El dramaturgo Carlos Arniches
El Instituto Cervantes deja de lado la ideología y hace justicia a Carlos Arniches en la Caja de las Letras
El legado de Carlos Arniches queda depositado en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes
El dramaturgo Carlos Arniches era alicantino, pero pocos autores supieron identifica, interiorizar y plasmar en su obra el madrileñismo castizo, chulesco y pícaro como él.
Carlos Arniches entra en la cámara acorazada del Instituto Cervantes, donde se custodia la Caja de las Letras, en cuya caja 1.507 quedará depositado su legado. Con su entrada en la Caja de las Letras, Arniches dignifica una institución que en los últimos años, con Luis García Montero al frente del Cervantes ha perdido lustro y su razón de ser: la de custodiar el legado de los más insignes representantes de las letras y la cultura española.
En la caja 1.507, por lo tanto, ha quedado depositado el manuscrito de la obra de teatro La señorita de Trévelez (obra por la que ha sido más reconocido Arniches), y la pluma con la que escribía el autor.
En el acto han intervenido Luis García Montero, la nieta del dramaturgo y también comediógrafo y periodista, Paloma Arniches, y el bisnieto del autor, Joseba Barrón Arniches, así como el presidente de la Fundación Mediterráneo, Luis Boyer, quien desde 1998 se encarga de custodiar su legado.
El legado de Carlos Arniches depositado en la Caja de las Letras
Carlos Arniches fue uno de los más destacados autores teatrales de la Generación del 98, así como una de las principales figuras teatrales españolas del siglo XX que encontró acomodo en la Generación del 27.
Además de La señorita de Trevélez, Arniches también es recordado por Los caciques, Don Quintín el amargao, El señor Adrián, el primo, El señor Badanas o El Padre Pitillo.
La obra de Arniches se caracteriza por la tragedia grotesca y el humor satírico, que abrieron paso al esperpento de Valle-Inclán o la astracanada de Pedro Muñoz Seca.
En su obra cultiva diferentes géneros teatrales como el sainete, la tragedia grotesca, la comedia o la zarzuela.
Arniches supo captar a las gentes del Madrid castizo, sus modos de hablar, sus vidas, su mentalidad, sus inquietudes.
En ese sentido, sus personajes construyen el arquetipo del madrileño chulo y castizo, con un lenguaje tomado del habla de la calle, de barrios como al Ribera de Curtidores, La Latina o Embajadores.
En ese sentido, su obra caricaturiza al majo, al señorito y al revolucionario; en definitiva, a los diferentes sectores sociales y a las diferentes familias políticas. Militante carlista, Arniches tuvo también una breve incursión en política, cuando fue diputado a Cortes en 1910, aunque no salió elegido diputado.