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Retrato de Julián Marías

Retrato de Julián MaríasWikimedia Commons

Julián Marías y su lucha filosófica contra el aborto

El pensador español defendió la vida con argumentos antropológicos y metafísicos

Una sencilla búsqueda en YouTube nos permite encontrar un brevísimo extracto de una entrevista que Fernando Sánchez Dragó realizó al filósofo Julián Marías en su programa Negro sobre blanco en La 2 de Televisión Española. Al margen de las valoraciones sobre el abismo de calidad que separa al ente público de entonces con el actual, ese minuto de conversación resume la visión del filósofo sobre la cuestión del aborto: «Es vergonzosa su aceptación social, que se diga que es bueno o un derecho».

La opinión de Marías no es la de un tertuliano más, es la de un hombre dedicado al cultivo de la razón y al análisis de las cuestiones más profundas de la vida humana. Esa labor intelectual llevó al discípulo de Ortega y Gasset a posicionarse con claridad y argumentos notables a la «interrupción del embarazo», una expresión que calificaba de «refinada hipocresía» y a la que respondía con ironía: «Los partidarios de la pena de muerte tienen resueltas sus dificultades: la horca o el garrote pueden llamarse 'interrupción de la respiración' y ya no hay problema».

Es en el artículo Una visión antropológica del aborto donde se pueden encontrar las bases filosóficas de la defensa de la vida realizada por Julián Marías. Ese texto, transcripción resumida de una conferencia pronunciada en la Universidad de Salamanca y al que se accede fácilmente en internet, comienza descartando (no despreciando) argumentos de tipo religioso o científico y opta por utilizar «un planteamiento elemental, ligado a la mera condición humana, accesible a cualquiera, independiente de conocimientos científicos o teológicos, que pocos poseen».

Del qué al quién

El filósofo apela en su texto a la radical diferencia entre persona y cosa. Lo hace con un ejemplo muy fácil de entender: «Si se oye un gran ruido extraño, me alarmaré y preguntaré: '¿Qué pasa?' o '¿qué es eso?'. Pero si oigo el golpe de unos nudillos que llaman a la puerta, nunca preguntaré: '¿Qué es?', sino '¿quién es?'».

Partiendo de esa idea, explica que el hijo que crece en el vientre de su madre «no es lo que es, es alguien», una «radical innovación de la realidad». Frente a quienes hablan de plazos o aceptan el aborto al considerar que ese feto «no es un 'quién' porque no tiene una vida 'personal'», Marías defiende que «habría que decir lo mismo del niño ya nacido durante muchos años».

El trasfondo filosófico de este planteamiento está en la «descosificación» del ser humano. Como bien ha explicado el profesor Enrique González Fernández en un profundo artículo en el que desmenuza La metafísica del aborto en Julián Marías: «La persona no es como una cosa más, definida por una naturaleza fija, sino una realidad radicalmente distinta, definida por su libertad».

Con una propuesta muy similar a la de otros filósofos como Martin Heidegger, Julián Marías aborda una metafísica que reconoce al hombre no como un «sujeto» entendido como soporte inerte de los actos sino como un «proyecto», alguien «lanzado hacia adelante» cuya esencia consiste en «acontecer». Y este abanico de posibilidades que constituyen el ser se quiebra por completo en el momento del aborto.

Así, la mal llamada «interrupción del embarazo» no puede justificarse como la decisión de la madre frente a su cuerpo. Esa «realidad viviente» que es el feto está «alojado» en la mujer, «en ella, y no meramente en su cuerpo», defenderá el filósofo e implica un «tercero que viene» y que se «impone a la evidencia sin teorías» a la hora del alumbramiento.

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