Muñoz, tuvo el acierto de vislumbrar las posibilidades de convertir la bicentenaria plaza de toros (otra de las joyas de la localidad) en una suerte de Arena de Aranjuez, a semejanza de lo que puede disfrutarse en Caracalla, Macerata, Taormina o incluso Verona.
El coso taurino bien podría albergar espectáculos de extraordinario interés y calado, desde óperas (en Carmen no se precisa de mayor escenografía que la que ofrece este lugar privilegiado) hasta conciertos sinfónicos, espectáculos de danza, flamenco, jazz… en una única cita veraniega. Las posibilidades son infinitas.
Con la colaboración de las administraciones, Muñoz ha logrado ahora plantar en la Arena ribereña, este mismo fin de semana, el germen de su proyecto. El viernes la plaza acogió un concierto con programa de enorme delicadeza y sensibilidad. La Orquesta del Real Sitio, formada por jóvenes músicos vinculado s la fundación Katarina Gurska, bajo la batuta de Borja Quintas, interpretó música de Debussy, Poulenc, Turina y Falla.
Jóvenes músicos
Resultó una propuesta de una meditada coherencia que exploró, sin necesidad de alardes musicológicos, las relaciones entre varios autores, franceses y españoles, que cultivaron lenguajes distintos, cada uno con su propio sello personal, sin dejar de mostrarse como dignos representantes de su tiempo, necesariamente nuevo.
Los cuatro supieron además mantener la vinculación con el pasado, y al mismo tiempo conocedores de que sus creaciones debían tener un destinatario, nunca desdeñaron a ese público que seguramente busca cosas distintas en la música (incluso hasta la posibilidad de llegar a conmoverse con ella), pero al menos desde la base de una cierta inteligibilidad.
Francis Poulenc y Wanda Landowska
Más allá del acierto de la propuesta, seguida con un silencio casi reverencial por el público que colmó el aforo, lo mejor fue la madura implicación de estos jóvenes músicos, tanto los de la propia orquesta como los pianistas que se lucieron en esa joya que es el Concierto para dos pianos de Poulenc, con sus reminiscencias mozartianas.
Después de cuatro décadas de la (llamémosla así) normalización de la vida musical española, con la creación de auditorios y orquestas, los nuevos intérpretes florecen por todas partes, con una habilidad desconcertante para quien desconozca la enorme labor que hay detrás, de los chicos y de algunos de sus profesores. No es casualidad que algunos de ellos ocupen ya puestos relevantes, pese a su juventud, en conjuntos de tanto prestigio como la Filarmónica de Berlín o la Sinfónica de Chicago.
Dos ex alumnos del gran Francisco Araiza
Al día siguiente, ayer sábado, la plaza volvería a llenarse (dos mil personas en un fin de semana son muchas incluso para Aranjuez, según comentaba el propio alcalde) con el llamado Concierto de grandes voces, esta vez a cargo de dos cantantes en plena madurez, con buena proyección. Ambos han sido alumnos del gran Francisco Araiza, el Tamino de Karajan, en la Escuela Reina Sofía, y el sello particular del gran estilista mexicano se nota, tanto en la mezzo Olga Syniakova como en el tenor Jorge Puerta.
No se trata aquí de dar cuenta detallada de lo que constituyó un merecido triunfo, con el público entregado desde sus primeras intervenciones. Lo relevante en este caso es dar noticia de la extraordinaria, nueva iniciativa.
Estoy seguro de que tanto el venezolano Puerta, lanzado ya a una carrera muy interesante (voces como la suya no abundan para el repertorio más pesado de Verdi, por ejemplo, o todo el verismo) en Alemania y próximamente en EE UU, como Syniakova, que será Rosina en la temporada del Teatro Real, podrían encontrar su lugar en los principales teatros si la miopía de los directores no se muestra del todo tozuda.
La mezzo-soprano Olga Syniakova
Tanto ella, que ya ha actuado en la Scala, como él, que a punto estuvo de sustituir a Piotr Beczala en una Aida del Met, firmaron un dúo de Werther de extraordinaria belleza, realzada por la mágica aparición de la luna a un lado de la plaza en una noche clara, propicia para las emociones.
A juzgar por su interpretación de Besos en mis sueños, como su propina en solitario, Puerta tendría que considerar grabar algún día un disco de homenaje al gran Alfredo Sadel, que fue capaz de triunfar en sus dos facetas: la de cantante ligero y tenor lírico. Su compatriota actual resulta igual de convincente cantando el aria de Canio de «Pagliacci» que en las evocadoras melodías de Brandt, con Teresa Cos como pianista.
Zarzuela en Plaza de la Constitución
Para completar el fin de semana musical, este mismo domingo se encuentra programado un concierto callejero. La Arena le cede el protagonismo a una de las magníficas plazas de la villa, la de la Constitución, para ofrecer obras de zarzuela en las voces de la soprano Andreína Williams y el barítono Abelardo Cárdenas. La idea consiste en alegrarle la mañana tanto a los aficionados, para los que se habilitarán sillas, como a los curiosos viandantes.
Durante un par de días, Aranjuez se ha parecido a aquella Viena culta y animada, volcada al exterior para cultivar lo de dentro, lo único imprescindible, que Stefan Zweig rememoraba en El mundo de ayer.