La filósofa Simone de Beauvoir y la ministra de Sanidad, Mónica García.
Filosofía para todos
Las secuelas del aborto que hasta Simone de Beauvoir reconocía y que Mónica García niega
La intelectual de cabecera para el feminismo radical defendía la libertad para interrumpir el embarazo, pero advertía de los traumas que podía provocar
Con el paso del tiempo, el debate sobre el aborto pretende ser silenciado con la institución de ciertos dogmas que no se deben poner en duda. En ese contexto se enmarcan las declaraciones de la ministra de Sanidad, Mónica García, negando categóricamente el sufrimiento fetal durante el proceso y las posibles secuelas, físicas y psicológicas, que pueden afectar a la madre tras la intervención con la que pone fin a su embarazo.
La ministra opta por el reduccionismo materialista y cientificista para desechar cualquier posibilidad de ese sufrimiento fetal. Aunque no han sido pocos los especialistas que le han rebatido, tampoco deberíamos olvidar otros puntos de vista, como el de la filosofía, para abordar la cuestión. Sentir o no un dolor físico no es la única condición para discernir sobre un hecho tan grave como la eliminación de un ser humano.
En esta línea, grandes pensadores tendrían mucho que aportar al debate: la concepción de ser en acto y en potencia de Aristóteles, el mal como privación de un bien debido de Tomás de Aquino, la distinción entre cuerpo físico y cuerpo vivido de Edith Stein o la condición de seres vulnerables que pone en valor Alasdair MacIntyre y que de forma tan evidente se nos presenta en la vida que se desarrolla en el seno de una madre.
Lo mismo ocurre con la segunda afirmación de Mónica García: tiene poca base científica la negación del aborto como hecho potencialmente traumático para la mujer. Sin embargo, optaremos de nuevo por centrarnos en lo filosófico y citaremos a una de las grandes figuras del feminismo más radical: Simone de Beauvoir.
Muchas de las grandes reivindicaciones en materia de derechos realizadas por las mujeres en los siglos XX y XXI nacen de las ideas de la existencialista francesa. Su obra El segundo sexo es citada una y otra vez como faro intelectual para el feminismo más extremo. En sus páginas se recogen conceptos clave para entender la deriva de estos movimientos y otros aledaños, como la defensa de la ideología de género aferrada a la famosa frase «No se nace mujer, se llega a serlo».
Un acto cargado de consecuencias
En su libro, publicado en 1949, Beauvoir defiende la despenalización del aborto y aboga por otorgar a la mujer la libertad necesaria para no quedar atrapada por «su destino fisiológico». Habla la francesa de la «hipocresía» de la sociedad, de «la maternidad forzosa» y repite los clásicos ataques a quienes defienden la vida, como es el caso de la Iglesia.
Sin embargo, frente al dogmatismo irracional de la ministra de Sanidad, la filósofa no quita hierro al asunto y dedica algunas palabras a las sombras de un acto al que no se puede negar su peso existencial.
Es por ese motivo por el que la mismísima Simone de Beauvoir reconoce que la mujer «a menudo rechaza en su corazón la misma intervención que está exigiendo» y «vive con malestar la ambigüedad del acto que realiza». En términos que hoy serían rechazados por Mónica García, asegura la feminista que el aborto «no se puede asimilar a una simple práctica anticonceptiva; ha tenido lugar un acontecimiento que es un comienzo absoluto y se detiene su desarrollo».
Si la interrupción del embarazo provoca esa división interna en el seno de la mujer, es imposible que no tenga consecuencias a posteriori. «Algunas mujeres se quedarán obsesionadas por la memoria de ese hijo que no ha sido», concluye la existencialista. Después, cita casos concretos (evidencias que negaría la ministra) de «remordimiento», «culpabilidad», «melancolías patológicas» y hasta la anulación del deseo sexual «bien con todos los hombres, bien con el que la dejó embarazada».
No se olvida Beauvoir de la presión que pueden ejercer los hombres a la hora de tomar semejante decisión. La autora ve en ellos una «tendencia a tomarse el aborto a la ligera», mientras que la mujer lo puede llegar a vivir, aunque desee esa interrupción del embarazo, como «un sacrificio de su feminidad». Tal es la situación que se nos menciona otra consecuencia concreta que hoy también sería juzgada con mucho recelo: «Llegando al límite de esta claudicación, algunas mujeres se vuelven homosexuales tras el trauma de un aborto».
«Para muchas, el mundo nunca volverá a ser el mismo». Así concluye Simone de Beauvoir su relato de los traumas que puede provocar en las mujeres el aborto. Visto lo visto, no tardará mucho la ministra de Sanidad en incluir a la filósofa en su lista de negacionistas.