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Retrato de la escritora, feminista y filósofa francesa Simone de Beauvoir, 1983, en París

Retrato de la escritora, feminista y filósofa francesa Simone de Beauvoir, 1983, en ParísAFP

Desmontando a Simone de Beauvoir: la partera del feminismo que llamaba parásitos a los hijos y cárcel al hogar

La ideóloga del feminismo actual e icono del movimiento LGTBIQ+ dejó por escrito, entre otras aberraciones, su defensa de la pedofilia y del infanticidio, como recoge un artículo publicado en La Antorcha, la revista gratuita de la ACdP

Aunque no quiso tener hijos biológicos, Simone de Beauvoir engendró la ideología feminista que hoy permea el establishment de Occidente. Partera de una generación de «hijos intelectuales» como Virgine Despentes, e hija –o amante– del nihilismo, del marxismo y de los desbarres sexuales de Freud, es urgente actuar como el niño del cuento que señaló la desnudez del emperador, pero al grito de «¡Simone de Beauvoir era un monstruo!». Y ¿cómo? Con sus propios textos.

Arquetipo intelectual del feminismo contemporáneo y estandarte –más citado que leído– de la cultura woke en sus expresiones más beligerantes, Simone de Beauvoir no fue sólo una de las figuras más influyentes del siglo XX, sino también la precursora de una ideología que ha minado las bases de la familia y la identidad humana en todo Occidente.

Sus planteamientos permean hoy la política hasta el punto de inspirar leyes, y ha sido elevada a la categoría de mito cuasi totémico, lo mismo por activistas de pelo teñido que danzan en algaradas callejeras, que por catedráticos universitarios y profesores de instituto, por actrices de cine porno, por acaudalados promotores de la industria del aborto, o por proxenetas de despacho que abogan por legalizar la prostitución. Incluso el universo de siglas que se esconden en el movimiento LGTBIQ+ tiene en Beauvoir una bandera que levantar, aunque sea para enfrentarse dentro del propio «colectivo» como hoy ocurre entre las entidades feministas y las de transexuales.

Divorcio, ideología de género, promiscuidad, crisis del hogar y exaltación del aborto como pilar del feminismo de tercera generación encuentran en ella su origen más nítido

Y es que, aunque revolucionaria y contracultural en su época, la particularísima y más que discutible visión del mundo que tenía Simone de Beauvoir ha sido hoy adoptada por las élites progresistas, que dictan desde las instituciones, los medios y las redes qué se puede pensar, decir y creer en torno a la naturaleza del hombre y de la mujer. Divorcio, ideología de género, promiscuidad, crisis del hogar y exaltación del aborto como pilar del feminismo de tercera generación encuentran en ella su origen más nítido… y venenoso.

Rebelión contra la naturaleza

«No se nace mujer: se llega a serlo», escribió De Beauvoir en El segundo sexo (1949), su obra más célebre. «Ningún destino biológico, psíquico o económico define (…) a la hembra humana; es el conjunto de la civilización el que elabora ese producto intermedio entre el macho y el castrado al que se califica de femenino», añadía.

En esta frase se resume el germen de la ideología de género, sobre la que se apoyarían las inhumanas y perturbadoras investigaciones del doctor John Money: la idea de que la identidad sexual no es una realidad objetiva, ni biológica, sino una construcción cultural impuesta por la sociedad que puede ser alterada por la técnica quirúrgica.

Simone De Beauvoir en 1957, Paris

Simone De Beauvoir en 1957, ParisGTRES

La mujer no viene definida por la naturaleza, pero debe rebelarse contra ella, sostenía de forma un tanto contradictoria o esquizofrénica, para eliminar la diferenciación sexual. Y por ello, no se limitó a cuestionar la diferencia sexual: también atacó la institución que la encarna y la protege: la familia.

La cárcel del hogar y el hijo como parásito

Para Simone de Beauvoir, la familia no es un refugio, sino «una cárcel». En su visión, el matrimonio, la maternidad y la paternidad son cargas impuestas por un sistema que busca someter a la mujer. Por eso defendía que la liberación femenina debía pasar por la destrucción del modelo familiar natural.

En El segundo sexo, sentencia: «El hogar es un espacio donde la mujer se consume lentamente en su propia nada». Y va más lejos: «El embarazo es, sobre todo, un drama que se representa en el interior de la mujer; ella lo percibe a la vez como un enriquecimiento y una mutilación; el feto es una parte de su cuerpo y es también un parásito que la explota; ella lo posee y también es poseída por él; ese feto resume todo el porvenir, y, al llevarlo en su seno, la mujer se siente vasta como el mundo; pero esa misma riqueza la aniquila, tiene la impresión de no ser ya nada. Una existencia nueva va a manifestarse y a justificar su propia existencia, por lo cual se siente orgullosa; pero también se siente juguete de fuerzas oscuras, es zarandeada, violentada».

El embarazo es, sobre todo, un drama (...) El feto es una parte de su cuerpo y es también un parásito que la explotaSimone de BeauvoirEl segundo sexo

Desde entonces, el feminismo ha convertido esta tesis en dogma. Virginie Despentes, heredera natural de Beauvoir y actual exponente del feminismo más extremo, refuerza esta visión: «La familia nuclear es el lugar de la reproducción de la opresión», ha decretado esta escritora, cineasta, exprostituta, y excrítica de cine pornográfico.

El aborto «sin restricciones»

Y si el hogar y la cuna ya no son bienes a preservar, sino obstáculos a erradicar, la solución sólo puede pasar por el aumento del divorcio y el aborto.

La crisis de natalidad y el desplome de los vínculos afectivos entre padres e hijos son sólo daños colaterales que no parecen entrar en la ecuación para Beauvoir.

Simone De Beauvoir en 1978, Paris

Simone De Beauvoir en 1978, ParisGTRES

De hecho, para Simone de Beauvoir el aborto no era sólo una opción, sino el arma más potente para separar a la mujer de su identidad natural. En el Manifiesto de las 343, promovió el derecho al aborto «sin restricciones», declarando: «Recuperar nuestro propio cuerpo es una necesidad vital», y la defensa del no nacido es «un humanitarismo intransigente». Para ella, la maternidad debía ser una decisión siempre reversible, incluso cuando la vida ya había comenzado en el seno materno.

El aborto sin restricciones es una necesidad vital y [la defensa del no nacido] es un humanitarismo intransigenteSimone de BeauvoirManifiesto de las 343

Despentes, en Teoría King Kong, lo expresa con mayor crudeza: «El aborto es un derecho fundamental, una cuestión de supervivencia para la mujer». De la supervivencia de los niños y de las niñas que son abortadas en el seno materno, ninguna de las dos autoras tuvo a bien pronunciarse.

«Corruptora» promotora de la pedofilia

La singular visión de la sexualidad de Simone de Beauvoir promueve de forma meridiana la promiscuidad e incluso la pedofilia. Y no sólo en el plano teórico, sino también en la práctica. De hecho, en 1943 fue despedida como profesora por «corromper a una alumna», y reconoció haber establecido un sistema para seducir a alumnos y alumnas y pasárselos después a su pareja Jean-Paul Sartre.

Los escritores y filósofos franceses Simone de Beauvoir y Jean-Paul Sartre dan un paseo por la playa de Copacabana en Río

Simone de Beauvoir y Jean-Paul Sartre dan un paseo por la playa de Copacabana en RíoAFP

Y dio un paso más. En enero de 1977 firmó una carta dirigida a una Comisión para la revisión del Código Penal que defendía que «la completa libertad de los cónyuges en una relación sexual (ajena al matrimonio) es condición necesaria y suficiente para la legalidad de esta relación«. Y pedía «como mínimo, despenalizar» este delito (el abuso sexual a menores), y tener en cuenta fundamentalmente el consentimiento del menor».

Las restricciones [a la pederastia] deben ser derogadas (...) para reconocer el derecho de los niños y adolescentes a mantener relaciones sexuales con las personas de su elecciónSimone de BeauvoirCarta de 1977 dirigida a una Comisión para la revisión del Código Penal

El manifiesto suscrito por De Beauvoir afirmaba que «las disposiciones que pretenden 'proteger' a los niños y jóvenes, (…) y acusar de abuso de menores a quien 'promueve' o 'facilita' las relaciones sexuales entre menores, (…) son cada vez más incompatibles con la evolución de nuestra sociedad, justificando molestias y controles puramente policiales, y deben ser derogados, o profundamente modificados, para reconocer el derecho de los niños y adolescentes a mantener relaciones sexuales con las personas de su elección».

Sin un hogar, sin una descendencia

En coherencia con sus ideas, Simone de Beauvoir nunca se casó, ni tuvo hijos, aunque sí numerosos amantes de ambos sexos. Su relación con el célebre filósofo existencialista Jean-Paul Sartre fue el reflejo de su visión del amor: una conexión marcada por la frialdad intelectual y la promiscuidad.

Ambos mantuvieron lo que hoy se llamaría «una relación abierta», en la que ambos tenían amantes, a menudo compartidos. Algo que no extraña en una mujer que, con el sólo aval de su opinión personal, pontificaba que «toda mujer es homosexual por naturaleza».

De hecho, en Memorias de una joven formal, De Beauvoir reconocía que su ideal de vida era «sin ataduras domésticas», y que veía la maternidad, el matrimonio y la fidelidad como una forma de esclavitud: «El drama de la mujer ha sido siempre ser considerada como un ser relativo (...) jamás se le ha permitido definir por sí misma su existencia» a causa de la vida familiar.

Toda mujer es homosexual por naturalezaSimone de Beauvoir

En ese mismo libro, la autora exponía que fue criada en el seno de una familia católica, y que las relaciones con sus padres, muy especialmente con su madre, estuvieron tan heridas por una profunda incomunicación que la llevó a sentirse tan incomprendida y desatendida como para responder con un modus vivendi completamente opuesto.

Freud y la destrucción de la identidad

Pero sus malas experiencias familiares no explican por completo su pensamiento.

Un pensamiento que estuvo también fuertemente influido por Sigmund Freud, en su visión de la sexualidad como base del desarrollo de la identidad. Como cabía esperar, su relación con el psicoanálisis fue por necesidad ambigua: De Beauvoir valoraba su análisis de la infancia y la represión sexual, pero «tenía que rechazar» la evidencia de que la diferencia entre hombres y mujeres tuviera un fundamento biológico.

La escritora francesa Simone de Beauvoir y el filósofo francés Jean-Paul Sartre hablan con la prensa después de salir de la comisaría el 26 de junio de 1970

Simone de Beauvoir y Jean-Paul Sartre hablan con la prensa después de salir de la comisaría el 26 de junio de 1970AFP

Por cierto que, si Beauvoir renunció a tener hijos, Freud tuvo una relación desastrosa con los suyos: una de sus hijas murió joven, pero a su hijo Martin lo trató con tan terrible frialdad (sometiéndolo incluso a vejatorios experimentos), que no sería difícil calificarla de maltrato. Paradójicamente, Freud y Beauvoir teorizaron sobre la familia sin haber construido una que fuera sana.

Nihilismo marxista

Aunque había colaborado con Radio Vichy, un medio del gobierno francés colaboracionista con los nazis, acabada la Guerra se reconoció admiradora del socialismo soviético y de la URSS de Stalin.

Y no cabe duda de que De Beauvoir estuvo sumamente influida por el marxismo y el nihilismo, dos corrientes que marcaron tanto su pensamiento como su legado ideológico. Por su relación con Jean-Paul Sartre, máximo exponente del existencialismo ateo, sostenía que la moral occidental era un mero constructo social que debía ser derruido. Se inspiró en El ser y la nada de Sartre y en La mujer y el socialismo de Bebel para defender que el ser humano no tiene una naturaleza fija, sino que debe «construirse» libremente, a fin de que «ya no haya hombres y mujeres sino sólo trabajadores iguales entre sí». Algo que terminó por aplicar a la cuestión del género y la sexualidad.

Aunque trabajó para Radio Vichy, colaboracionista con los nazis, al acabar la guerra se declaró admiradora de Stalin

Su cercanía al marxismo se reflejó también en su traslación de la lucha de clases a la lucha entre sexos. En El segundo sexo, describió la historia de la humanidad como una eterna opresión del hombre sobre la mujer, siguiendo un esquema similar al materialismo dialéctico de Marx y Engels. Y si los marxistas veían en la propiedad privada el origen de la explotación económica, Beauvoir veía en la familia el núcleo de la opresión patriarcal.

De hecho, llegó a afirmar que «toda mujer que no trabaja se convierte en una parásita», animando a la mujer a abandonar el hogar, aun a riesgo de hacer el juego al capitalismo, que engrosaba más sus filas de productores, consumidores y contribuyentes.

La fractura de la civilización

Las ideas de Simone de Beauvoir no fueron meras especulaciones filosóficas. Fueron semillas de un proyecto cultural que hoy muestra sus frutos: la disolución del hogar, la confusión de las identidades y el desprecio por la vida. La guerra contra la familia no empezó en las últimas décadas: fue concebida en los salones intelectuales de París (y en las alcobas de perturbados abusadores de menores), donde se tejieron los argumentos que hoy sostienen las instituciones públicas de parte de Occidente.

Y si uno de los retos de nuestro tiempo es desmontar las falacias del feminismo radical y restaurar los fundamentos de una sociedad basada en la verdad, Simone de Beauvoir puede ser una inesperada aliada. Porque exponer a las claras tanto sus textos como su vida puede ser más que suficiente para demostrar que «la emperatriz» del feminismo, en su moral y en solidez humana… estaba desnuda.

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